Asistimos a la violencia de una barbarie que no comprende el juego, tosquedad que avanza y que ya está al borde del tablero.

Escribo este artículo en mi calidad de autor de la novela de ajedrez Zugzwang (Velásquez ajedrecista), otrora visitante del Club de Ajedrez Chile, jugador de torneos, amigo de varios maestros y grandes maestros del ajedrez chileno. Es decir, algo conozco el ambiente, las ideas que ahí circulan, el lenguaje del juego y el quid del mismo.

Untold: Chess Mates (2026), traducido en Netflix como Al descubierto: Jaque al rey, es un documental, en mi opinión, sobre la llegada al ajedrez de la vulgaridad mediática y financiera en gran escala.

El ajedrez figura un momento conservador (describámoslo así provisoriamente), y, como tal, hoy blanco de múltiples fuerzas que lo asedian dado lo intolerable de su pasividad, una práctica calma que no va con estos tiempos de exhibicionismo forzado. Asistimos a la violencia de una barbarie que no comprende el juego, tosquedad que avanza y que ya está al borde del tablero.

El ajedrez es uno de los últimos reductos de silencio, reflexión, modales, acatamiento absoluto a las reglas, orden y secuencia de aparición de un “algo” (la movida) en su doble condición de asomo material y de una idea articulada que no se muestra del todo.

El director Thomas Tancred encontró su Macbeth shakespeariano en Hans Niemann, el impostor ambicioso sacado de la olla de streamers sedientos de que algo pase en sus brillosas cuevas online; como en el ajedrez “no pasa nada” el desquicio es total porque pase, para animar el día. Niemann, aupado por Chess.com, una plataforma en línea que incrementó exponencialmente los suscriptores durante la pandemia de coronavirus, fue el señuelo llamativo para atraer la atención e incrementar las ganancias.

Gritos destemplados de Niemann mientras jugaba como “¡chúpame las bolas!”, “¡estoy harto de ti!”, “¡eres mío!”, “¡soy el mejor!”, “¡te ganaré!”, representaban lo movido y atractivo que podía ser el juego para estos cortes de edad obligados maníacamente a avivar cualquier cosa. Niemann jugaba, eso sí, en el microclima de una plataforma y ahí se las dio de campeoncito…

Efectivamente ganó innumerables partidas en medio de estos parajugadores y artificialmente se comenzó a crear una figura de élite que nunca fue. Lo que marcara su puntaje ahí, sólo se trataba de una contabilidad interna de lo que no dejaba de ser un reducto (Chess.com) o mundo paralelo a la realidad, y que no incidía en el ELO oficial de la FIDE. Pero probar que se es un jugador de élite o un buen jugador es otra cosa. Con todo, el objetivo se había logrado: los suscriptores aumentaron exponencialmente y Niemann ya era “alguien”.

El documental, de manera perniciosa, exhibe el momento de una inversión: en el afuera del tablero ocurre lo crocante, espectacular, animado; y el adentro se exhibe vacío, frío y tedioso, cuando es todo lo contrario.

No hay una sola referencia a lo medular del juego, la extraordinaria creatividad y desafíos de ingenio y reflexión del mismo. Las novedades teóricas, las posiciones, los sistemas de juego y su constante avance, que es lo verdaderamente adictivo y lo que realmente se mueve. Porque es dentro de esas reglas y marco del juego, en ese tablero cuadriculado, que se desenvuelve la creatividad humana rozando lo infinito del juego. Si alguien quiere cifras estratosféricas sobre el árbol de juego puede buscar lo que se llama “número Shannon” y se dará cuenta de qué hablamos.

Tratando de enfundarse en lo prestigioso del ajedrez, aparece un segundo Macbeth, el estafador Sam Bankman-Fried, auspiciando la FTX Crypto Cup, en Miami, y declara: “El ajedrez es un juego abierto a todo el mundo, al igual que la tecnología blockchain, que ofrece oportunidades a todos, desde las grandes instituciones hasta las personas sin acceso a servicios bancarios. Será fascinante ver cómo los jugadores siguen innovando, como siempre nos esforzamos por hacerlo en FTX, e impulsan el juego durante la Crypto Cup”.

Es decir, arrastraba al ajedrez a la velocidad descontrolada de las finanzas, armaba una analogía fraudulenta para bobos, y lo usaba como pantalla para sus negocios sin reglas ni comportamientos debidos de ninguna especie.

