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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Perú asumirá la Presidencia Pro Tempore de la Alianza del Pacífico para el 2027, destacando la reanudación de relaciones con Ciudad de México. Este liderazgo implica coordinar la agenda del bloque que busca fortalecer lazos con Asia y fomentar inversiones. A pesar de no otorgar autoridad sobre los demás miembros, Perú deberá impulsar acuerdos y mantener el consenso político y técnico. La integración económica se enfoca en reducir obstáculos al comercio y la inversión. Se discuten temas como la digitalización, la incorporación de Costa Rica y Singapur, así como el fortalecimiento de la economía digital y financiera. La presidencia peruana busca facilitar la cooperación empresarial y mejorar la conectividad en el bloque.

Lima tomará posiblemente hacia finales del 2026 la conducción temporal del mecanismo regional, en una etapa marcada por la búsqueda de nuevos vínculos con Asia, avances digitales y mayor coordinación para el comercio y las inversiones.

De cara al 2027, Perú asumirá la Presidencia Pro Tempore de la Alianza del Pacífico, un mecanismo que también reúne a Chile, Colombia, México y Costa Rica, y que concentra el 42,8% del producto interno bruto de América Latina y el Caribe, además del 57,4% del comercio regional.

El relevo llega tras la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Lima y Ciudad de México y abre una etapa en la que el país deberá coordinar la agenda de un bloque que busca reforzar sus vínculos con Asia, atraer inversiones y trasladar la integración desde las declaraciones políticas hacia las empresas.

El cambio de presidencia no otorgará a Perú una posición de autoridad sobre los demás integrantes. La función consiste en ordenar prioridades, convocar reuniones, acompañar negociaciones y procurar avances en las iniciativas que los cuatro gobiernos acuerden por consenso.

Ese margen, aunque limitado, sitúa a Lima en un lugar relevante para proponer temas y sostener el ritmo de trabajo de una alianza que nació con un objetivo económico definido: reducir obstáculos al movimiento de bienes, servicios, capitales y personas.

Para Chile, que forma parte del grupo desde su creación, la nueva conducción peruana tendrá consecuencias en asuntos que también forman parte de su agenda comercial: la relación con los mercados de Asia-Pacífico, la coordinación entre agencias de promoción de inversiones, el desarrollo de cadenas productivas regionales y la digitalización de procedimientos para exportar o prestar servicios entre países miembros.

Hacia Asia

La Alianza del Pacífico se conformó con Chile, Colombia, México y Perú bajo la idea de construir una integración económica con proyección hacia la cuenca del Pacífico.

La alianza no funciona como una unión económica con instituciones supranacionales ni obliga a sus miembros a adoptar las mismas políticas fiscales, productivas o exteriores. Su estructura depende de acuerdos entre gobiernos con prioridades internas distintas.

Esa flexibilidad permite que el bloque funcione sin una burocracia regional extensa, aunque también lo deja expuesto a los cambios políticos de cada país. Las diferencias entre los gobiernos pueden afectar la velocidad de las decisiones, incluso en materias vinculadas al comercio o a la inversión.

Hugo Amarillo, experto en Gobierno y Políticas Públicas, señaló que la Presidencia Pro Tempore “no convierte al Perú en jefe de los demás miembros”, aunque le entrega la responsabilidad de “coordinar la agenda, impulsar acuerdos pendientes y mantener funcionando una maquinaria regional que depende mucho del consenso político y técnico”.

Durante la reunión del Grupo de Alto Nivel realizada el mes pasado en Ciudad de México, las delegaciones revisaron medidas para fortalecer la coordinación entre el sector público y privado, facilitar el desarrollo de micro, pequeñas y medianas empresas, promover el emprendimiento y ampliar el uso de herramientas de promoción comercial.

La representación peruana estuvo a cargo del director general de Negociaciones Comerciales Internacionales del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, José Luis Castillo Mezarina, en nombre de la viceministra de Comercio Exterior, Sayuri Bayona. La agenda incluyó además asuntos vinculados con inversión extranjera, digitalización y encadenamientos productivos entre los cuatro mercados.

Reducir barreras

El desafío de convertir los acuerdos en resultados empresariales alcanza a todos los países de la alianza. Para Chile, una mayor coordinación con Perú, Colombia y México puede incidir en los trámites aduaneros, el reconocimiento de documentos electrónicos, la compatibilidad de procedimientos y la capacidad de las compañías para operar en mercados cercanos.

La integración adquiere una dimensión concreta cuando una empresa puede vender bienes o servicios fuera de su país con reglas comprensibles, menores costos de transacción y plazos previsibles. Esa lógica también aplica a compañías que no exportan un producto final, pero que pueden participar como proveedoras de insumos, servicios especializados, tecnología o componentes.

Los cuatro países mantienen presencia en el comercio internacional de frutas, café, aguacates, alimentos procesados y otros productos agropecuarios. La información disponible sobre la reunión de Ciudad de México no incluyó nuevos beneficios arancelarios específicos para el sector agrícola. Aun así, la coordinación comercial y productiva figura entre los ámbitos que pueden facilitar la conformación de redes empresariales regionales y una mayor llegada a destinos externos.

Amarillo planteó que una firma peruana “no necesita fabricar el producto completo para beneficiarse del comercio regional”. Puede participar como proveedora dentro de una cadena que involucre a empresas de varios países. Ese enfoque abre una discusión que también incluye a Chile: hasta qué punto la alianza puede facilitar que las compañías medianas y pequeñas ingresen a mercados regionales que, de otro modo, resultan difíciles de abordar.

