Hace dos semanas la ministra de Salud, May Chomalí, presentó su Cuenta Pública Participativa 2026 desde el Hospital San Juan de Dios, con un relato cuidado de cifras, videos y testimonios. Pero desde la Confederación Fenats Nacional no podemos dejar pasar lo que esa cuenta pública no dijo, porque el silencio también es una forma de gestión.
Buena parte de lo exhibido como logro de este período —la eliminación de la lepra certificada por la OMS, las coberturas de vacunación contra el virus respiratorio, el crecimiento de la dotación de los servicios de salud desde 2018— es resultado de procesos que vienen de administraciones anteriores y del trabajo acumulado, muchas veces invisibilizado, de generaciones de funcionarias y funcionarios. Presentarlos como cosecha propia no es un detalle menor: es una forma de esconder que esta gestión no tiene una propuesta propia frente al problema más urgente del sector, la precarización laboral en la que trabajamos día a día.
Sobre eso, silencio. Nada se dijo de la sobrecarga de funciones, de los contratos que se arrastran año tras año, de las plantas insuficientes, de los turnos extendidos sin resguardo. Se habla de “cuidar a quienes cuidan” -un mal parafraseo del eslogan de nuestra Confederación- y se muestran cámaras y botones de pánico, medidas necesarias pero insuficientes, que no responden la pregunta de fondo: ¿en qué condiciones laborales se sostiene hoy la salud pública de Chile?
Tampoco hubo autocrítica frente a un diagnóstico que la propia ministra expuso con tranquilidad: una deuda flotante que superó los 240 mil millones de pesos al cierre de 2025, una deuda de arrastre de 565 mil millones, un sobregasto de 2,7 billones ese mismo año y una proyección de sobregasto para 2026 de 2,5 billones, equivalente al 14,7% del presupuesto vigente. Más de 82 mil garantías GES retrasadas. Esas cifras no son un accidente: son el resultado de decisiones políticas, y ninguna palabra se dijo sobre la responsabilidad de esta administración en ellas, ni sobre lo que ya estamos viviendo en los hospitales del país, muchos de los cuales operan hoy al límite de sus recursos.
Para Fenats Nacional esa falta de autocrítica no es casualidad. Responde al sometimiento de la gestión sanitaria al horizonte fiscal impuesto por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y avalado por el presidente Kast. No estamos hablando de cifras abstractas: estamos hablando de menos medicamentos, menos insumos, menos reemplazos y menos capacidad de respuesta para más de 15 millones de personas que dependen exclusivamente del sistema público.
Y lo que viene es todavía más duro. El próximo debate presupuestario 2027 se perfila con nuevos recortes que amenazan con limitar aún más las herramientas, el personal y los recursos disponibles para garantizar una atención digna. Lo hemos dicho antes y lo repetimos: cuando el Estado deja de invertir en sus hospitales, no se trata solo de ordenar las cuentas fiscales. Se construye el escenario perfecto para empujar la privatización de la salud, trasladando a los chilenos y chilenas la responsabilidad de pagar por una atención que el Estado debería garantizar.
La ministra Chomalí puede seguir presentando cuentas públicas con relatos cuidados. Pero mientras no haya una propuesta real frente a la precarización laboral, mientras no haya autocrítica sobre las decisiones tomadas, y mientras el Ministerio de Salud siga siendo vocero de los recortes de Hacienda en lugar de defender a la salud pública frente a ellos, el sistema seguirá retrocediendo. Los trabajadores y trabajadoras de la salud no vamos a guardar silencio.
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