Internacional
Miércoles 03 octubre de 2018 | Publicado a las 12:03
La dupla Bolsonaro-Mourao y la extra√Īa frecuencia con que los vicepresidentes ascienden en Brasil
Publicado por: Tu Voz
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Entre las m√ļltiples particularidades que ofrece vida pol√≠tica brasile√Īa hay una muy poco usual en otros pa√≠ses, y que seguro provocar√≠a algo m√°s que un ligero estremecimiento si volviera a producirse, cual esa impresionante cantidad de vicepresidentes obligados a asumir en reemplazo del primer mandatario.

En efecto, por las razones m√°s diversas, que van desde golpes de estado y enfermedades hasta acusaciones constitucionales, se observa en aquel pa√≠s este extraordinario acontecimiento, siendo el caso m√°s reciente el de Michel Temer, compa√Īero de f√≥rmula de Dilma Rousseff, que la reemplaz√≥ tras ser separada del cargo por acusaci√≥n constitucional en agosto de 2016. Y si nos remontamos se podr√° constatar que en realidad desde la proclamaci√≥n misma de la rep√ļblica en 1889, nada menos que ocho vicepresidentes han reemplazado al jefe de Estado: cuatro por muerte, dos por renuncia y dos por acusaci√≥n constitucional.

La historia pol√≠tica brasile√Īa no deja de impresionar en esta materia. En los primeros a√Īos de la rep√ļblica, en 1909, Nilo Pecanha debi√≥ asumir de forma repentina la jefatura de Estado al fallecer s√ļbitamente de neumon√≠a el presidente en ejercicio, Afonso Pena. D√©cadas m√°s tarde, durante el mandato de Getulio Vargas (1951-1954), su vicepresidente, Caf√© Filho, le reemplaz√≥ para completar el per√≠odo presidencial tras suicidarse Vargas de un disparo al coraz√≥n en circunstancias nunca aclaradas relacionadas con el asesinato de un periodista.

Luego, Joao Goulart, quien ejerci√≥ la vicepresidencia en dos oportunidades, en 1955 con Juscelino Kubitscheck, (el popular y querido presidente de origen checo), y m√°s tarde con el pol√©mico Janio Quadros (el mismo que condecor√≥ al Ch√© Guevara y prohibi√≥ el bikini entre otras extravagancias) se vio ante la misma situaci√≥n en 1961. Aquel a√Īo asumi√≥ la jefatura de Estado cuando Quadros abandon√≥ intempestivamente el gobierno dejando una enigm√°tica carta-renuncia diciendo que se iba “a causa de for√ßas ocultas e terr√≠veis“. Goulart gobern√≥ tres a√Īos, hasta 1964, cuando fue removido por un golpe de Estado. Enseguida, otro vicepresidente, Pedro Aleixo, que secundaba al general Artur Costa e Silva, le sucedi√≥ ef√≠meramente tras la muerte por enfermedad del militar.

La increíble cantidad de vicepresidentes que reemplazaron al mandatario en ejercicio continuó en la historia democrática reciente de Brasil desde el mismo 1985.

El destino quiso que el entonces electo Tancredo Neves (importante opositor a los militares y l√≠der del movimiento pro elecciones libres Direitas J√°), falleciera producto de una infecci√≥n generalizada tras una intervenci√≥n quir√ļrgica por un tumor, justo antes de asumir el mando. Fue reemplazado por su compa√Īero de f√≥rmula, el candidato a vicepresidente, Jose Sarney.

Al concluir el per√≠odo en 1990, Sarney le traspas√≥ el mando a un joven e impetuoso pol√≠tico del norte, que encandil√≥ al Brasil a inicios de aquella d√©cada, Fernando Collor de Mello (el Indiana Jones de Am√©rica Latina, como lo llam√≥ Bush padre), quien hab√≠a derrotado a Lula en las presidenciales de aquel a√Īo.

Fernando Collor de Mello abandona el Palacio de Planalto tras su destitución.
Fernando Collor de Mello abandona el Palacio de Planalto tras su destitución.

El curioso destino de los presidentes brasile√Īos quiso que Collor fuera apartado del cargo por impeachment, por lo que el poder fue entregado a su vicepresidente, Itamar Franco. Por √ļltimo, el citado caso de Michel Temer, quien acompa√Īaba como vicepresidente a Dilma Rousseff hasta que √©sta fue separada del poder tambi√©n por impeachment en 2016.

