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El presidente de Colombia, Gustavo Petro, rechaza que la investidura de su sucesor, Abelardo de la Espriella, se realice en una guarnición militar como quería este último, sumando un nuevo conflicto entre ambos. Petro argumenta que la transmisión de mando debe hacerse ante el Congreso, mientras De la Espriella suspende el proceso de empalme acusando corrupción al gobierno saliente. El académico y analista colombiano de la Universidad de los Andes, Edgar Fuentes-Contreras, señala que la disputa refleja una lucha por el futuro político del país más que una crisis institucional.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció que no autorizará que la investidura del 7 de agosto de su sucesor, Abelardo de la Espriella, sea en una guarnición militar, como lo deseaba el mandatario electo, convirtiéndose en un nuevo desencuentro entre ambos.
“Los cuarteles militares y policiales están bajo mis órdenes hasta el momento que el nuevo presidente jure,y por tanto hasta ese momento soy el comandante supremo de las fuerzas militares, ningún oficial da el saludo militar a un civil sino cuando éste sea su comandante supremo”, señaló en su cuenta de X.
“La transmisión del mando al nuevo presidente, es bajo las leyes de la República y la constitución, y esas normas establecen que el presidente se posesiona ante el Congreso en sesión plena”, agregó.
Cómo dije, en medio de las lentejuelas del nuevo gobierno no votado por la mayoría del pueblo, la ley dice cuál es la sede del Congreso, y es en una sesión del Congreso donde el nuevo presidente debe posesionarse, tal como lo hice yo y todos los demás.
Que Abelardo no me de la… https://t.co/trc9VqxyxR
— Gustavo Petro (@petrogustavo) July 13, 2026
Previamente, De la Espriella había ordenado frenar el empalme con el gobierno saliente luego que Petro insistiera en que hubo fraude electoral y afirmara que el candidato izquierdista Iván Cepeda era el verdadero ganador.
En conversación con BioBioChile, el académico y analista colombiano de la Universidad de los Andes, Edgar Fuentes-Contreras, señala que este cambio de mando refleja una disputa por el desarrollo político del país y sobre cuál es el futuro que se quiere tener.
Junto con descartar una crisis de la institucionalidad colombiana, el experto en derecho internacional dice que lo que realmente se está afectando es el contexto “político”.
-El presidente saliente Gustavo Petro ha insistido en que hubo fraude electoral luego del triunfo de Abelardo de la Espriella. ¿Está provocando un daño en las instituciones democráticas colombianas al no reconocer su victoria?
Hay varias cosas que uno tendría que analizar frente a la situación y yo quisiera ser muy específico sobre esto, porque una cosa es el daño político que se pueda hacer y otro es el daño institucional como “institución”.
Yo creo que institucionalmente en Colombia no hay una crisis en el sentido de que los otros órganos del Estado, tanto Congreso, Registraduría, Contraloría o la Procuraduría, no han seguido justamente la misma dinámica que ha tenido la administración de Gustavo Petro, la que no es lo que se esperaría, porque justamente uno espera dentro de un estado democrático que los gobiernos puedan hacer un empalme y una coordinación.
No es el interés del gobierno de turno sino que es el interés de todos los colombianos el que se pueda ejercer la transparencia, la probidad y los elementos que hacen que ese gobierno pueda funcionar, así como también para que el próximo gobierno pueda llevar a cabo su plan, su desarrollo y sus políticas públicas. Lo que realmente se está afectando es el contexto político y el contexto posible de gobernabilidad más que de institucionalidad.
Yo creo que también eso es muy importante señalarlo, sobre todo pensando en que seguramente durante los próximos días lo que se pretenderá es buscar alternativas o medios adicionales para poder continuar con el empalme y hacer cumplir la ley a pesar de que no existan, o existan, esas reuniones que fueron suspendidas.
-De la Espriella suspendió el proceso de transición con el gobierno de Petro al que ha acusado, entre otras cosas, de corrupto. ¿Qué implicancias políticas tiene esta decisión?
Ahí también hay algo que mencionar porque pese al anuncio de De la Espriella respecto a que iba a suspender el proceso de empalme, según lo que ha dicho también el propio gobierno, es que ellos habían tomado la decisión previamente a lo señalado justamente por el presidente electo.
Entonces, genera que realmente no sea una decisión unilateral sino que pareciera que en ambos tipos de posiciones están teniendo una crisis y una manifestación de la crisis política. En el caso de De la Espriella, justificando el no reconocimiento constante que viene haciendo al gobierno de Petro; y el actual presidente, después de los conteos, los pre-conteos, el escrutinio y las decisiones que está tomado la registraduría, se niega a verlo como presidente electo.
