Internacional
Miércoles 18 abril de 2018 | Publicado a las 17:29 · Actualizado a las 17:38
Asesinato y violaci√≥n de ni√Īa de 8 a√Īos se convierte en s√≠mbolo de abusos en India
Publicado por: Diego Vera La información es de: Agence France-Presse
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Su sepultura es un mont√≠culo de tierra anaranjada, sin inscripciones y en el que empiezan a brotar las malas hierbas. Nada hace pensar que ah√≠ reposan los restos de una ni√Īa musulmana de ocho a√Īos cuyo final estremece a toda India.

El nombre y la cara de esta peque√Īa musulmana de ocho a√Īos, violada en grupo y asesinada en la regi√≥n de mayor√≠a hind√ļ de Jammu (norte), se han convertido en s√≠mbolos en las manifestaciones a lo largo de este pa√≠s-continente del sur de Asia.

Ocurrida en enero, esta noticia pas√≥ relativamente desapercibida. No fue hasta la semana pasada, cuando la polic√≠a hizo p√ļblica su acusaci√≥n contra ocho hombres, que se convirti√≥ en una tormenta pol√≠tica y medi√°tica.

De acuerdo con los investigadores, la ni√Īa fue v√≠ctima de aldeanos locales hind√ļes que buscaban asustar a su tribu n√≥mada musulmana, los bakarwals, para obligarlos a abandonar su ciudad.

La “violaci√≥n de Kathua”, el nombre del distrito donde se ubica la localidad de Rasana, es vista como un s√≠ntoma de la tensi√≥n comunitaria de India bajo el liderazgo de los nacionalistas hind√ļes, en el poder en Nueva Delhi desde 2014.

Alejada de los disturbios que agitan India, en Rasana parece reinar una aparente tranquilidad. Perdida en las colinas, se llega por una estrecha carretera apenas lo suficientemente ancha para un vehículo.

Rostros inexpresivos

Cuando se menciona el tema, los rostros se vuelven inexpresivos. Los lugare√Īos se mantienen en guardia y se expresan con extremo cuidado. Surgen rumores, las informaciones facilitadas se contradicen de un interlocutor a otro. Muchos evitan las preguntas.

“Desde que pas√≥ esto el pueblo est√° totalmente vac√≠o, es una pesadilla”, lamenta Yash Paul Sharma, vecino de 39 a√Īos, refiri√©ndose a la huida en masa de familias.

Al final de un camino, la jungla desaparece para dejar entrever un edificio de una sola planta, pintado de rosa p√°lido. Solo algunos s√≠mbolos triangulares colgados en el exterior se√Īalan su car√°cter religioso. Seg√ļn los agentes, este modesto templo hind√ļ sirvi√≥ durante cinco d√≠as como lugar de secuestro y abuso de la ni√Īa, drogada, antes de ser asesinada.

Su cuerpo fue descubierto en el bosque una semana después de su desaparición.

Este crimen refleja “la mentalidad de tarados que (los nacionalistas hind√ļes) han propagado en los √ļltimos cuatro a√Īos. Pero este episodio cambia la manera en que India ve las cosas y la gente se levanta para oponerse”, considera Mubeen Farooqui, presidente de la Federaci√≥n Musulmana de Panyab.

Los padres de la ni√Īa han dejado recientemente Rasana. Tras la tradicional migraci√≥n de los bakarwals en verano, se dirigen con su reba√Īo a las monta√Īas de Cachemira.

Amenazas de muerte

Situada un kilómetro más lejos, en medio de la nada, la casa de la familia no está desierta a pesar de ello. Cerca de su patio, cinco policías dormitan en literas, armados.

Ante la explosiva atmósfera que rodea la violación de Kathua, cuyos acusados comparecieron el lunes por primera vez ante un tribunal, la Corte Suprema india ordenó que los padres de la víctima y su abogado -que dijeron ser objeto de amenazas de muerte- fueron puestos bajo protección policial.

Este caso ha sacado a la luz divisiones religiosas. Los partidarios de los sospechosos llevaron a cabo sus propias manifestaciones, creyendo que la investigación era parcial y reclamando una nueva, confiada a la policía federal.

Abogados de la asociación local de abogados trataron de bloquear físicamente a los investigadores cuando presentaron sus conclusiones ante el tribunal.

Desde las colinas de Kathua, la onda expansiva que se extiende sobre la llanura parece ahora muy lejana. Sin embargo, el pu√Īado de bakarwals que a√ļn no se ha unido a la trashumancia veraniega en las alturas de Cachemira est√° ahora sobre aviso.

Madre de seis ni√Īos, Kaniza Begum no deja que su hija de diez a√Īos salga sola al campo, como sol√≠a hacer. “Ya no tiene el derecho de salir. Si va a la escuela, su hermano la acompa√Īa”.

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