Lejos de ser una sociedad fracturada por líneas lingüísticas rígidas, el país muestra cómo una nación puede integrar diversas identidades culturales dentro de un proyecto político común.

¿El idioma que una persona habla determina su lealtad política? Durante años, el Kremlin ha intentado convencer al mundo de que sí: que cualquier ciudadano que utilice el ruso en Ucrania sería, en el fondo, parte de una comunidad cultural alineada con Moscú y, por lo tanto, alguien que espera ser “protegido” o “liberado”. Sin embargo, la realidad social del país muestra algo muy distinto.

El capítulo dedicado a las identidades de los rusoparlantes en Ucrania escrito por Volodymyr Kulyk e incluido en el libro Descubriendo Ucrania: Su pueblo, su historia y su cultura examina precisamente esa idea y demuestra que la asociación automática entre idioma e identidad política resulta profundamente engañosa. El uso del ruso en Ucrania responde a trayectorias históricas, prácticas cotidianas y experiencias sociales complejas que no pueden reducirse a una simple alineación geopolítica.

Lee también...

Durante años se difundió una imagen simplificada del país: una Ucrania dividida entre un oeste ucranianohablante orientado hacia Europa y un este rusohablante naturalmente cercano a Rusia. Esta interpretación ofrecía una explicación cómoda para las tensiones políticas internas, pero nunca reflejó con precisión la realidad social. La investigación sobre identidades lingüísticas revela un fenómeno mucho más interesante: el desajuste entre lengua e identidad.

Millones de ciudadanos utilizan el ruso en su vida cotidiana —en el trabajo, en la familia o en el espacio público— pero al mismo tiempo se consideran plenamente ucranianos. Para ellos, el idioma no es una declaración de lealtad política, sino una herramienta de comunicación heredada de décadas de dominación imperial y soviética.

Con el paso del tiempo, muchos desarrollaron una identidad nacional basada más en valores cívicos compartidos que en la lengua utilizada: la pertenencia a un mismo Estado, el compromiso con sus instituciones y la voluntad de decidir su propio futuro político.

Esta realidad desafía directamente la narrativa que presenta a los rusohablantes como una comunidad políticamente alineada con Moscú. Los acontecimientos de 2014 ofrecieron una prueba clara de ello. Tras la anexión de Crimea y el inicio del conflicto en el Donbás, Rusia esperaba que amplios sectores rusoparlantes del este y del sur apoyaran su intervención. Pero esa expectativa nunca se cumplió.

En muchas ciudades donde el ruso es predominante, la reacción social fue reforzar la identificación con Ucrania. Las encuestas del KIIS y Razumkov de 2014-2015 mostraron que el apoyo a una intervención militar rusa en las regiones del este y sur no superaba el 15-20% incluso en las zonas más rusófonas. Lejos de constituir una “quinta columna”, una gran parte de los rusoparlantes reafirmó su pertenencia al Estado ucraniano.

Incluso el propio idioma ruso comenzó a desempeñar un papel inesperado. En redes sociales y en el debate público, numerosos ciudadanos lo utilizan para denunciar la agresión rusa y defender la independencia de Ucrania, rompiendo así la narrativa que intenta vincular automáticamente el idioma con la lealtad política (Kulyk, 2018).

Con el paso del tiempo, el conflicto también ha generado transformaciones lingüísticas dentro del propio país. Muchos ciudadanos que tradicionalmente hablaban ruso han decidido comenzar a utilizar el ucraniano con mayor frecuencia. En algunos casos se trata de una decisión práctica; en otros, de un gesto simbólico de afirmación política como ya anticipaban las investigaciones de Kulyk (2007 y 2014).

La invasión a gran escala de 2022 aceleró este proceso de forma espectacular. Según encuestas nacionales de Gradus Research (2025), el uso cotidiano del ucraniano subió del 53% al 68% de los hogares, mientras el ruso cayó del 46% al 30%.

Kulyk (2024) documenta que incluso personas que siguen hablando ruso en familia ahora usan ucraniano en el trabajo y en público como acto de afirmación nacional. En febrero de 2024, el 66% de los ucranianos (incluidos rusoparlantes) consideraba que el ruso debía eliminarse de la comunicación oficial (KIIS).

Este proceso muestra que la identidad nacional ucraniana es dinámica y plural. La lengua hablada en la vida cotidiana no determina automáticamente la pertenencia política ni divide al país en comunidades irreconciliables. Más bien refleja una historia compleja en la que diferentes tradiciones culturales conviven dentro de un mismo marco estatal.

La experiencia de ciudades como Khárkiv o Mariúpol ilustra bien esta realidad. En ambas, el ruso ha sido históricamente el idioma predominante, pero sus habitantes han defendido activamente la integridad territorial de Ucrania durante la invasión rusa. Estos episodios demuestran que la identidad nacional no puede reducirse a la lengua hablada en la calle.

Comprender esta complejidad permite mirar a Ucrania desde una perspectiva más amplia. Lejos de ser una sociedad fracturada por líneas lingüísticas rígidas, el país muestra cómo una nación puede integrar diversas identidades culturales dentro de un proyecto político común. La experiencia de los rusoparlantes revela, en ese sentido, uno de los rasgos más significativos de la Ucrania contemporánea: la construcción de una identidad nacional cívica capaz de superar las divisiones que otros intentan imponer desde fuera.

Fuentes:
– Kulyk, V. (2024). “Language shift in time of war: the abandonment of Russian in Ukraine”. Post-Soviet Affairs.
– Gradus Research (2025). Encuesta nacional de uso lingüístico.
– KIIS (2024). “Dinámica de actitudes hacia el estatus del idioma ruso”.

Este artículo resume el capítulo “Identidades en competencia de los rusoparlantes de Ucrania”, de Volodymyr Kulyk, incluido en el libro Descubriendo Ucrania: Su pueblo, su historia y su cultura (Editorial Poliedro, 2022) compilado y editado por Olena Palko y Manuel Férez. Forma parte de una serie de publicaciones que recorrerán, capítulo a capítulo, los distintos aportes de la obra con el objetivo de acercar sus contenidos a un público más amplio.