El 27 de marzo de 2006 se encontró un pie en la vía pública de Puente Alto y todo Chile se paralizó, fue el caso del descuartizamiento de Hans Pozo. La novedad de un hecho de este tipo y el morbo que provocó pusieron a los noticieros en la cima de los ratings, no se hablaba de otra cosa: “macabro”, “estremecedor”, “nunca visto”.

Pero la capacidad de perturbarnos está perdida, ahora somos expertos en normalizarlo todo. Sólo estas últimas semanas se encontró el cuerpo de un joven flotando en el Mapocho; dos desmembrados en un sitio eriazo de Pudahuel; un estudiante en un acantilado de Valparaíso; vimos por video a un grupo moviendo el cuerpo de un joven colombiano asesinado desde el interior de un departamento en Santiago como quien saca la basura; dos cuerpos más congelados en el Salar de Punta Negra; el video de las 43 puñaladas que un hombre da a su hermano en plena vía pública de Mariquina, o el cadáver flotando en la piscina de una empresa abandonada en San Bernardo. Y podemos seguir.

Esta vez los hechos no dieron ni para portada, estábamos ocupados en otras cosas: el Presidente abrazado a un corpóreo todo un mes, atletas cubanos solicitando asilo, Contraloría confirmando la corrupción del Minvu a lo largo de todo Chile. Todo parecía ser más importante, un descuartizado más o un descuartizado menos, es cosa de todos los días.

En este contexto es decepcionante escuchar el exitismo de Manuel Monsalve, subsecretario del Interior, concentrado estas semanas en distintos autobombos con medios nacionales e internacionales. Foto con exsubsecretarios en La Moneda, entrevista con el diario español El País y columnas de opinión como la que envío a este medio, calificando como exitosos los seis primeros meses del plan Calles sin Violencia, una iniciativa que -dice- busca frenar la tendencia al alza de los homicidios.

Es increíble, pero en voz de nuestro subsecretario pareciera que el país va ganando la batalla contra la delincuencia y el narco. Nos habla de un aumento en los patrullajes, en los controles de armas y de un relativo freno al “aumento de homicidios”, como si fuera suficiente conformarnos con mantener las cifras de 2022, las peores que ha registrado Chile en su última década.

El año pasado, según estadísticas del propio Gobierno, el país alcanzó una tasa de 4,6 homicidios por cada 100 mil habitantes, esto es un aumento de 32% en un solo año, según la PDI. Las violaciones también aumentaron hasta los 24,6 casos por el mismo número de habitantes, nuevamente el número más alto de la década. Sumemos lo informado recién por Fiscalía, un aumento del 60% en las denuncias por secuestro, que además están siendo manejadas vergonzosamente desde Interior.

Lo que no entiende nuestro subsecretario es que el narcotráfico de bandas organizadas, liderado hoy por organizaciones extranjeras, se convirtió en la mitológica Hidra de Lerna, que por cada cabeza que pierde regenera dos nuevas. Por eso es que puede desbaratar una célula del Tren de Aragua y al otro día operan dos, puede incautar dos pistolas, pero llegan cinco rifles de asalto.

Enfrentar al narcotráfico hoy requiere de mucho más, requiere que Chile deje de ser atractivo para estas bandas y eso se logra poniendo traba a sus operaciones, frenando sus ganancias económicas y aumentando sus costos. Detener cada tanto a diez miembros que reemplazan con total facilidad, no les duele, ni les cuesta.

¿Qué estamos haciendo para que el Puerto de San Antonio deje de ser el que más cocaína mueve en todo el mundo? ¿Para dejar de ser el tercer exportador de drogas a Europa? ¿Para frenar el ingreso y consumo descontrolado de drogas sintéticas? ¿Para evitar la proliferación del arribado fentanilo? ¿Para las progresivas amenazas a fiscales, jueces y gendarmes? ¿Para detener el ingreso de más bandas extranjeras por nuestras fronteras? Es acá donde Interior debe mostrar avances, basta de caramelos.

Estamos en un punto de no retorno. O alineamos todos los esfuerzos en reconocer y combatir el delito, o lo normalizamos y entregamos el país. Hacienda puede comprometerse con su Unidad de Análisis Financiero, ni hablar de Aduanas, Defensa, la propia Subdere y los Gobierno Regionales que hoy carecen de competencias. Para todos los cambios necesarios este Gobierno cuenta con un parlamento que apoyará este camino.

“Un Gobierno no puede permitir que sus ciudadanos vivan con miedo”, dijo Monsalve a los medios extranjeros, cuando es precisamente lo que pasa en Chile. Esperamos que el subsecretario retome la seriedad, se aleje de tempranas campañas políticas que son secreto a voces, que deje su exitismo sin base y retorne a la senda que lo puso en la lista de alumnos estudiosos en un curso muy, muy, “porro”.