El aumento del caudal del estero Nilahue inundó gran parte de las salinas y provocó la pérdida casi total de la cosecha de este año. Los productores acusan que el fenómeno estaría relacionado con las operaciones del embalse Convento Viejo, y advierten que, si la situación continúa, varias familias podrían verse obligadas a abandonar esta actividad patrimonial para siempre.
Lo que ocurre hoy en Cáhuil no es solo una mala temporada. Para quienes han sostenido por generaciones el oficio salinero, se trata de la pérdida más grande que recuerdan en años y de un punto de quiebre que podría comprometer la continuidad de una tradición de más de 400 años en esta zona de la región de O’Higgins.
Durante las últimas semanas, el aumento del nivel de agua que aportó el estero a la Laguna de Cáhuil terminó por inundar gran parte de los cuarteles donde se produce la sal de manera artesanal, provocando pérdidas que los propios trabajadores estiman cercanas al 95% de la producción total correspondiente a la temporada 2026.
La crecida no solo anegó las salinas en plena faena, sino que también disolvió pilas completas de sal ya cosechada.
“Soy salinero desde hace más de 40 años y esta ha sido una de las temporadas más difíciles. En unos días el agua de la laguna empezó a subir a tal nivel que inundó todas mis salinas y la sal que estaba cuajando. Se perdió prácticamente todo el trabajo de meses”, señala Juan Moraga, salinero histórico y presidente de la Cooperativa de Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa.
Moraga explica que la caída de la producción ha sido sostenida en el tiempo desde el 2016 aproximadamente, pero que lo ocurrido este año deja en evidencia la fragilidad del sistema frente a cambios en el régimen de aguas.
“Hace pocos años cosechaba 7000 sacos en una temporada. Hoy, no llego a 100 sacos. Cuando apenas alcanzamos a cubrir los gastos de la producción, motobombas y combustible, se hace muy difícil continuar trabajando nuestras salinas”, afirma.

La mirada de los salineros: el rol del Embalse Convento Viejo
Desde la comunidad sostienen que el aumento del caudal del Estero Nilahue estaría relacionado con las operaciones del Embalse Convento Viejo, ubicado en la comuna de Chimbarongo, destinado principalmente al riego agrícola.
Según explican, las liberaciones de agua bajan por el estero hasta la Laguna de Cáhuil, alterando el equilibrio necesario para la producción de sal. Este fenómeno no es nuevo: desde la puesta en marcha de su etapa II hace más de una década, salineros y organizaciones locales vienen advirtiendo sobre el aumento artificial de caudales y sus efectos en la cuenca.
La entrada de agua dulce no solo inunda los cuarteles, sino que reduce la salinidad de la laguna, condición clave para la formación de sal, afectando directamente a salineros, ostreros y otros oficios locales.
“Por segundo año consecutivo perdí la producción completa, no quedó nada y yo vivo de mi emprendimiento de sal. La responsabilidad es exclusivamente de la gran cantidad de agua dulce que llega a la laguna y las salinas desde Convento Viejo. Si no existiera esa agua todos estaríamos trabajando bien y no tendríamos las pérdidas que tenemos hasta ahora”, relata Elsa Pavez, dueña de salinas y emprendedora.
Impacto ambiental en el humedal de Cáhuil
El director del Centro de Desarrollo Sustentable de Pichilemu (CEDESUS), Cadduzzi Salas, ha estudiado los efectos de estas intervenciones en el humedal, y advierte que el impacto es más profundo, afectando al ecosistema en su conjunto.
“Respecto de los daños en la biodiversidad asociados a la acción del embalse, el principal es la alteración artificial del régimen natural de las aguas desde 2016 en adelante. Esto ha generado cambios en el funcionamiento del ecosistema, además de una disminución de la salinidad y el desplazamiento y muerte de especies”, señala.
El caso de Cáhuil vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la gestión del agua y los impactos de grandes infraestructuras en territorios locales, en un contexto donde distintas comunidades del país han levantado alertas por efectos no previstos en sus entornos.
Advertencias desde el Congreso
Frente a los impactos registrados, a fines de 2025, autoridades regionales ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobaron iniciar la revisión de la Resolución de Calificación Ambiental del proyecto, mediante el mecanismo conocido como artículo 25 quinquies, que permite reevaluar iniciativas cuando se detectan impactos no considerados originalmente.
El senador Juan Luis Castro advirtió sobre la gravedad de la situación:
“Las salinas de Cáhuil están en riesgo de extinción, porque está llegando agua dulce que ha perjudicado gravemente no solo la producción de sal, sino que a los salineros mismos. Hoy día tiene que haber responsabilidad social ambiental, y eso significa que el Embalse Convento Viejo, que es de donde viene el agua dulce, que sirve para los regantes, no puede perjudicar las salinas de Cáhuil.”
Los salineros insisten en la necesidad de avanzar en medidas urgentes de fiscalización, mitigación y reparación, además de cambios en la gestión de los caudales que llegan a la laguna. Advierten que, de no existir soluciones concretas, el riesgo ya no es solo económico, sino también la desaparición de una práctica que forma parte del patrimonio cultural del país.
Se consultó a la administración del embalse Convento Viejo respecto a esta denuncia, pero declinaron referirse a ella, argumentando que el Ministerio de Obras Públicas es el mandante.
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