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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El abogado brasileño Willer Tomaz, señalado como operador financiero del bolsonarismo, permanece en Miami tras salir de Brasil en agosto, antes de una orden judicial que bloqueó sus bienes y anuló su pasaporte. Es investigado por su presunta participación en un fraude al sistema previsional INSS, que habría causado pérdidas por más de US$1.200 millones mediante descuentos no autorizados a jubilados. Tomaz niega los cargos y cuestiona las medidas judiciales. Su fuga antecedió la salida de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos.

Cuatro meses antes de la sorpresiva fuga de Flávio Bolsonaro hacia los Estados Unidos, el escenario político de Brasil ya había registrado otra salida furtiva: el del abogado Willer Tomaz.

Mientras la atención pública internacional se posa sobre el aterrizaje del hijo del exmandatario en Florida, la ruta vía Puerto Iguazú y la logística del viaje, esto ya había sido ensayado en agosto por este personaje del universo bolsonarista, señalado como el operador más importante de la derecha brasileña.

La prensa brasileña lo encontró en las calles de Miami. Los periodistas se acercaron y le consultaron sobre la fecha de su regreso para enfrentar los expedientes en su país. Tomaz exhibió una leve sonrisa y respondió de forma tajante: “Eso no es de su incumbencia”.

Para comprender la ingeniería que facilitó la salida de Bolsonaro y el abogado es necesario analizar la figura de Tomaz, un actor poco conocido en los países latinoamericanos pero central en el subsuelo del poder de Brasilia. Su recorrido comenzó en la periferia de la capital brasileña, en la ciudad satélite de Taguatinga, donde se desempeñaba como técnico en reparación de computadoras.

En menos de una década, tras graduarse en Derecho, consolidó un bufete de alta influencia, Willer Tomaz Advogados Associados, adquirió un conglomerado de medios de comunicación en el estado de Maranhão y se convirtió en el operador financiero del bloque parlamentario conocido como el “Centrão”, la estructura de partidos “pragmáticos” que administra el presupuesto del Congreso.

Su nombre ya arrastraba antecedentes en los tribunales: en 2017 estuvo bajo arresto preventivo en la Operación Patmos, acusado de intentar sobornar a un fiscal para frenar investigaciones vinculadas al grupo frigorífico JBS, una causa que prescribió en 2021.

Algo llamativo es que la figura de Tomaz comparte “calibre” con otro abogado muy conocido en el ecosistema digital argentino: el penalista Francisco Oneto, conocido en redes como “abogado nivel Dios”, por la frialdad clínica para manejarse ante el abismo judicial y la destreza para utilizar los vacíos técnicos de la letra chica como un escudo absoluto en los casos más complejos de defender ante la Justicia, y muchas veces ante la sociedad.

El operador bolsonarista comparte esa misma cualidad con Oneto, pero en Brasil no se utiliza la expresión “nivel Dios” para quienes son capaces de hacer posible lo imposible. En el país vecino se utiliza la expresión “Cósmico”. Por eso, cuando en el círculo rojo brasileño se habla, o al menos se hablaba de Tomaz, los interlocutores lo llamaban “Operador Cósmico”.

El fraude que involucra a Willer Tomaz

Para entender, en parte, por qué se fugó Flávio Bolsonaro hay que entender primero por qué se escapó Willer Tomaz en agosto. La causa judicial que forzó su salida del territorio brasileño se denomina Operación “Sem Desconto” (Sin Descuento). Una investigación de la Policía Federal (PF) que reveló un fraude al Instituto Nacional del Seguro Social (INSS), el organismo estatal encargado de la previsión social en Brasil, por más de 1.200 millones de dólares.

La operación ilegal incluía voluntades compradas dentro del Estado brasileño, de empresarios de plataformas de apuestas digitales y una pasarela de pago online que —se sospecha— sería propiedad del propio Tomaz. La PF estableció que el abogado brasileño no realizaba el fraude de forma directa, sino que funcionaba como el estratega financiero que utilizaba la personería jurídica de diversas mutuales y asociaciones civiles falsas para penetrar en la estructura del INSS.

Para perforar los controles estatales, Tomaz se asoció con el director del área de informática del organismo, Antônio Carlos Camilo Antunes. El funcionario facilitó la inserción de líneas de código en los servidores públicos que liquidan las jubilaciones, lo que permitió aplicar un pequeño descuento automático en los recibos de haberes de millones de jubilados brasileños.

El mecanismo funcionaba como un goteo invisible: se extraían montos de dinero muy pequeños de manera mensual bajo el concepto de seguros y servicios asistenciales que los jubilados jamás habían solicitado ni contratado. Debido a que las sumas eran tan pequeñas, nadie reclamaba. Hasta que alguien lo hizo. Cuando la Justicia brasileña logro multiplicar ese descuento por la masa total de jubilados del sistema y el tiempo aproximado que la maniobra se habría realizado, fue que el desfalco acumulado alcanzó la cifra de 1.200 millones de dólares.

En agosto de este año la PF obtuvo una orden de allanamiento para registrar un hangar privado de aviación de Tomaz en el aeropuerto internacional de Brasilia. Al derribar un panel falso de madera, los agentes descubrieron una sala-cofre blindada y secreta que contenía estanterías y una máquina para contar billetes.

El espacio se encontraba vacío al momento del operativo debido a una supuesta filtración previa de la orden judicial. Esa ventana de tiempo le permitió a Tomaz abordar un vuelo comercial con destino a Florida bajo la categoría de turista, adelantándose a la resolución del Supremo Tribunal Federal que, semanas más tarde, ordenó el congelamiento de sus bienes por 1.200 millones de dólares y la anulación de su pasaporte.