A siete días del operativo estadounidense en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro, el tema continúa marcando el debate global y local. El analista Raúl Sohr plantea que la tesis del “narcoterrorismo”, esgrimida por Donald Trump, operó más como justificación que como causa de fondo, advirtiendo además un eventual debilitamiento de la soberanía ante amenazas hacia países como Colombia y México. En entrevista con este medio, el experto acusa un doble estándar de Washington, argumentando que solo endurece el tono frente a países de otro sector político. Asimismo, atribuye el avance de la derecha en la región al "fracaso" de la izquierda para actualizar su relato y leer a tiempo las transformaciones sociales, sosteniendo que hoy paga el costo de sus propios logros.
A una semana de la operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que concretó la detención de Nicolás Maduro, el hecho sigue tomándose la agenda tanto a nivel internacional como nacional.
Para el analista internacional Raúl Sohr, el argumento —expresado por el presidente estadounidense Donald Trump— sobre el “narcoterrorismo” fue más una excusa que un motivo real. Incluso, la situación, a su juicio, pone en riesgo la soberanía en América Latina a raíz de las amenazas a otros países como Colombia y México.
En conversación con BBCL, el también sociólogo asegura que hay una contradicción por parte de la Casa Blanca. “Cuando se trata de un aliado manga ancha, y cuando se trata de un adversario político, se le imputan una serie de irregularidades que en muchos casos no están ni siquiera demostradas”, dice.
Igualmente, Sohr aborda la tendencia ascendente de la derecha en América Latina. Para él, las razones es que la izquierda fracasó en renovar sus discursos, además de reformular o anticipar los cambios en las distintas sociedades. “Es víctima de su éxito”, concluye.
El operativo de EEUU en Venezuela, el peligro en la soberanía y el alza de la derecha en América Latina
—En cuanto a las razones para la operación militar, por parte de Estados Unidos, ¿cómo evalúa la rápida evolución del discurso de narcoterrorismo a una eventual recuperación del petróleo?
El argumento del narcoterrorismo nunca tuvo mucha gravitación. Venezuela no es la principal fuente, ni es una fuente tan importante del tráfico de narcóticos hacia Estados Unidos comparado con Colombia, México, incluso Ecuador, de manera que esto siempre apareció como una excusa.
Si uno utiliza el lenguaje y se refiere a un cartel, es como hablar de una empresa y la existencia de un ente de ese tipo tiene ciertas características y nada de eso se vislumbraba en lo que se denominaba el Cartel de los Soles, aunque se sabía que habían militares venezolanos involucrados en el narcotráfico. Esto fue una suerte de creación para justificar este operativo y como lo señalas tú, el motivo subyacente siempre fue claro y es el petróleo.
—¿Hay un daño colateral a América Latina? ¿Peligra la soberanía?
El riesgo es manifiesto y explícito, no solamente Venezuela ha sido amenazada, ha sido amenazada Colombia, también Panamá, en caso que no se allanara a las condiciones que planteó Estados Unidos para la utilización del canal. E incluso hablamos siempre en el hemisferio, en algún momento Trump planteó que Canadá debería incorporarse a Estados Unidos y que a los canadienses les iría mucho mejor. De manera que en el hemisferio son muchos los que están en la mira, retórica por el momento, pero ya hemos visto que también es una mira militar como en el caso de Venezuela.
—Ante la amenaza, ¿debería preocuparse el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y la presidenta Claudia Sheinbaum en México?
No es que debería, la hay (una preocupación). En el caso del Presidente Petro, él ha determinado una movilización militar significativa. En definitiva, también en el caso de México, la Presidenta Sheinbaum desvió la amenaza con una cierta ironía, diciendo que ocupar México es un hueso tan duro de roer que debería pensarlo muy bien. Pero, en definitiva, lo que queda claro con lo ocurrido en Venezuela es precisamente que lo que se pensaba —y se dijo muchas veces— que perro que ladra no muerde, bueno, por lo visto, Estados Unidos ladró y mordió.
