Chile llegará a una encrucijada: si conformarse con exportar minerales estratégicos o transformarlos en capacidades estratégicas.

Las tierras raras y los minerales críticos ya dejaron de ser un debate limitado al sector minero: hoy son un factor de poder militar. En un marco internacional competitivo y ante una eventual nueva Revolución de los Asuntos Militares, estos “metales de la guerra” han pasado a ocupar un lugar central en la seguridad nacional.

Así se ha iniciado una carrera por reservas estratégicas y el fortalecimiento de capacidades industriales. Para Chile, la pregunta ya no es minera, sino estratégica, inclusive militar: cómo transformar estos recursos en una ventaja para la defensa nacional.

Centros de estudio civiles y militares han avanzado en su análisis geopolítico, mientras el Congreso Nacional ha iniciado algunos debates, aunque aún iniciales.

Son 17 elementos químicos los que componen las tierras raras para desarrollar sistemas y plataformas avanzadas, siendo especialmente críticos el disprosio, itrio, terbio, neodimio y el samario. Aunque existen sustitutos y reciclaje, su criticidad viene dada porque son el centro de gravedad de la superioridad militar multidominio en cadenas de valor concentradas. Es decir, son materiales esenciales para el funcionamiento de plataformas no tripuladas, guerra electrónica y armamento de alta precisión, entregando mayor eficiencia, letalidad y disuasión.

Para entender su importancia, basten algunos ejemplos prácticos. Los cazas F/A 18, aparentemente empleados en la operación Resolución Absoluta, dependen de imanes de neodimio – hierro – boro en sus sistemas de radar y motor. Lo mismo ocurre con los sistemas de propulsión de los destructores clase Arleigh Burke empleados en el Estrecho de Ormuz, con los misiles Patriot, la Munición de Ataque Directo Conjunto (JDAM) transferidos a Ucrania y diversos UAV como el MQ – 9 Reaper diseñado para misiones de ISR, el Gray Eagle y el MQ – H Triton. Las tierras raras son multiplicadores de fuerza militar permitiendo brindar superioridad operacional.

El desafío estratégico para Chile no es únicamente potenciar su exportación, sino desarrollar un ecosistema industrial y de innovación orientado a capacidades estratégicas a partir de la presencia de tierras raras en su territorio.

Se identificaron 13 minerales críticos presentes en Chile, con diferentes niveles de desarrollo industrial, uno de los cuales son las tierras raras. Se han encontrado rastros en la cuenca del río Lauca, en el cerro Colorado y en Penco, principalmente de disprosio y terbio. En los relaves en Atacama existiría cerio y neodimio. Este potencial permitiría procesar una de las aleaciones más empleadas en tecnología militar avanzada, los imanes de neodimio – hierro – boro (presentes en Chile) lo que implicaría avanzar en la cadena de valor.

Sin embargo, para explotar dicho potencial se requieren tres condiciones. Una voluntad política con visión estratégica, aprovechar la experiencia minería acumulada para crear las capacidades industriales necesarias, y potenciar un ecosistema de investigación e innovación de naturaleza dual. Esto mejoraría la certeza de las cadenas de suministro y la autonomía logística en áreas sensibles.

Pensemos en la modernización de nuestra flota acorazada de Leopard 2A4 desarrollado por FAMAE y ASELSAN que integra el sistema electro – óptico ATS – 65D turco, cuyos componentes probablemente ocupan compuestos de tierras raras como el neodimio (presente en Chile), itrio, samario, europio y terbio. O también sobre el empleo intensivo de enjambres de drones en la actualidad, en donde la eficiencia de plataformas tradicionales como el LAR – 160 sería casi nula, pues su objetivo es la saturación terrestre y no neutralizar este tipo de amenazas.

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El asunto no es que Chile deba producir sistemas avanzados con sus tierras raras, sino desarrollar componentes con algún grado de complejidad como sensores o aleaciones que sean integrados a nuestros medios o permitan generar contramedidas para nuevas amenazas.

Pero nuevamente, sin un ecosistema en lógica de triple hélice en donde converja el desarrollo industrial y una arquitectura de innovación orientado a capacidades estratégicas no se podrá alcanzar un grado significativo de producción de componentes duales. Los expertos lo dirán, pero podría pensarse en clusters mineros enfocados a extracción y procesamiento, articulados con investigación y desarrollo en universidades regionales, en el CIITEC del Ejército y en el CITA de la Armada, con participación de FAMAE, ASMAR, ENAER y sus filiales.

Chile llegará a una encrucijada: si conformarse con exportar minerales estratégicos o transformarlos en capacidades estratégicas. Esa decisión puede hacer la diferencia entre construir una base industrial y de innovación que tribute a nuestra seguridad nacional, o dejarla al arbitrio de las circunstancias.