El sistema político en Chile está roto.
La última década ha sido probablemente una de las más turbulentas en la historia política de nuestro país y esto no es casualidad. Desde que entraron en vigencia las reformas presentadas y aprobadas en el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet, la política chilena se fragmentó, se enrareció y perdió su capacidad de entenderse.
Hoy vivimos una polarización extrema en vez de un debate constructivo, el desprecio por la idea del adversario en vez de diálogo, y una política de nicho con partidos dedicados más a contentar a fanáticos en redes sociales que a buscar mayorías que permitan devolverle seguridades a nuestro país.
Chile no crece con micro partidos y eso está demostrado. En los 90 y principios de los 2000 tuvimos muchas veces discrepancias, pero también logramos consensos en temas muy relevantes, donde quienes tenían responsabilidades políticas -de uno y otro lado- se sentaron a buscar y alcanzar acuerdos sin dejarse amedrentar por grupos de presión o por las nacientes redes sociales. Esa es la política que dio estabilidad, crecimiento y permitió bajar la pobreza en tasas históricas a nivel internacional.
Nuestro país no aguanta otro período parlamentario donde la aprobación de una ley quede en manos de uno o dos diputados que negocian para su nicho, no para el bien común. No aguanta más de parlamentarios que saltan de partido en partido según la conveniencia electoral del momento. No aguanta más que las decisiones finales se tomen entre un grupo reducido de personas en base a intereses personales o electorales, mientras la mayoría silenciosa queda fuera de la discusión política.
La gente pide orden, diálogo y acuerdos. Y para eso, aunque sea impopular, se necesitan partidos fuertes, que tengan real vocación de representar a grandes mayorías y no pequeños partidos que se transformen en bisagras y que se muevan por la conveniencia del momento.
Un ejemplo doloroso, en la Cámara de Diputados el transfuguismo de parlamentarios aumentó en 7 veces si lo comparamos con el año 1990, o que en el último periodo, el 24% de los diputados militantes se cambiaron o renunciaron a sus respectivos partidos políticos. Pero lo que se viene no es mejor. En la Cámara de Diputados actual, de los 16 partidos políticos representados, el 37,5% de las colectividades tienen tres o menos diputados electos.
Desde la UDI creemos que es urgente cambiar la Ley de Partidos Políticos y proponemos dos medidas simples y de sentido común.
En primer lugar, el umbral de existencia debe ser mínimo el 5% de votación nacional o contar con 4 parlamentarios electos en la última elección. Como segundo aspecto, reducir el número de colectividades para fortalecer a los partidos mayoritarios que son los únicos capaces de negociar, conversar y llegar a acuerdos país.
Lo que pedimos no es nuevo, en Alemania el umbral es de 5% para entrar al Bundestag y su resultado es de 6 a 8 partidos, con un Gobierno estable y acuerdos posibles. Mientras, en España, se requiere el 3% por circunscripción para escaños.
La lección es clara: los umbrales ordenan, no matan la democracia y la protegen de la dispersión, por eso es urgente reformar el sistema de partidos políticos para reducir la fragmentación, establecer umbrales mínimos de representación y recuperar los grandes consensos que permitieron el crecimiento del país.
Pedimos al Gobierno discusión inmediata de la ley de partidos políticos para mejorar el diálogo, los acuerdos y evitar que decisiones clave dependan de pequeños grupos o intereses particulares. Necesitamos reglas claras y partidos fuertes para avanzar, Chile merece más y el momento de hacerlo es ahora.
Una vez que avancemos en esto, tenemos que ser capaces de dar un debate serio y responsable sobre el sistema electoral. La promesa de mejor representación popular en la que se basó el cambio al sistema electoral del 2015 demostró, tal como lo advertimos, ser falso. La llegada al parlamento de representantes electos con escasa votación y la fragmentación excesiva del sistema político requieren con urgencia repensar nuestro sistema.
Reducir el tamaño de los distritos, disminuir el número de parlamentarios y que la llegada al parlamento se base en la cantidad de votos más que en la estrategia de pactos. Esto debe volver a ser analizado en profundidad.
Volvamos a pensar a Chile en grande.
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