La modernización de Carabineros no solo debe considerar nuevas normas y mejores condiciones institucionales. También debe escuchar a quienes viven diariamente la realidad del servicio policial.
Las grandes instituciones no solo se fortalecen con más recursos, nuevas leyes o mejores remuneraciones. También se fortalecen cuando quienes las conducen tienen la capacidad de escuchar a quienes las sostienen todos los días.
El presidente José Antonio Kast ha planteado una reforma orientada a fortalecer y modernizar la carrera de Carabineros de Chile, con el objetivo de entregar mayor respaldo a una institución fundamental para la seguridad pública del país. Mejorar sus condiciones de servicio, fortalecer su desarrollo profesional y reconocer la labor de quienes tienen la misión de proteger a los chilenos constituye un desafío que merece ser abordado con seriedad.
Pero toda gran reforma puede ser aún mejor si incorpora una condición esencial: escuchar.
Durante mi recorrido por Chile como precandidato presidencial, en la búsqueda de los patrocinios ciudadanos que exige nuestra legislación, tuve la oportunidad de estrechar aún más mi relación con la familia de Carabineros de Chile, una institución por la que siempre he sentido y sentiré respeto, admiración y gratitud.
A partir de esa cercanía he podido conocer inquietudes que aparecen de manera recurrente cuando se habla del presente y del futuro institucional. No me corresponde afirmar que cada una de ellas refleje necesariamente la realidad completa de Carabineros de Chile ni sostener que todas deban traducirse en reformas. Pero cuando determinadas preocupaciones surgen reiteradamente desde distintos lugares del país, el deber de un gobernante no es ignorarlas, sino asegurarse de que sean escuchadas.
Algunas de esas inquietudes apuntan al reconocimiento del mérito y de la experiencia dentro de la carrera funcionaria. Otras plantean la conveniencia de revisar aspectos relacionados con las remuneraciones, los incentivos, el bienestar institucional, las prestaciones de salud o los mecanismos de desarrollo profesional. También existen voces que invitan a abrir una reflexión sobre la estructura de la carrera institucional y los modelos de formación.
No todas esas ideas serán necesariamente las correctas ni todas deberán transformarse en políticas públicas. Pero ninguna institución se fortalece dejando de escuchar a quienes forman parte de ella.
Porque el personal operativo de Carabineros conoce una realidad que difícilmente puede apreciarse en toda su dimensión desde una oficina. Son ellos quienes llegan primero cuando una familia pide ayuda. Quienes enfrentan la delincuencia en un procedimiento. Quienes patrullan nuestras calles de día y de noche. Quienes recorren el país en un carro policial. Quienes auxilian a una víctima, contienen una emergencia o permanecen largas horas de servicio para resguardar la seguridad de los demás.
Para millones de chilenos, ese carabinero representa mucho más que un uniforme. Representa la presencia más cercana, más visible y humana del Estado.
Por eso quisiera formular una propuesta al Presidente de la República:
Presidente Kast, además de escuchar al alto mando institucional, escuche también al carabinero de calle. Genere instancias permanentes de diálogo con representantes del personal operativo provenientes de todas las regiones del país. Escuche a cabos, sargentos, suboficiales y a quienes diariamente cumplen funciones en terreno. Pregúnteles qué funciona, qué podría mejorar y cuáles son, desde su experiencia, los desafíos que enfrenta hoy Carabineros de Chile.
No para reemplazar la cadena de mando, no para debilitar la autoridad. Todo lo contrario, para fortalecerla.
Porque las instituciones más sólidas no son aquellas donde solo hablan quienes ejercen el mando. Son aquellas donde el liderazgo tiene la humildad y la inteligencia de escuchar también a quienes sostienen diariamente la institución con su vocación de servicio.
Cuando un ciudadano marca el 133, no espera que llegue un ministerio, no espera que llegue una oficina pública; espera que llegue un carabinero. Ese hombre o esa mujer representa, para millones de chilenos, la expresión más genuina de la presencia del Estado.
Escucharlos no es un gesto de buena voluntad. Es una responsabilidad de todo gobierno que aspire a fortalecer a Carabineros de Chile, mejorar la seguridad pública y construir un Estado más cercano a las personas.
Porque las mejores políticas de seguridad no nacen únicamente en un escritorio. Nacen también cuando el Estado tiene la capacidad de escuchar a quienes, cada día, patrullan nuestras calles, enfrentan la delincuencia, protegen a nuestras familias y cargan sobre sus hombros una de las responsabilidades más nobles que puede asumir un servidor público: cuidar la vida y la tranquilidad de los chilenos.
Por todo ello, una vez más presidente Kast, reúnase con nuestros carabineros de calle, escúchelos, tienen mucho que aportar.
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