Señor director:

En una contingencia política marcada por la inmediatez y la polarización, la entrega de la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI) 2026 nos recuerda el valor de las instituciones que piensan a largo plazo.

Que Chile cuente con un Consejo que, de manera sostenida por dos décadas y trascendiendo los colores políticos de turno, logre poner la pelota al piso cuando la discusión pública se torna difusa, es un activo republicano subestimado.

Sin embargo, el desafío de este esfuerzo no está en la calidad de su diagnóstico, sino en su transferencia: ¿cómo logramos que este insumo estratégico permee a los tomadores de decisión y remezca la inercia pública y privada para llevarlo a la práctica?

Es aquí donde las universidades tenemos una responsabilidad ineludible. El fortalecimiento de la comunicación y de la diplomacia científica no debe ser entendido como un ejercicio accesorio de difusión, sino como una herramienta política de alto nivel.

Son las casas de estudio las que hoy tienen las capacidades de articular esos puentes y traducir la complejidad en evidencia útil para el país.

El diseño estratégico ya está sobre la mesa. El paso siguiente no depende de un nuevo documento, sino de la voluntad de nuestras instituciones para activar estos canales y obligar a que las decisiones del país se tomen con base en la evidencia que el propio Estado ha mandatado a planificar.

Dra. Dinka Acevedo
Directora del Centro de Comunicación de las Ciencias
Universidad Autónoma.