Visibilizar a Ucrania no solo honra su agencia histórica, sino que nos ayuda a repensar cómo enseñamos todas las regiones “invisibilizadas”.

El capítulo de John Vsetecka, titulado “Dejar que Ucrania hable: Integrando el conocimiento sobre Ucrania en los programas de estudio”, forma parte del volumen colectivo Descubriendo Ucrania: su pueblo, su historia y su cultura, editado por Olena Palko y Manuel Férez Gil (2022/2023).

Vsetecka, fundador y co-editor de la plataforma H-Ukraine y anfitrión del podcast New Books Network – Ukrainian Studies, presenta un manifiesto práctico y urgente. Su texto diagnostica la invisibilidad crónica de Ucrania en la academia global y ofrece herramientas concretas para corregirla, con especial relevancia para los currículos de América Latina.

El problema de la invisibilidad y el sesgo externo

En abril de 2022, la historiadora Olesya Khromeychuk preguntó en la conferencia de la British Association for Slavonic and East European Studies: “¿Dónde está Ucrania en sus mapas mentales?”. A pesar de ser el país más grande de Europa y contar con alrededor de 40 millones de habitantes, Ucrania ha sido sistemáticamente omitida o relegada en los planes de estudio.

Vsetecka retoma esta idea con fuerza: si Ucrania no existe en los mapas mentales, su existencia real seguirá en peligro.

En América Latina esta invisibilidad es aún más pronunciada. Muchos programas universitarios de Relaciones Internacionales, Historia o Estudios Eslavos en México, Argentina, Chile o Colombia siguen ofreciendo cursos de “Estudios Rusos” o “Historia de la Unión Soviética” donde Ucrania aparece, cuando lo hace, como mero apéndice geopolítico.

La producción intelectual regional con frecuencia omite voces ucranianas y recurre a “discursos esencialistas” mediados por potencias imperiales vecinas, principalmente Rusia. Este sesgo reproduce un patrón colonial que Tony Judt describió como “colonia interna” de la Unión Soviética. Tomando la pregunta de Gayatri Spivak, Vsetecka se pregunta: “¿Puede Ucrania hablar?”. Durante décadas la respuesta ha sido negativa.

Frente a esta reducción de Ucrania a objeto geopolítico, el autor propone una estrategia descolonizadora: reconocer y enseñar su heterogeneidad interna como herramienta pedagógica central.

La heterogeneidad como herramienta educativa

Ucrania no es monolítica. Es hogar de numerosas minorías: rusos, bielorrusos, moldavos, tártaros de Crimea, griegos, búlgaros, judíos y armenios, entre otras. Integrar esta pluralidad en los programas de historia, cultura y ciencias sociales permite:

1. Desafiar narrativas simplistas: romper con la idea de una Ucrania homogénea o dependiente de identidades externas. Vsetecka sugiere un ejercicio inicial: entregar a los estudiantes un mapa en blanco de Europa y pedirles que ubiquen Ucrania; la mayoría la sitúa demasiado al este, revelando sesgos heredados.

2. Humanizar el conocimiento: colocar a las personas y sus realidades diversas en el centro. En el contexto latinoamericano, esto cobra fuerza especial: la diáspora armenia y judía ucraniana tiene ecos directos en comunidades de Buenos Aires, Ciudad de México o Santiago de Chile.

3. Actualizar el mapa intelectual: situar correctamente a Ucrania en su contexto europeo y global.

Esta aproximación dialoga directamente con el pensamiento decolonial latinoamericano (Quijano, Mignolo, Walsh). Enseñar la heterogeneidad ucraniana es un ejercicio de descolonización epistémica que cuestiona los centros de producción de conocimiento dominados por narrativas imperiales.

Estrategias pedagógicas prácticas para el aula

Vsetecka ofrece recomendaciones concretas y de fácil implementación. Además del ejercicio del mapa, recomienda la lectura del artículo de Khromeychuk como icebreaker. Para docentes con enfoque digital, sugiere el atlas interactivo MAPA del Harvard Ukrainian Research Institute, ideal para cursos interdisciplinarios.

Estas actividades ayudan a los estudiantes a entender Ucrania más allá de marcos nacionales rígidos y a conectar su historia con procesos globales de frontera y resistencia.

Recursos para una academia más inclusiva

El capítulo destaca por su carácter práctico. Vsetecka recomienda herramientas gratuitas o de acceso abierto, especialmente útiles para universidades latinoamericanas con presupuestos limitados:

H-Ukraine (H-Net): estudios recientes, materiales didácticos y entrevistas con expertos.

New Books Network – Ukrainian Studies: podcasts con autores de investigaciones actuales.

Harvard Ukrainian Research Institute (HURI): atlas MAPA y la lista “Teaching and Studying Ukraine: List of Resources”.

Holodomor Research and Education Consortium: fuentes primarias traducidas sobre el Holodomor y otras tragedias ucranianas.

Estos recursos privilegian voces locales y facilitan la integración modular en cursos existentes sin requerir grandes cambios curriculares.

Desafíos y oportunidades en el contexto latinoamericano

Implementar estas propuestas enfrenta obstáculos reales: escasez de materiales en español y tradición rusocéntrica. Sin embargo, las oportunidades son mayores.

El debate regional sobre descolonización del currículo ofrece un terreno fértil. Extender perspectivas decoloniales a Ucrania enriquece los estudios de identidad, soberanía y migraciones.

Además, la diáspora ucraniana en Argentina y Brasil, y las conexiones con comunidades armenias y judías, facilitan colaboraciones concretas. Como co-editor del volumen, este capítulo forma parte de un esfuerzo colectivo por “descubrir” Ucrania desde el Sur Global.

Conclusión

El llamado de Vsetecka trasciende la coyuntura bélica. Estudiar y enseñar Ucrania hoy es “más importante que nunca”, no solo por la invasión rusa, sino como compromiso ético con la pluralidad y la resistencia cultural.

Permitir que Ucrania hable es un ejercicio de justicia epistémica que desmantela sesgos coloniales y enriquece nuestra comprensión de la soberanía y la identidad.

En América Latina, donde la descolonización del currículo es un debate vivo, integrar el conocimiento ucraniano corrige una deuda histórica y amplía nuestro horizonte intelectual. Incorporar aunque sea un solo módulo —un ejercicio de mapas, una lectura de Khromeychuk o un podcast— ya representa un paso significativo.

Como profesor de Medio Oriente y Cáucaso, observo paralelos claros: regiones enteras han sido enseñadas a través de lentes externas. Visibilizar a Ucrania no solo honra su agencia histórica, sino que nos ayuda a repensar cómo enseñamos todas las regiones “invisibilizadas”. La academia latinoamericana tiene hoy la oportunidad de dejar de hablar por Ucrania y comenzar a permitir que Ucrania hable por sí misma.