No entraré en el detalle de lo que me parece la connivencia de Carlsen para también legitimar a este Niemann que participó, dada su creciente popularidad y “prestigio”, en este torneo con jugadores de la verdadera élite. Sin el check de Carlsen no sé cómo se habría sentado allí. Y es muy extraño que lo siga exhibiendo en este documental, a no ser por el simple argumento del dinero.

Pasado el tiempo, se descubre que en la plataforma que lo había promocionado –Chess.com–, Niemann había hecho trampa, engañando a los propios usuarios, la confianza pública y a la plataforma. Se le cierra la cuenta y Niemann vuelve a sus noches y brumas de Thane de Cawdor en Escocia.

Niemann, en un torneo posterior, le gana una partida a Carlsen y Carlsen se retira porque sospecha. Entre paréntesis: Niemann aparece como el genio que le ganó una partida a Carlsen cuando eso puede suceder en cualquier momento y no prueba nada. Sólo que hubo un buen momento para uno, y uno malo para otro. Cierre de paréntesis. Lo grotesco es que se habla de unas ¡bolas anales! que habría usado Niemann para recibir señales de alguna especie ligadas a los movimientos. Hasta aquí llego. La trama sigue en el documental.

El ajedrez siempre ha estado ligado íntimamente a la historia y los hechos sociales, es su expresión; es decir, ha habido una lectura sobre el juego dada por la época. Es así que la famosa y trillada sentencia de que “los peones son el alma del ajedrez”, emitida por Philidor, se da en el contexto de la Revolución Francesa, y nace asociada al ciudadano de a pie, al último de la fila, al hombre común y corriente, quien sería a partir de ahora la pieza fundamental del juego y la sociedad.

Se desarrolla, en cierto punto, toda una teoría de la estructura de peones quienes son los que verdaderamente ganan o pierden una partida. No sería privativamente el poder de la dama o las torres u otras piezas más vistosas las que deciden el resultado por maniobras espectaculares o de mera fuerza. Del posicionamiento de los peones en el tablero dependería el triunfo, la derrota o las tablas. Es decir, superestructura / infraestructura.

El documental sigue con decenas de detalles de esta mirada light del director. Uno solo: se dice que hay un torneo en Italia, pero se muestra al Papa en el balcón de un estado distinto que se llama Vaticano, eso no es Italia. Claro, es más atractivo icónicamente el Papa que Sergio Mattarella presidente de Italia.

Como el ajedrez es su tiempo histórico, el reflejo de las fuerzas que disputan, hay una proliferación hoy observable en todo ámbito de estos Macbeth-Niemann: gente a gritos, histéricos, en la emisión de refunfuños por discurso, pataletas ante la realidad que se les opone, dispuestos a malversar cualquier contenido, violentos si es necesario. Y esto en todos los niveles.

Un exponente ejemplar de este modo de operar es Donald Trump, que ha caído en lo que el ajedrez denomina “sobreextensión” (ver partida Letelier-Fischer al respecto), un avance desmedido y sin respaldo en el campo del adversario sin las prevenciones del caso; parece que se tiene dominio, pero hay un punto que golpeado echa abajo toda la estantería, y se pierde.

Lee también...
Ezra Pound en el Estrecho de Ormuz Miércoles 08 Abril, 2026 | 12:11

Otro tanto sucede con parte de la izquierda chilena, que sometida a la tensión del extremo, se estaría derechizando. Derechizarse sería, en este caso, caer en algunas de las descripciones de Roland Barthes expuestas en ese libro clave: Mitologías. Es decir, sustitución de la historia por una especie de fantasía mitómana, por una naturaleza que la desmiente; una mera habla, fragmentaria y animada de sí misma, depredadora de los contenidos verificables y sustentados de un discurso; atribuciones débiles y ocasionales a coyunturas de mayor densidad; refugio en la eternidad (lo siempre aplazado de su discurso) para evadir la contingencia, etc.

Por tanto, esta derechización supondría el abandono de lo que fue su característica histórica: análisis de coyuntura, reflexión, acciones vinculadas a un plan estratégico, sentido de realidad. Si por el contrario, el diseño es la golpiza de ministras/os (caso Lincolao), molotovear liceos y colegios, programas políticos sin filtro, crispar la calle hasta el humo y la destrucción, es esta una lamentable contribución al adversario que solo presagia un continuo padecimiento de jaques o el jaque mate final.