Durante las últimas semanas, el problema del ruido excesivo generado por vehículos y motocicletas ha adquirido una merecida visibilidad pública. Sin embargo, esta discusión no debiera limitarse a considerarlo una mera molestia, una falta de respeto hacia los vecinos o un simple problema de convivencia urbana. Desde la perspectiva sanitaria, estamos frente a un verdadero desafío de salud pública que exige ser abordado con la máxima seriedad.

El tránsito vehicular constituye una de las principales fuentes de contaminación acústica en nuestras ciudades. De hecho, el propio Ministerio del Medio Ambiente reconoce al transporte terrestre como la fuente predominante de ruido urbano en Chile, afectando diariamente la vida de millones de personas.

La evidencia científica acumulada durante las últimas décadas demuestra que la exposición persistente al ruido provoca consecuencias que van mucho más allá del daño auditivo severo. Esta situación se asocia directamente con alteraciones del sueño, respuestas crónicas de estrés, hipertensión arterial y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Lee también...
La calle no es una pista de carreras Miércoles 19 Agosto, 2026 | 11:07

Asimismo, existen antecedentes sólidos sobre sus efectos en disfunciones cognitivas, dificultades de aprendizaje en etapas formativas y un paulatino deterioro del bienestar integral y de la salud mental de la población.

Los niños, los adultos mayores, las personas con enfermedades crónicas y quienes residen cerca de avenidas de alto tránsito figuran entre los grupos más vulnerables. En la infancia, el ruido nocturno interfiere severamente con el descanso y la recuperación física necesaria, mientras que la exposición constante en entornos educativos afecta de forma directa la capacidad de concentración y el rendimiento académico. Por estas razones, la Organización Mundial de la Salud recomienda reducir la exposición promedio al ruido del tránsito vial a niveles inferiores a los 53 dB Lden para proteger adecuadamente la salud comunitaria.

En nuestro país existe una oportunidad concreta y urgente para avanzar. A fines de 2025, los ministerios del Medio Ambiente y de Transportes y Telecomunicaciones iniciaron la revisión de la norma de emisión de ruido para vehículos automotores, poniendo especial énfasis en las motocicletas en circulación y en la necesidad de perfeccionar los mecanismos de control.

Por esto, la respuesta institucional no puede depender exclusivamente de sancionar conductas aisladas o exabruptos individuales. Se requiere fortalecer decisivamente la fiscalización en las calles y en las plantas de revisión técnica, controlar las modificaciones ilegales en los sistemas de escape, incorporar mediciones objetivas técnicamente estandarizadas y, fundamentalmente, promover la educación ciudadana respecto del impacto sanitario real del ruido.

Debemos comprender que el derecho a desplazarse por la ciudad no otorga la facultad de contaminar acústicamente el espacio común. Así como hemos aprendido a reconocer los graves efectos de la contaminación atmosférica sobre nuestro organismo, resulta indispensable incorporar el ruido ambiental bajo la misma perspectiva preventiva. Una ciudad menos ruidosa no solo representa un entorno más amable, sino, fundamentalmente, una comunidad mucho más saludable para todos.

Dr. Luis Jaime Gaete
Vicedecano Facultad de Salud
Universidad Autónoma de Chile

Mg. Esteban Valenzuela Vásquez
Director Carrera de Fonoaudiología
Universidad Autónoma de Chile

Nuestra sección de OPINIÓN es un espacio abierto, por lo que el contenido vertido en esta columna es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de BioBioChile