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Convertirse o morir: el suplicio de los cristianos iraquíes bajo el Estado Islámico
Publicado por: Diego Vera La información es de: Agence France-Presse
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Los torturaron, forzaron a escupir sobre un crucifijo o a convertirse al islam, pero un pu√Īado de cristianos iraqu√≠es sobrevivi√≥ a m√°s de dos a√Īos bajo el yugo del grupo yihadista Estado Isl√°mico (EI).

Cuando los yihadistas invadieron la meseta de Nínive en el norte de Irak en 2014, dieron opción a los cristianos entre convertirse, irse o morir. Alrededor de 120.000 huyeron.

Ahora que las tropas iraqu√≠es recuperaron el control de parte de la regi√≥n, los que no han tenido la posibilidad de irse y han sobrevivido cuentan el calvario de estos dos a√Īos de privaciones y aislamiento.

Ismail Matti ten√≠a 14 a√Īos cuando el EI entr√≥ en su ciudad de Bartalla, al este de Mosul. Esperaba que llegaran parientes o amigos para huir con su madre, enferma, pero no vino nadie.

Intentaron irse por su cuenta pero los yihadistas se lo impidieron en dos ocasiones y los metieron en la c√°rcel de Mosul.

Hab√≠a muchos chiitas en la celda de al lado. Tomaron a uno, le dispararon en la cabeza y tiraron el cuerpo delante de nosotros“, cuenta.

“Advirtieron a mi madre que nos ocurrir√≠a lo mismo si no nos convert√≠amos. Nos convertimos”, recuerda Ismail, en un refugio gestionado por la Iglesia en Erbil, capital del Kurdist√°n iraqu√≠.

Los yihadistas enviaron a madre e hijo a Bartalla y luego a la aldea de Churijan, al oeste de Mosul.

“Todos nuestros vecinos eran de D√°esh”, precisa, usando el acr√≥nimo √°rabe del EI. “Ven√≠an a verificar que respetase la sharia (ley isl√°mica)”. “Si constataban que no hab√≠a ido a la mezquita a rezar, pod√≠an haberme dado latigazos”.

Ismail salía a veces a pedir comida a los habitantes comprensivos, pero su madre permanecía enclaustrada.

A Jandar no le gusta hablar de esos dos a√Īos, pero le est√° muy agradecida a su hijo. “√Čl, Dios y Mar√≠a nos salvaron de la muerte. Siempre estaremos juntos”, murmura.

Dos a√Īos sin salir

Zarifa Bakoos Dado, de 77 a√Īos, casi no sali√≥ de casa en Qaraqosh, otrora principal ciudad cristiana de Irak. Aloj√≥ a una amiga anciana, Badriya.

“Durante todo este tiempo, no vimos a los nuestros, s√≥lo a esos tipos”, los yihadistas, cuenta la viuda. “Los m√°s mayores intentaban tranquilizarnos diciendo que √©ramos como hermanas para ellos, pero los j√≥venes eran hostiles”.

Zarifa y Badriya pasaron por la cárcel de Mosul, donde había mujeres divorciadas o viudas. Después las llevaron a Qaraqosh.

“Un d√≠a, uno de ellos vino a pedirme dinero y oro. Me clav√≥ el fusil en las costilla amenaz√°ndome”, recuerda Zarifa. Le dio los 300 d√≥lares que ten√≠a y su amiga, 15 quilates de oro.

“Otra vez, fue un joven de unos 20, 21 a√Īos, quien entr√≥ para decirnos que nos convirti√©ramos. Le contest√© que √©l ten√≠a su fe y nosotras la nuestra”.

Entonces “me orden√≥ que escupiera sobre una estampa de la Virgen Mar√≠a y sobre un crucifijo. Me negu√©, pero me oblig√≥. Durante todo este tiempo habl√© con Dios en mi coraz√≥n para decirle que fue en contra de mi voluntad”, a√Īade.

“Supe que Dios me hab√≠a o√≠do, porque cuando el hombre intent√≥ quemar la imagen de la Virgen, su mechero no funcion√≥”, precisa Zarifa. Su familia se r√≠e mientras ella lo cuenta.

Cuando las fuerzas iraquíes entraron en Qaraqosh a finales de octubre, las dos mujeres se quedaron en la ciudad durante los combates. Unos soldados las encontraron días después de haber tomado el control.

El reencuentro con sus parientes les hace olvidar el tormento. Zarifa, que habla siriaco, ve incluso el lado positivo: “Mi √°rabe ha mejorado”.

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