Internacional
S√°bado 15 septiembre de 2018 | Publicado a las 11:11
Acusan que Partido Comunista está persiguiendo a católicos en China y demoliendo iglesias
Publicado por: Verónica Reyes La información es de: Agence France-Presse
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“Los ni√Īos tienen prohibido ir a misa”, advierte un cartel en una iglesia de China, un pa√≠s donde los buld√≥ceres arrasan los lugares de culto “ilegales” y los sacerdotes tienen que entregar a las autoridades una lista de fieles.

En la c√©ntrica provincia de Henan, una de las m√°s pobladas, los cat√≥licos son blanco de una campa√Īa del r√©gimen comunista para “chinificar” las religiones, as√≠ como del desarrollo inmobiliario que destruye barrios e iglesias.

Un retrato roto de Jesucristo y bancos de madera volcados bajo un mont√≥n de ladrillos es lo que queda de una iglesia de la ciudad de Puyang, antes de que la declaren “construcci√≥n ilegal”.

Liu Xueshang, un campesino que se gastó todos sus ahorros en colaborar en la construcción, busca la cruz entre los escombros.

“Aqu√≠ el futuro para la iglesia es sombr√≠o. No tenemos ning√ļn sitio donde rezar”, lamenta el anciano, cuyo templo fue demolido para hacer hueco a edificios.

Agence France-Presse
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Seg√ļn Anthony Lam, especialista en catolicismo chino en el centro de estudios del Esp√≠ritu Santo, √≥rgano de la di√≥cesis de Hong Kong, la urbanizaci√≥n “es un pretexto para destruir iglesias”.

Los 12 millones de cat√≥licos chinos se debaten entre una Iglesia “patri√≥tica” supeditada al r√©gimen comunista y una Iglesia “clandestina” fiel a Roma.

L√°grimas

La iglesia de Puyang estaba registrada y era legal, lo que no ha impedido que las palas mec√°nicas la arrasaran sin previo aviso. “Al d√≠a siguiente, todos los fieles viejos vinieron aqu√≠ y se sentaron a llorar”, cuenta Liu. La escasa indemnizaci√≥n no bastar√° para construir un nuevo santuario.

En otros lugares de la provincia, una veintena de fieles y de prelados contaron a la Agencia AFP que este a√Īo la represi√≥n es tremenda. Y eso pese a que el Vaticano negocia con Pek√≠n un acercamiento hist√≥rico.

Quitaron cruces de los campanarios, confiscaron textos y objetos religiosos y cerraron centros de preescolar.

Agence France-Presse
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Ahora los lugares de culto est√°n obligados a exhibir la bandera nacional y la constituci√≥n y a eliminar los signos religiosos visibles desde los espacios p√ļblicos. Los menores de edad tienen prohibido entrar en los edificios religiosos.

En la catedral del Sagrado Coraz√≥n, en la gran ciudad de Anyang, una funcionaria de la Administraci√≥n Nacional de Asuntos Religiosos dice haber venido a “inspeccionar”, mientras unas 800 personas asisten a la misa del domingo.

“El catolicismo no es una religi√≥n ind√≠gena en China”, afirma.

En la aldea de Zhifang, cerca de Puyang, el centro de preescolar que se encontraba en el patio de la iglesia est√° cerrado. “Quieren impedir que la iglesia se ocupe de la educaci√≥n”, comenta un responsable del pueblo bajo anonimato.

Bajo vigilancia

Las parroquias tambi√©n han tenido que entregar informaci√≥n detallada sobre sus fieles y sobre eventuales “influencias extranjeras”, como recogen los formularios consultados por la Agencia AFP.

Transmitir estos datos es “psicol√≥gicamente muy duro para el clero, que tiene la impresi√≥n de cometer un pecado”, afirma un sacerdote.

Agence France-Presse
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Algunos creyentes siguen atentamente las negociaciones entre Roma y Pek√≠n, que rompieron relaciones diplom√°ticas en 1951, con la esperanza de que alg√ļn d√≠a los fieles de la Iglesia clandestina no tengan que esconderse.

“Esperamos que los problemas religiosos se resuelvan. Compartimos la misma fe y queremos estabilidad y unidad”, asegura un creyente.

“El di√°logo entre la Santa Sede y la Rep√ļblica Popular de China contin√ļa. Por el momento no hay nada que a√Īadir”, declar√≥ Greg Burke, portavoz del Vaticano.

Entre tanto, y a falta de un lugar de culto, algunos curas de la “Iglesia del silencio” contactaron con sus colegas de la iglesia oficial con la esperanza de hallar un sitio de oraci√≥n a cambio de una supervisi√≥n, aunque sea de apariencias.

Con la r√°pida urbanizaci√≥n del pa√≠s, “el espacio vital de la iglesia clandestina se reduce”, afirma un cura de la Iglesia oficial. “Estamos en contacto con los clandestinos, para protegerlos, no para vigilarlos -explica-. Esto permite al Estado saber que no les perdemos de vista”.

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