“No venimos a improvisar”. Esa fue una de las frases con que José Antonio Kast prometió mejorar la calidad de vida de los chilenos y chilenas. La idea era clara: un gobierno preparado, con equipos definidos y listo para gobernar desde el primer día. Sin embargo, a menos de cinco meses de asumir, 39 autoridades han dejado sus cargos.
La pregunta ya no es por qué renuncian, sino si realmente el Gobierno estaba preparado para gobernar o solo vino a improvisar. Porque el problema no es de cifras, sino que las salidas apuntan a un patrón en común: la incapacidad e inexperiencia de un Gobierno para elegir a personas idóneas para liderar Chile.
El caso más emblemático es el de las exministras Mara Sedini y Trinidad Steinert: mientras la primera mostró una evidente falta de preparación para asumir un cargo de esa envergadura, la segunda fue removida tras una serie de controversias y una actuación que le valió incluso un duro dictamen por parte de la Contraloría.
Un exsubsecretario con un test de drogas positivo, un exseremi con denuncias por maltrato y acoso laboral; y otro exseremi detenido por posible delito sexual.
El sociólogo alemán Max Weber, en su libro La política como vocación, sostenía que gobernar exige una profunda ética de la responsabilidad: no basta con las convicciones o las promesas; los gobernantes deben hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones. Y una de las primeras decisiones de cualquier administración es precisamente la conformación de sus equipos.
Gobernar no es una campaña permanente ni una sucesión de frases efectistas. Gobernar exige preparación, criterio para conformar equipos y una hoja de ruta clara. Cuando una autoridad deja el cargo cada cuatro días, cuando las renuncias responden a investigaciones, cuestionamientos o errores en los nombramientos, el problema deja de ser la rotación y pasa a ser la capacidad de conducción del Gobierno.
Así, lo que estamos asistiendo es el reflejo de una administración que llegó sin la preparación suficiente y que hoy se desangra por la falta de planificación con la que comenzó su mandato.
Gobernar nunca ha sido una tarea sencilla. Requiere preparación, experiencia y oficio. Una campaña electoral, por exitosa que sea, no garantiza que tendrán la capacidad de conducir el Estado ni de conformar equipos sólidos, y este Gobierno lo ha dejado más que en evidencia.
José Antonio Kast prometió un Gobierno preparado para actuar desde el día uno, especialmente en seguridad y economía. Sin embargo, la realidad ha demostrado que no basta con tener eslóganes bonitos, ni grandes títulos, si no se conoce cómo funciona el aparato del Estado.
En pocos meses, el Gobierno demostró que solo venía a improvisar, cuando en tan solo 69 días sacó de su cargo a la ministra de Seguridad y reemplazó a decenas de autoridades regionales. Gobernar exige mucho más que buenas promesas: exige planificación, liderazgo y equipos capaces de sostener la gestión del Estado.
Y si bien el Presidente advirtió desde el primer día que “las autoridades están para servir a los chilenos; el que no cumpla, se va”, el problema no es esa definición: el problema es que cuando las salidas dejan de ser excepcionales y se convierten en una constante, el debate ya no es sobre quienes se fueron, sino sobre quién los eligió y bajo qué criterios.
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