—¿Cómo califica la respuesta de México y Colombia? ¿Ha sido fuerte o más bien débil?
Las respuestas son difícil de calificarlas en términos de la intensidad. Cada país responde de acuerdo a sus posibilidades y al temor efectivo que tiene de la posibilidad de una intervención. En consecuencia, la respuesta del Presidente Petro ha sido mucho más nítida e incluso él ha dicho que está dispuesto a tomar armas, él personalmente que tiene una trayectoria… en algún momento participó en un movimiento guerrillero. Por lo tanto, cuando él dice tomar armas no es solamente retórico, aunque lo que él le está diciendo es que “el país y quienes me siguen están dispuestos a luchar físicamente con armas en caso de una intervención militar”. En el caso de México, la situación naturalmente es mucho más difusa y también lo es en Panamá.
—Los dichos de Trump contra Petro, ¿se podría considerar intervencionismo electoral? ¿Es realmente contra el presidente colombiano o más bien contra la izquierda, previo a las elecciones en Colombia?
Es difícil separar la ideología izquierdista de Petro de la situación política general. Y sin duda que si en Colombia hoy día gobernase un presidente de derecha, y hubiese probablemente el mismo flujo de narcóticos, a lo mejor esa amenaza no se habría pronunciado. De hecho, es llamativo que presidentes de derecha no se han visto amenazados, y al revés, en el caso de Honduras, el señor (Juan Orlando) Hernández, que estaba condenado a 45 años, el expresidente hondureño capturado y llevado a Estados Unidos, donde había sido condenado por tribunales independientes a 45 años de prisión, fue indultado por el presidente Trump. De manera que las contradicciones en las señales de Estados Unidos no pueden ser mayores.
—¿Cómo ha visto el rol de Rusia, Irán y China? ¿Se puede calificar de inacción?
No, ninguno de estos países tenía intereses fundamentales en Venezuela y cada uno de ellos tiene sus propios pleitos que son prioritarios y vienen mucho antes de lo que está pasando en Venezuela. En el caso de Rusia, ni hablar que está absolutamente comprometida en la guerra en Ucrania y ese es su objetivo estratégico número uno y no va a desviar esfuerzos hacia lo que ocurre en Venezuela y en general Rusia, salvo el caso de Cuba, tempranamente decidió que América Latina de alguna manera era el patio trasero de Estados Unidos y que no se iba a involucrar en esta región. Eso lo ha dejado claro en una serie de situaciones. En el caso de China, también tiene una prioridad y esa es Taiwán. La prioridad número uno a nivel territorial es la reincorporación de Taiwán al territorio continental y señala que, en definitiva, no es más que una provincia rebelde que tiene que ser reincorporada. Y esa es la línea roja que ha trazado China, que ha dicho que es un motivo de guerra y si Taiwán llegase a independizarse, “nosotros vamos a atacar militarmente la isla” y ha advertido Estados Unidos. Es decir, el mundo sabe cuáles son las líneas rojas en una dirección o en otra.
—Y en ese sentido, lo hecho por Estados Unidos, ¿le daría vía libre a China para que pueda hacer lo propio con Taiwán?
No, no le da vía libre, pero ciertamente la posición internacional de Estados Unidos —desde el punto de vista de la legitimidad— se ha debilitado. Se fortalece desde el punto de vista militar. Y claro, cada vez que ahora el Presidente Trump le levante una ceja a un país, lo van a tomar muy en serio, van a considerar que no son solo bravatas, pero la legitimidad cae por el suelo y la condena casi generalizada por parte de los gobiernos del resto del mundo.

—En Europa, el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, celebró la operación militar, mientras que tanto la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, como la líder Marine Le Pen —con matices— condenaron el hecho. ¿Cómo lo evalúa?
A mí lo que me sorprende tremendamente es la posición del Presidente Macron porque él y la posición de la diplomacia francesa ha sido, en general, de defensa de la independencia y autonomía de los Estados. De manera que esta posición resulta novedosa y sorprendente.
