El Holocausto es un hecho histórico único. Es el mayor crimen perpetrado en la historia de la humanidad y cuyas características no son comparables. Toda acción tiene consecuencias y esto es lo que el juicio dejó establecido.

En una columna reciente escrita por el Sr. Jaime Hales, en relación con la película Nuremberg, este hace un análisis de esta y extrapola, varios antecedentes notoriamente tergiversados de la realidad histórica. Trata de convencernos de que lo que realmente ocurrió en los juicios de Nuremberg fue una maniobra orquestada por el capitalismo norteamericano y los judíos. Nada nuevo en la retórica odiadora de los antisemitas y antiliberales.

Lo que ocurre con los juicios de Nuremberg es la terminación jurídica de un régimen genocida. No solo se buscó condenar a los responsables de actos criminales, también se creó un precedente jurídico y moral respecto a las conductas de regímenes y dictadores en relación con sus acciones.

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Hoy algunos, por conveniencia ideológica y económica, relativizan el Holocausto y hacen comparaciones infames con hechos que son narrativas construidas para respaldar falacias.

El Holocausto es un hecho histórico único. Es el mayor crimen perpetrado en la historia de la humanidad y cuyas características no son comparables. Toda acción tiene consecuencias y esto es lo que el juicio dejó establecido. La ideología proporciona racionalidad para actos irracionales.

Es cierto, no solo judíos murieron por las acciones de los Nazis. También gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, religiosos católicos y protestantes, y opositores políticos. La diferencia en esta tragedia es que a los judíos se les quería exterminar del planeta y eso es lo que hace que el Holocausto sea una tragedia.

Hales, de manera sutil, manifiesta que las instituciones internacionales para expiar su pecado, respecto al Holocausto, “regalaron” la mitad de un país para que se establecieran el Estado de Israel. Hales lo sabe, pero lo omite. El único Estado que existió en ese territorio fue el reino de David, rey de los judíos. Si se busca en la literatura histórica y científica se verá lo evidente.

El primer pueblo organizado bajo un gobierno fue el pueblo judío. Fronteras, economía, ejercito, leyes y su capital Jerusalén. Nunca ha existido un Estado Palestino, el territorio en cuestión, una vez que parte de los judíos fueran expulsados por los romanos, siempre fue un territorio bajo dominio de algún imperio. Siempre fue considerado una provincia imperial, nunca un Estado.

El anhelo de retorno de los judíos a su patria ancestral no comienza tras la Segunda Guerra Mundial con el sionismo, como se manifiesta, sino que comenzó hace dos mil años. Lo que occidente hace con la partición es dar la oportunidad a dos comunidades que viven bajo un mandato de crear su propio Estado. Lamentablemente los árabes eligieron la guerra. Se debería recordar que todas las veces que se buscó llegar a una solución diplomática los palestinos la rechazaron.

Acusar a occidente de no atreverse a actuar contra los sionistas no es nuevo. Este tipo de comentarios se parece mucho al usado por los nazis respecto a la “judería internacional” hace solo ochenta años. Parece que no se entendió el mensaje de la película. El antisemitismo no debe ser tolerado ya que es la puerta de entrada a los totalitarismos y al odio. El comentario tiene el tufillo propio de la literatura antisemita. La vergüenza es la última barrera moral que queda, no la pierda.

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Lo que Hales reclama respecto al silencio de occidente sobre Medio Oriente supongo que se refiere al uso por parte de Hamas de civiles como escudos humanos, a la ejecución de homosexuales o los asesinatos que está cometiendo Hamas contra los propios habitante de Gaza.

También intuyo que se refería al secuestro de la sociedad civil del Líbano por parte de Hezbolah para usarlos de escudos humanos. Y, por último, seguro que debe estar indignado de que Irán dispare misiles contra ciudades llena de civiles en Israel, Qatar, EAU, Kuwait y Arabia Saudita.

Finalmente, el esfuerzo debería dirigirse a aquellos que se dejan influenciar por exaltados y evitar que se vuelven odiadores. No hay amargura mayor que vivir bajo el odio, se hace una vida miserable.