El Estado no funciona con improvisaciones ni sobrecargando funcionarios hasta volverlos incapaces de responder adecuadamente.
Las recientes salidas de ministras del gabinete son la demostración más evidente de que muchas de las autoridades que llegaron a La Moneda nunca entendieron realmente lo que significa gobernar un país. No dieron el ancho o, peor aún, jamás comprendieron la magnitud de la responsabilidad que tenían sobre sus hombros.
Gobernar Chile no es comentar la contingencia desde un panel de televisión ni improvisar decisiones mientras el país entero espera respuestas.
La salida de la ministra de Seguridad deja una señal gravísima: el gobierno nunca tuvo un plan claro para enfrentar la delincuencia ni el crimen organizado. El ministerio caminaba y hablaba a los tumbos, reaccionando tarde.
Cuando un gobierno pierde el control de la seguridad, pierde también la confianza de las personas y la capacidad de transmitir tranquilidad al país. ¿Dónde quedó el plan “implacable”?, parece que solo en la imaginación de Kast.
Pero el problema no termina allí. También quedó demostrado que ser vocera de gobierno no consiste únicamente en aparecer en televisión o responder preguntas en un matinal. La vocería es conducción política, coordinación, orden interno y capacidad de comunicar certezas en momentos complejos. Y aquello tampoco estuvo presente.
El presidente Kast, además, parece no entender que el Estado no funciona como un experimento administrativo donde se mezclan cargos y responsabilidades para intentar ahorrar espacio político. Este verdadero puré de ministerios o biministros está demostrando ser un fracaso. Porque cada cartera tiene una función específica y crítica para el funcionamiento del país.
¿Cómo es posible que hoy tengamos biministros en áreas tan sensibles y enormes como el Ministerio de Obras Públicas y Transportes? ¿Cómo puede existir un ministro del Interior que además deba ejercer funciones de vocería, si ya lo hace mal como ministro del Interior y se le agregan más funciones?, para qué vamos a hablar de Economía y Minería.
El Estado no funciona con improvisaciones ni sobrecargando funcionarios hasta volverlos incapaces de responder adecuadamente. Chile necesita ministros dedicados plenamente a sus tareas, porque detrás de cada ministerio existen hospitales funcionando, carreteras operando, sistemas de transporte moviendo trabajadores, políticas públicas coordinándose y, finalmente, personas esperando soluciones reales.
Y aquí aparece otra señal preocupante: pareciera que el Presidente ya no tiene más nombres para conducir el país que los mismos de siempre. Chile no puede transformarse en un juego de sillas musicales donde los cargos se cambian entre las mismas personas mientras la crisis sigue avanzando.
Presidente, ordenar el país comienza por ordenar su propio corral. Ordene sus ministerios, defina responsabilidades claras y entienda de una vez que gobernar no es administrar una planilla Excel ni repartir cargos como parches políticos. Gobernar exige liderazgo, preparación y equipos capaces de enfrentar crisis reales.
Esto es una señal más de que el gobierno liderado por José Kast perdió el control del país.
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