—¿Este hecho marca una derrota de organismos multilaterales como la ONU y la OEA? ¿En qué pie quedan?
La OEA, la Organización de Estados Americanos que reúne al grueso de los países de nuestro hemisferio, nunca ha tenido gran vigencia. Es decir, es un foro dominado por Estados Unidos. Ha mostrado poca autonomía frente a Estados Unidos, de manera que no es sorprendente. Y Naciones Unidas está en una situación muy precaria. Estados Unidos ha venido criticando y, más importante que eso, restándole fondos… era el principal país cotizante de Naciones Unidas y, por lo tanto, le ha mermado su ingreso. Y bueno, Estados Unidos ha planteado de que no está dispuesto a subordinarse a organismos internacionales e incluso la alianza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que es la principal alianza del mundo occidental, que surge justamente para defender los valores y los principios de occidente, encabezado por Estados Unidos, bueno, el presidente Trump ha dicho que la considera obsoleta, que no tiene dientes, no tiene la agresividad suficiente, que los países europeos no han estado a la altura de sus necesidades y que llegó la hora de que Europa se rasque con sus propias uñas. Y lo vemos en los hechos prácticos, que Estados Unidos está delegando, o dicho de otra manera, se está retirando bastante rápido del conflicto con Ucrania y ha dicho “miren, esto está ocurriendo en vuestro continente” a los europeos y “si les preocupa tanto, incrementen sus gastos de defensa. Vean ustedes cómo pueden resolverlo”.
—¿Cree que podría existir una migración inversa desde Venezuela? Ante un régimen encabezado por Estados Unidos, ¿cree que personas vinculadas al chavismo o al madurismo puedan querer salir del país?
No, no me parece que esto podría generar olas de migración. De alguna manera, Venezuela ha sufrido una pérdida, se habla de hasta casi 8 millones de venezolanos, más del 20% y 25% de la población, ha salido. Es una situación sin precedentes en nuestra región. Más que la salida de nuevos grupos de exiliados, por las características del nuevo gobierno, lo más probable es que veamos una migración inversa en el sentido de muchos venezolanos volviendo a su país y tratando de recuperar sus bienes y su vida en su país natal.
—¿A qué cree que responde la tendencia ascendente de la derecha en América Latina?
Creo que en la izquierda fracasaron en renovar sus discursos. El discurso de equidad y de la izquierda, hasta cierto punto… se lograron muchos de las propuestas de la izquierda y, en definitiva, no logró reformular o anticipar los cambios que se están viviendo en muchas sociedades.
Esto se ha visto en Brasil, en una serie de países en que muchos de los sectores, que gracias a políticas de izquierda, salieron de la pobreza, una vez que se encuentran en su nueva condición, buscan otros horizontes.
La reacción del gobierno de Boric y la postura de la futura administración Kast
—A nivel nacional, en la reacción del gobierno hay una dualidad en que se condena la operación por parte de Estados Unidos, pero sin dejar de hablar de dictadura en Venezuela. Al respecto han existido críticas. ¿Cómo lo analiza? ¿Va por carriles diferentes? ¿Se puede condenar lo de Estados Unidos y también en régumen?
Es perfectamente posible. Una cosa es el régimen y la crítica que uno tiene a un régimen, que puede violar Derechos Humanos, que puede cometer distintos tipos de atropellos, y otra es referirse a los métodos, cómo se combate a ese régimen al cual uno condena.
—¿Y cómo ve la reacción del presidente electo, José Antonio Kast? El hecho de validar el operativo militar, ¿cree que anticipa un cambio en la política exterior de Chile, como Estado, desde marzo?
Una cosa son los planteamientos del presidente electo y otra es la conducta del Estado de Chile, que en definitiva atiende a los intereses del conjunto del Estado. Hasta donde lo percibo, el presidente electo expresó una opinión que no necesariamente constituye lo que va a ser el comportamiento del Estado chileno, que va a depender mucho de las circunstancias y cómo evolucione la situación interna en Venezuela.
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