Y por otro lado, el gobierno de Petro ha dicho que no se puede hacer el empalme en un marco de una política casi agresiva por parte del equipo del Gobierno electo, sobre todo en acusaciones de posible corrupción, de posibles delitos y en advertencias de que va a caer todo el peso sobre la ley sobre el gobierno.
Ahora, yo creo que también eso mezcla varios tipos de cosas y también es darse cuenta que ahí hay una disputa realmente más que cualquier otra circunstancia, también por el desarrollo político del país, cuál es el futuro que se quiere tener y sobre todo también porque se ha demostrado durante las últimas semanas que han existido, no quisiera decir en términos exactos corrupción porque eso tiene que ser determinado posteriormente a través de un juicio, ciertas inconsistencias sobre los informes que se han emitido, que no están completos.
Parece ser que hay informes parciales en otros órganos del estado cuando vienen del Gobierno y que no existe esa claridad y transparencia que uno esperaría que se pueda llevar a cabo dentro de estos procesos.
-Bajo ese contexto, De la Espriella acusó al presidente Petro de estar orquestando un golpe de estado.
Yo creo que hay que verlo desde el sentido político. De la Espriella y también los distintos miembros del gobierno electo, estoy pensando también en el vicepresidente electo José Manuel Restrepo, han insistido más a una prevención y sobre todo a dar lo que ellos han llamado una resistencia constitucional.
De la Espriella incluso ha llamado directamente a decirle a las fuerzas militares que no vayan a ir en contravía, justamente, si recibieran mandatos por parte del gobierno a no permitir ese intercambio de poderes como se debe ejercer. Eso genera cierto resquemor y sobre todo preocupación pero yo creo que también lo juega, digamos, como un papel político para llegar y decirle a las personas que hay que estar pendientes con lo que está sucediendo porque no es la política adecuada ni la política que se debe hacer en un proceso de transición.
Yo no lo tomaría necesariamente como una acusación directa a un golpe de estado. Lo que sí es cierto es que el gobierno de Petro es uno de los que más ha hecho en cuanto a retiros de militares activos, de generales y cambios en la cúpula militar, lo que de alguna u otra manera puede generar cierto temor pero yo creo que es un temor muy lejano y poco convincente, entendiendo la idea de que la institucionalidad de las Fuerzas Armadas colombianas ha estado bastante fuerte y marcada durante mucho tiempo.
-¿La llegada de De la Espriella al poder responde a una alternancia normal dentro de la política colombiana o se podría decir que corresponde más bien al inicio de un cambio de ciclo político en Colombia?
Colombia lleva varias elecciones donde uno podría decir que se rompe esa alternancia normal o tradicional de la política colombiana. Nosotros en Colombia tenemos dos partidos políticos que incluso se reconocen como los partidos más antiguos vigentes en el mundo, que son el Partido Liberal y el Partido Conservador, fundados en 1848 y 1849 respectivamente.
El último gobierno que se tiene realmente de esos partidos tradicionales es el de Andrés Pastrana, de lo cual ya ha pasado mucho tiempo. De ahí para adelante, si bien han existido gobiernos a través de partidos políticos, de ciertos tipos de movimientos y hemos tenido cierto tipo de estabilidad dentro de esos partidos, yo creo que esta elección no se puede marcar necesariamente como una elección tan estrictamente política en los términos tradicionales, sino que es casi una elección de discusión de voto castigo.
El gobierno de Petro fue vendido a nivel nacional e internacional como el cambio al primer gobierno de izquierda que iba a tener Colombia durante muchos años, e incluso para algunos era el primer gobierno realmente de izquierda que había tenido Colombia.
Y al final aparece una persona como De la Espriella, que él mismo declara, y lo ha hecho incluso ahora en las últimas alocuciones, que no es un político sino que es un abogado, tratando de desligarse de cualquier tipo de quehacer político previo de los partidos y de los movimientos.
Él llega diciendo que esto no va necesariamente con un desarrollo político tradicional, sino que realmente va con una forma distinta de hacer política, en su perspectiva, con los que no fueron incluidos dentro del gobierno de Petro y yo creo que al final va a dar una visión un poco más integral de lo que está sucediendo.
Hay una cosa bastante importante: Petro tampoco, necesariamente, puede verse como una izquierda estrictamente tradicional en Colombia. Él hizo parte del pueblo democrático alternativo que en algún momento se estableció como la izquierda fuerte en el ámbito colombiano durante varios tipos de periodos, tanto presidenciales como oposición, especialmente durante los gobiernos de Álvaro Uribe y los gobiernos posteriores.
