El próximo martes 3 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones intermedias en los Estados Unidos, conocidas como ‘Midterms’, en las cuales se renovará un tercio del senado y 435 escaños de la Cámara de Representantes.
Por lo mismo, ya se habla de cuánto podría afectar una derrota del partido Republicano a los próximos dos años del mandato de Donald Trump, quien ha desarrollado una agenda muy agresiva en temas como política exterior, inmigración e influencia sobre Latinoamérica.
Un antecedente indica que, en los últimos 24 años, sólo un presidente en ejercicio logró imponerse en estos comicios de mitad de mandato. Fue George Bush (R) en 2002, un año después de los atentados a las Torres Gemelas.
Tras aquello, Bush sufrió un revés en 2006, al igual que Barack Obama (D) en 2010 y 2014, Donald Trump (R) en 2018 y Joe Biden (D) en 2022.
A priori puede decirse que este proceso estará marcado por varias votaciones entre los extremos de los dos partidos más importantes, Demócrata y Republicano, representados por personeros cercanos al propio Trump, y, en el otro caso, a políticos ligados al ala democrática más izquierdista, como la representante Alexandria Ocasio-Cortez o el alcalde de Nueva York Zohran Mamdani.
Hasta ahora, el Congreso de EEUU ha concretado acciones para intentar frenar ciertos poderes del actual mandatario, como el de seguir con la guerra en Irán, aunque aquellas votaciones han sido más bien simbólicas.
Asimismo, durante su segundo mandato el magnate ha enfrentado tres cierres de gobierno, el último de 75 días, debido a falta de acuerdos en presupuestos para diversas carteras, entre ellas el Departamento de Seguridad.
Por lo mismo, se estima que la pérdida de escaños del partido Repúblicano pueda significar un segundo tramo mucho más duro para su mandato, que culmina en 2029.
Carlos Alsua, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Andrés Bello, sostiene que una derrota no significa que el gobierno ‘Trumpista’ termine en sus materias más importantes, aunque sí hay matices.
“Yo creo que hablar del ‘fin del gobierno de Trump’ sería exagerado. Lo que sí podría terminar es la relativa comodidad legislativa con la que ha podido gobernar. Y esa diferencia es importante. Trump llega a estas elecciones en una situación políticamente complicada. La última encuesta Reuters/Ipsos coloca su aprobación en 33%, la más baja de su presidencia. Pero hay que mirar ese número con cuidado: sigue siendo aproximadamente uno de cada tres estadounidenses consultados. Y, sobre todo, una encuesta de aprobación no nos dice cuántas de esas personas se levantarán el 3 de noviembre para votar”, indicó a BioBioChile.
“Ahí está, para mí, la gran variable de estas elecciones: el enfado. El enfado fue un extraordinario movilizador político en 2016 y volvió a desempeñar un papel importante en 2024. Ahora los demócratas esperan que ese mismo mecanismo opere en sentido contrario y convierta el rechazo a Trump en participación electoral”, agregó.
Alsua tiene una opinión similar en torno a otro punto crítico de la política de Trump: los aranceles. Para el académico, un revés eleccionario le significaría perder apoyo, mas no la autoridad para imponerlos por diversas vías.
“La Corte Suprema limitó fuertemente esa capacidad en febrero de 2026 al declarar que la ley de poderes económicos de emergencia no permitía al presidente imponer unilateralmente sus grandes aranceles globales. Pero eso no eliminó la política arancelaria. La administración comenzó inmediatamente a buscar otras autoridades legales para imponerlos”, expone.
“Por eso una derrota en el Congreso podría hacer más difícil determinada legislación comercial, pero no creo que cambiara el instinto político de Trump. Al contrario. Si pierde capacidad legislativa, los aranceles pueden resultarle todavía más atractivos porque combinan tres cosas que encajan perfectamente con su forma de gobernar: recaudan dinero, permiten negociar desde una posición de amenaza y ofrecen un mecanismo visible para castigar a gobiernos que, en su opinión, no se comportan como Estados Unidos exige”, añade.
“El Congreso puede quitarle espacio. Los tribunales pueden ponerle límites. Pero mientras Trump conserve la presidencia, difícilmente desaparecerá la tentación de utilizar los aranceles como instrumento económico y, sobre todo, como instrumento de poder”, cierra.
Hay que señalar que, hasta ahora, la previa a la elección está marcada por una polémica en torno al voto por correo, ya que el presidente de EEUU firmó una orden ejecutiva para limitar esta modalidad por edad y ciudadanía, además de efectuar cambios en el diseño y procesamiento de los sobres.
Lo anterior, a su juicio, para evitar posibles casos de fraude.
Esto generó quejas en 20 estados liderados demócratas de EEUU, en torno a que el presidente habría excedido sus facultades, ya que la organización de los comicios corresponde a los entes estatales, no al nivel central.
Por lo pronto, el caso está siendo discutido por la Suprema Corte, de mayoría conservadora, la cual podría ponunciarse sobre si Trump no obedeció la Constitución en este punto.