Aunque este esbozo de tan dram√°tica sucesi√≥n de coincidencias sea una simple constataci√≥n estad√≠stica, se trata de una frecuencia que obliga a centrar la mirada en quienes van de compa√Īeros de f√≥rmulas en las elecciones presidenciales del 7 de octubre, especialmente de aquel que lidera las encuestas. Y quien acompa√Īa a Joao Bolsonaro es un general de Ej√©rcito recientemente retirado, Antonio Hamilton Martins Mourao.

A primera vista se trata de un compa√Īero de f√≥rmula muy inusual, pero en realidad su perfil va plenamente acorde a la visi√≥n que Bolsonaro tiene de lo que ocurri√≥ en Brasil en las d√©cadas del 60, 70 y 80. ‚ÄúBrasil precisa remedios fuertes‚ÄĚ, afirm√≥ hace poco el candidato presidencial, un excapit√°n de Ej√©rcito que defiende con ardor la sucesi√≥n de generales que gobernaron el pa√≠s entre 1964 y 1985. No debe extra√Īar entonces que el perfil del candidato a vicepresidente y la visi√≥n del posible ganador generen inquietudes en sectores b√°sicamente de izquierda del pa√≠s. Algo no menor en un pa√≠s que atraviesa una severa polarizaci√≥n.

Antonio Mourao | Renova
Antonio Mourao | Renova

Mourao es un general muy cr√≠tico con el estado actual de la democracia brasile√Īa y pone mucho √©nfasis en los males que la aqueja, como delincuencia, alta corrupci√≥n y descr√©dito de la clase dirigente. Ese diagn√≥stico lo lleva a avalar una l√≠nea de ensalzamiento de lo castrense; es decir manu militari como soluci√≥n. La gran duda es c√≥mo aquello se compatibiliza con el estado derecho. Su trayectoria da luces algo ambiguas.

El aspirante a la vicepresidencia tiene 64 a√Īos y pas√≥ a la reserva en febrero de este a√Īo, es miembro de un peque√Īo partido llamado Renovador Laborista Brasile√Īo (PRTB), una formaci√≥n que se remonta a una de las escisiones del antiguo Partido Trabalhista Brasileiro, de Getulio Vargas (presidente del pa√≠s en varias ocasiones), que se define como nacionalista y propugna una mayor participaci√≥n de los militares en los asuntos nacionales.

Sus declaraciones han alcanzado notoriedad por su explosiva ret√≥rica y controvertidas declaraciones. Una de ellas ocurri√≥ despu√©s de que Bolsonaro fuera atacado con un cuchillo, cuando se√Īal√≥ ‚Äúsi quieren utilizar la violencia, los profesionales de la violencia somos nosotros‚ÄĚ, lanzando un manto de duda acerca a qu√© se refer√≠a al se√Īalar ‚Äúnosotros‚ÄĚ.

Si quieren utilizar la violencia, los profesionales de la violencia somos nosotros
- Antonio Mourao

En el plano pol√≠tico, la designaci√≥n de Mourao como candidato a vicepresidente fue una sorpresa. Y las razones son varias. Primero, Bolsonaro se declara cat√≥lico practicante, mientras que Mourao es un hombre af√≠n al laicismo. Segundo, su designaci√≥n termin√≥ dejando de lado otras opciones, las cuales, desde una perspectiva populista o de coyuntura, pudiesen haber parecido m√°s atractivas, como la del pastor evang√©lico y senador Magno Malta, o la de la reconocida abogada Jana√≠na Paschoal, una de las principales impulsoras del proceso de destituci√≥n de la presidenta Dilma Rousseff en 2016, o bien, la del popular astronauta Marcos Pontes, √ļnico brasile√Īo que ha viajado al espacio en una misi√≥n de la NASA.

Por lo tanto, cabe preguntarse qué inclinó la balanza a favor del general.

Parece l√≥gico concluir que prim√≥ el ascendiente que Mourao tiene en las filas militares brasile√Īas al haber alcanzado el grado m√°s alto a que se puede aspirar en aquel ej√©rcito y ser, adem√°s, hijo de otro general, de su mismo nombre, y muy relevante en su tiempo.

En definitiva, aunque suene a especulaci√≥n, la evidencia estad√≠stica indica que la posibilidad de que el general Mourao termine en el Planalto no es baja. Ello a√Īadir√≠a un ingrediente algo corrosivo al ya sorpresivo curso que ha tomado la campa√Īa electoral brasile√Īa y cuyo test ser√° el 7 de octubre en primera vuelta y el 28 del mismo mes en segunda.

Una eventualidad que las elites de los países de la región no lograrían siquiera imaginar en este minuto pre-electoral.

Ivan Witker
Facultad de Gobierno
Universidad Central

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