Petro termina saliendo del pueblo democrático alternativo y cuando llega a la alcaldía de Bogotá tampoco se presenta por un partido de izquierda totalmente identificado sino más bien por un partido alrededor de sus ideas y sus postulaciones.
Entonces, yo creo que quizás el giro más importante que se pueda dar en estas lecturas es que se está intensificando lo que antes venía sucediendo, y que es una política del personalismo, un poco lejana a partidos políticos.
Esperemos que le vaya bien al presidente electo, independientemente de la ideología y de las presentaciones y todo lo que pueda suceder porque al final al que le va a ir bien también es al pueblo colombiano. Pero va a estar en juego de manera constante el hecho de si se va a intensificar esa visión de la política personalista o no.
-El presidente Petro ha dicho que recibió un pueblo lleno de hambre y que entregará el país “comiendo bien, bailando muy bien y jugando bien fútbol y sin trampas”, destacando los programas sociales de su gobierno. Pero más allá de sus declaraciones, ¿cuál es el legado que deja su gobierno?
Hay varias cosas y uno tiene que ser un tanto crítico frente a la situación. Es cierto que existieron muchos programas sociales que fueron aumentados por el gobierno. Uno de los aspectos, que yo creo que fue de lo más importantes, fue el tratar de establecer un salario mínimo que fuera significativo en el ámbito colombiano.
Están las luchas y esos intentos que se hicieron por lograr la paz total donde incluyó a otros tipos de actores armados al conflicto, entendiendo que el acuerdo de paz que se había hecho con Colombia, a pesar de que no era necesariamente excluyente, era un acuerdo con un actor político muy marcado que fueron las FARC en su momento.
Pero más allá de ese tipo de intenciones, también uno tiene que ser crítico y decir, “al final, el empalme también era para revisar ese tipo de aspectos, sobre cuánto le costaron esos beneficios que fueron otorgados y que fueron satisfechos”. En el fondo, si uno va a los términos más sencillos, de los que tenemos cifras y sobre los que tenemos datos, el Banco de la República de Colombia dice que la inflación va en alza y que va a ir en alza. Pero esto no es una cosa mágica.
En el fondo, cuando uno aumenta el salario mínimo, lo que tiene que pensar es que, obviamente, aumenta el poder adquisitivo de las personas, pero aumentar el poder adquisitivo de las personas implica que si yo no aumento la cantidad de recursos, pues se va a generar inflación. Si estoy pensando que aumenta el salario mínimo también deben ir aumentando las pensiones y eso genera también un problema en el gasto público.
Por eso también en las últimas declaraciones se ha dicho que hay un déficit fuerte en Colombia, que la inflación que viene va a ser bastante complicada, y se demuestra que también hay problemas de seguridad, en donde justamente la paz total no se pudo consolidar. Ahí vemos cuáles fueron las consecuencias.
Yo creo que el legado más importante que en cierta forma uno podría ver en el gobierno de Petro, y no lo veo necesariamente en su gobierno sino en la institucionalidad colombiana, es que se resistió a cualquier ataque contra esa institucionalidad.
Su gobierno se caracterizó, por ejemplo, en varias luchas que tuvo tanto con el Banco de la República, con Fiscalía, con el Congreso o con las Cortes, donde existieron, seguramente por la forma de hacer política de Petro, ataques directos a cada una de esas organizaciones, las que resistieron para mantenerse en la estabilidad del país y no cedieron justamente a ese ámbito.
Tenemos el caso de cuando Petro dijo: “pues si no sale la consulta popular, entonces yo la voy a sacar a través de decreto”, o por ejemplo el llamado al intento de una Asamblea Nacional Constituyente y una nueva Constitución. Yo creo que el legado es ver que la institucionalidad de Colombia, pese a las fallas que puedan existir, también sigue siendo fuerte y que sigue siendo significativa.
Y ahí está el último reflejo, que es que cuando salen los escrutinios y cuando sucede lo de la negativa de Petro de reconocer a De la Espriella como presidente electo, salen las otras instituciones a arropar y a custodiar lo que dice la Registraduría Nacional del Estado Civil, diciendo: “se hizo la votación de acuerdo a los parámetros establecidos, se hizo el escrutinio”, el que supuestamente iba a traer más votos para el otro candidato pero terminó trayendo más votos para Abelardo de la Espriella.
Esto demuestra que Colombia tiene una institucionalidad sólida, con muchas problemáticas, por supuesto, pero es una institucionalidad que ha sabido conservarse a través de la Constitución de 1991.
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