Internacional
Viernes 27 marzo de 2020 | Publicado a las 07:57
El calvario de una madre por la muerte de su hija de 16 a√Īos por coronavirus en Par√≠s
Por Leonardo Casas
La información es de Agence France-Presse
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Todo empez√≥ con una tos con apariencia benigna, cuenta la madre de Julie A., quien muri√≥ de coronavirus en Par√≠s. Ten√≠a 16 a√Īos.

“Es insoportable”, afirma Sabine, la madre de la adolescente. Habla a toda velocidad de “la conmoci√≥n de perder a un hijo”, “el sentido de la vida” y la obligaci√≥n de “continuar”.

“Solo ten√≠a tos”, explica Sabine por tel√©fono a la agencia AFP, desde su casa de los suburbios de Par√≠s. Una tos con apariencia benigna que comenz√≥ hace una semana y que ella intent√≥ curar con jarabe, plantas e inhalaciones.

El s√°bado, Julie, sin problemas de salud particulares, comenz√≥ a sentir que le faltaba el aliento. “No mucho, ten√≠a dificultades para recuperar el aliento”, recuerda su madre. Luego llegaron los ataques de tos. El lunes llev√≥ a su hija al m√©dico.

All√≠, el m√©dico de familia observ√≥ una deficiencia respiratoria “aceptable”. Llam√≥ a los servicios m√©dicos de emergencia pero finalmente llegaron los bomberos.

Trajes de protecci√≥n, mascarillas, guantes, “parec√≠a la cuarta dimensi√≥n”, dice la madre. Se llevan a la adolescente, con una mascarilla de papel debajo de la de ox√≠geno, al hospital m√°s cercano, en Longjumeau, en el √°rea metropolitana de Par√≠s.

Sabine se va a casa. Cuando llama al hospital un poco m√°s tarde, le hablan de un esc√°ner, de opacidades pulmonares, “nada grave”.

Hay una prueba de COVID-19 en marcha.

Pero por la noche, trasladan a Julie, bajo insuficiencia respiratoria, al hospital infantil Necker de París. Se le realizan otras dos pruebas de COVID-19.

“Me duele el coraz√≥n”

Julie ingresa en cuidados intensivos el martes. Est√° en una peque√Īa habitaci√≥n de paredes azules, con unos ositos. “Como tiene 16 a√Īos, todav√≠a la atienden en pediatr√≠a”.

Cuando visita a su hija por la tarde, Sabine la encuentra ansiosa. Habla, pero pronto se cansa. “Me duele el coraz√≥n”, le dice.

Los resultados de las dos √ļltimas pruebas de COVID-19 traen buenas noticias: negativos.

“Abrimos la puerta de la habitaci√≥n, las enfermeras ya no llevan bata, el m√©dico levanta el pulgar para decirme que es buena se√Īal”. Julie parece fuera de peligro.

Es tarde, Sabine regresa a casa, promete que volverá al día siguiente.

Entrada la noche recibe una llamada: el resultado de la primera prueba realizada en el hospital de Longjumeau acaba de llegar. Julie dio positivo al COVID-19 y su estado se deteriora. Hay que intubarla.

“No lo pod√≠amos creer. Piensas: se equivocaron. ¬ŅY por qu√© estos resultados llegan tan tarde?”, se pregunta Sabine.

“Desde el comienzo nos dicen que el virus no afecta a los j√≥venes. Lo cre√≠mos, como todos los dem√°s”, dice Manon, la hermana mayor de Julie.

Alrededor de las 00:30 horas reciben otra llamada: “¬°Vengan, r√°pido!”.

“En ese momento, sent√≠ p√°nico”, describe Sabine.

Seg√ļn el director general de Salud, J√©r√īme Salomon, quien anunci√≥ la muerte de la adolescente el jueves por la noche, Julie sufri√≥ una forma grave del virus, algo “extremadamente raro” entre los j√≥venes.

“En una hora”

“Ella ya estaba gris”, recuerda Sabine.

Cuando llega al hospital con su hija mayor a eso de la 1:00 de la madrugada del mi√©rcoles, Julie est√° muerta. Le toca la mano, “su piel a√ļn estaba caliente”.

Su hermana le acaricia la frente. Y luego, inmediatamente, les explican que no la volver√°n a ver. El protocolo en tiempos de epidemia es estricto.

Te lo anuncian todo “en una hora …”.

Tampoco pudieron recuperar las pertenencias de Julie. Hay que quemarlo todo. Se las arreglan para quedarse con una cadena del bautizo y una pulsera.

El cuerpo de Julie está en la sala mortuoria del hospital Necker. No saldrá de ahí hasta el entierro, previsto en unos días. Como medida de precaución, no habrá ceremonia, solo diez personas pueden acudir al cementerio.

“Tuvimos que elegir entre los familiares qui√©n estar√° presente”, explica Manon. “El d√≠a de la muerte, ya tuvimos que elegir un ata√ļd para ella”.

Este f√©retro permanecer√° cerrado y “no se podr√° maquillar, ni vestir” a Julie. “No tenemos el derecho” de hacerlo, explica su hermana.

“Es dif√≠cil de encajar”, dice al mismo tiempo que su madre.

Seg√ļn el √ļltimo balance, se han registrado 1.696 muertos por COVID-19 en hospitales en Francia desde el comienzo de la epidemia.

El jueves por la noche, las televisiones repiten una y otra vez que una adolescente de 16 a√Īos muri√≥ a causa del coronavirus.

“Es horrible porque yo s√© que es la m√≠a”, se lamenta Sabine.

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