De un minuto a otro, la Inteligencia Artificial (también conocida como “la IA”) se apoderó de la agenda. Se trata de un fenómeno que avanza día a día de manera vertiginosa e insospechada.

“La IA” se presenta como una herramienta que promete cambiar nuestras vidas, tanto en tareas cotidianas como en otras muy sofisticadas. Algunos reprochan a otros que “pierden su tiempo” escribiendo discursos o relatos, haciendo videos o presentaciones, diseñando o fotografiando, componiendo música, etc. En efecto, hoy “la IA”, ofrece una variedad de posibilidades que inundan, como un diluvio, diversos ámbitos de nuestro quehacer. Parece que “la IA” todo lo puede.

Sumemos a ello el efecto multiplicador consistente en la disponibilidad de ésta en nuestros teléfonos móviles.

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¿Es todo esto tan maravilloso? Me gustaría compartir las siguientes preguntas que hace unos días me asaltaron -y, por cierto, me inquietaron- mientras observaba y escuchaba la presentación de una persona: ¿Quién nos estará hablando? ¿El orador -que opera un pasa diapositivas para mostrar una presentación en Power Point que explica con entusiasmo- o “la IA”, que tal vez hizo la presentación a partir de unas preguntas o instrucciones (“prompt”) más o menos certeras que le formuló el orador?

Y estas preguntas no son baladí, puesto que inmediatamente me llevaron a formular la siguiente interrogante: ¿La IA fue la herramienta que utilizó la persona o esta última fue la vía a través de la cual “la IA” generativa nos habló? Ya son múltiples las voces que alertan sobre los riesgos del uso de “la IA” en el ámbito cognitivo y del pensamiento crítico.

A estas alturas del relato, más de algún lector estará pensando que existe en el suscrito una resistencia a esta nueva tecnología y que ello es una reacción propia que muchas personas experimentan al enfrentarse a fenómenos de cambio; sobre todo, tan radicales y veloces como el que comentamos.

Algunos afirman que no debemos preocuparnos. Que cuando se masificó el uso de internet, la fórmula “cortar y pegar” iba a terminar con la escritura creativa, pero no fue así, que la evolución es consustancial a la humanidad, etc.

Que no se me entienda mal. Mi “posición” no es una “oposición” a esta tecnología, al menos no por ahora. Sino un llamado a no transformarnos en herramientas de “la IA”. Cuando escucho a alguien hablar, quiero saber lo que él piensa.

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Tal como lo señala el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, en uno de los pasajes dedicados a “la IA”: “Las ventajas en términos de eficiencia y las potencialidades de mejora de algunos servicios son evidentes; sin embargo, una adopción rápida y acrítica nos expone a diversos riesgos, […]”.

Recordando parte de aquella conocida canción de Álvaro Díaz, podríamos decir “la IA” me habló, me dijo cosas que no voy a repetir, sin antes discernir.

PD.: Este texto no fue escrito con IA.