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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Nicolás Zepeda reafirmó su inocencia por la desaparición de su exnovia japonesa Narumi Kurosaki en Francia en su tercer juicio, estallando en llanto al negar haberla matado. Admitió haber mentido en testimonios anteriores, pero aseguró que amaba sinceramente a Narumi. La Fiscalía pide 30 años de cárcel, argumentando que Zepeda planeó incinerar el cuerpo de Kurosaki. Se sospecha que arrojó el cuerpo al río en una maleta.

Este miércoles Nicolás Zepeda reiteró nuevamente su inocencia por la desaparición y presunta muerte en 2016 de su exnovia japonesa Narumi Kurosaki en Francia ante la inminente sentencia en el tercer y último juicio.

El chileno, quien en los dos procedimientos anteriores recibió una condena de 28 años, defendió su versión en el Tribunal de lo Criminal del Ródano, en Lyon, estallando en llanto en plena declaración después de exclamar que no mató a Narumi.

“No me enorgullece haber mentido”, admitió el chileno de 35 años luego que la abogada de la familia Kurosaki, Sylvie Galley, le preguntara por una serie de contradicciones en sus testimonios a lo largo de los tres juicios.

“Sé que es moralmente reprobable. Si quieres llamarme mentiroso, que así sea. No tengo nada que perder. Pero nos permitió llegar a este punto. Hacer más verificaciones, sostuvo, según consigna el medio francés L’Est Républicain.

Recordemos que Zepeda admitió haber viajado en 2016 a la localidad francesa de Besanzón para ver a Narumi. Sin embargo, anteriormente había declarado que fue a Europa por motivos académicos, agregando que se había desplazado a Besanzón después de recibir un mensaje de la joven japonesa.

“¿Cuáles son tus sentimientos cuando piensas en Narumi?”, le preguntó la abogada al chileno. “Ella no me persigue… Para mí, todas las personas que conocemos en la vida nos dejan algo, nos acompañan en nuestro viaje”, indicó el acusado.

“De alguna manera, verla en mis sueños es una forma de seguir presente. Narumi es alguien a quien amé sinceramente, profundamente, con mis defectos. Creo que a veces la hice feliz. Lamento no haber sido mejor para ella”, sostuvo.

“Es importante que seas una buena persona. ¿Podrías hacer algo bueno y contarnos qué pasó en la habitación? ¿Crees que tu conciencia durará hasta el final, después de lo que has hecho?”, sostuvo la abogada.

“Tienes razón, estoy tratando de hacerlo mejor que…”, señaló Zepeda, ante lo cual Galley insistió en que “este es el momento”.

“Creo que lo mejor para todos es acercarse a la verdad”, mencionó la defensora.

“Te di mi verdad”, respondió Zepeda. “Sé que no estás contenta con eso, pero no la maté. La amaba profundamente. Soy incapaz de lastimarla”, puntualizó.

“Es una pesadilla. Esta acusación fue un infierno desde el principio (…) Es realmente difícil transmitirte lo que experimenté, después de años de ser visto injustamente como un criminal que mató a su novia”, declaró Zepeda.

“No tengo las palabras. Es tanta mi conmoción. Nunca vamos a saber porque no soy yo”, mencionó tras lo cual rompió en llanto, sin poder continuar con su declaración.

Cabe destacar que la Fiscalía francesa pidió este miércoles una pena de 30 años de cárcel para el chileno. “Hay tres razones por las que un hombre mata a su pareja o expareja: cuando ella anuncia que lo va a dejar, cuando lo deja o cuando rehace su vida. En este caso, Nicolás Zepeda cumple las tres”, afirmó el fiscal.

La Fiscalía sostiene que Zepeda planeó deshacerse del cuerpo de su expareja mediante su incineración, una hipótesis que, según afirmó, explicaría la compra de fósforos y de varios litros de líquido inflamable.

“El proyecto no era enterrarlo, sino quemarlo”, indicó el fiscal, antes de añadir que “la hipótesis más probable es que arrojó el cuerpo al río dentro de una maleta”, en una zona boscosa de la región del Jura.

Se trata de un sector que Zepeda había recorrido en un vehículo arrendado días antes de la desaparición de la joven, y al que regresó al amanecer del 5 de diciembre de 2016, tras la última noche que pasó con ella en una residencia de estudiantes.

Durante su requisitoria, el magistrado repasó de forma detallada los elementos de la investigación y situó la habitación 106 de la residencia universitaria como el “epicentro” del caso, al recordar los testimonios de varios estudiantes que escucharon gritos “de miedo, dolor y sufrimiento” la noche de la desaparición de Kurosaki.

Zepeda tendrá el jueves la oportunidad de entregar sus últimas palabras antes de la sentencia.