La integración económica pierde alcance si sus efectos se concentran en grandes exportadores. La tarea que tendrá Perú será mantener en la agenda instrumentos que acerquen las oportunidades comerciales a un universo más amplio de empresas, sin que los costos logísticos, regulatorios o administrativos eliminen las ventajas que ofrecen los acuerdos.

Costa Rica y Singapur

La eventual incorporación de Costa Rica como miembro pleno será uno de los procesos que Perú recibirá al asumir la conducción temporal del bloque. La adhesión continúa bajo seguimiento de los cuatro gobiernos. De concretarse, ampliaría la presencia de la Alianza del Pacífico hacia Centroamérica y sumaría una economía adicional a la estructura del mecanismo.

El otro asunto de alcance externo es la relación con Singapur. El acuerdo comercial entre la Alianza del Pacífico y esa economía asiática entró en vigor para Singapur, Chile y Perú en mayo de 2025.

La incorporación de Singapur como primer Estado Asociado continúa dentro de la agenda regional y representa un canal institucional hacia una de las economías más abiertas de Asia.

Para Chile, ese vínculo adquiere relevancia por la orientación exportadora de su economía y por su participación histórica en la ruta comercial del Pacífico. Para Perú, la presidencia puede servir para impulsar conversaciones que conecten los acuerdos existentes con herramientas que puedan utilizar las empresas: promoción comercial, mecanismos de inversión, cooperación regulatoria y acceso a redes productivas.

El bloque también trabaja en un acercamiento con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Las delegaciones preparan un encuentro ministerial con ese grupo de países, una señal de interés por ampliar la relación con una región que concentra parte del dinamismo comercial mundial.

La proyección hacia Asia exige más que una posición geográfica frente al océano Pacífico. Amarillo lo resumió de este modo: “La ventaja geográfica no garantiza integración económica”. Además, señaló que ese objetivo requiere “puertos competitivos, acuerdos comerciales utilizables, logística eficiente, reglas previsibles y empresas capaces de entrar en cadenas regionales y globales de mayor valor”.

Los trámites digitales

La presidencia peruana también tendrá ante sí el debate sobre la economía digital. Una parte creciente del comercio de servicios se realiza sin que un producto cruce una frontera física. Software, consultoría, diseño, educación, contenidos y soluciones para empresas forman parte de actividades que pueden llegar a otros mercados mediante canales digitales.

En ese terreno, la coordinación entre Chile, Colombia, México y Perú puede abarcar reglas sobre pagos, protección de datos, firmas electrónicas, contratación y comercio digital. La discusión no plantea eliminar regulaciones, sino evitar que los mercados funcionen bajo procedimientos incompatibles para quienes buscan vender servicios en la región.

“La medida más interesante será si consigue acelerar algunos asuntos pendientes y dejar mecanismos que faciliten inversión, comercio y cooperación empresarial”, sostuvo Amarillo sobre el periodo que asumirá Perú.

El experto agregó que para una empresa una integración útil implica “trámites aduaneros más simples, reglas claras, documentos digitales, procedimientos compatibles y menor incertidumbre al vender servicios o mercancías”.

La dimensión financiera también forma parte de los asuntos pendientes. La Alianza del Pacífico ha impulsado iniciativas para vincular los mercados de capitales de sus integrantes, aunque el desafío pasa por transformar esa infraestructura en una herramienta de uso frecuente para empresas e inversionistas que buscan expandirse en la región.

Durante la jornada del Grupo de Alto Nivel en México se realizó el foro “Buenas prácticas para fortalecer la atracción de inversión en las economías de la Alianza del Pacífico”. Funcionarios y representantes del sector privado intercambiaron experiencias sobre políticas e instrumentos destinados a captar capitales que permitan ampliar las capacidades productivas locales.

La agenda peruana puede vincular esa discusión con la conectividad, los puertos y el comercio exterior, áreas que tienen presencia en la estrategia nacional.

La conducción temporal del bloque ofrecerá a Lima la posibilidad de impulsar acciones que continúen más allá del relevo de presidencia, aunque los avances dependerán de la disposición de Chile, Colombia y México para acompañar las decisiones.

Agenda común

El contexto internacional también condiciona las prioridades de la Alianza del Pacífico. El comercio mundial enfrenta disputas entre países, subsidios industriales, controles tecnológicos y políticas destinadas a reducir dependencias estratégicas.

Para economías de tamaño medio, la coordinación regional puede ampliar opciones de negociación, inversión y diversificación de mercados, aseguran los expertos.

La alianza no cuenta con los instrumentos de una unión económica europea y sus miembros mantienen diferencias en sus políticas nacionales. Esa condición limita el alcance de cualquier presidencia pro tempore, que no puede resolver problemas estructurales como la informalidad, la baja productividad, la falta de infraestructura o la escasa sofisticación empresarial.

El Perú tomará la presidencia con los procesos de Costa Rica y Singapur aún en desarrollo, la preparación del encuentro con ASEAN y una agenda que incluye promoción comercial, digitalización, inversión y apoyo a las pequeñas y medianas empresas.

Mientras tanto, Chile participará en cada uno de esos frentes como uno de los cuatro miembros fundadores del bloque y como parte de una plataforma que busca ampliar su presencia comercial más allá de América Latina.