Internacional
Dilma Rousseff: "No descarto una candidatura a senadora o diputada"
Publicado por: Alberto González La información es de: Agence France-Presse
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Dilma Rousseff luce más relajada que cuando estaba en la presidencia de Brasil. Bromea, repasa la apretada lista de conferencias que la esperan en Europa y Estados Unidos y por primera vez habla de su futuro político.

Destituida en 2016 por el Congreso, bajo la acusaci√≥n de adulterar las cuentas p√ļblicas, la exmandataria de izquierda pasa sus d√≠as en Porto Alegre (sur), donde sigue disciplinadamente su rutina de ejercicios y bicicleta y solo parece perder la paciencia cuando es consultada por el esc√°ndalo de corrupci√≥n en Petrobras que golpe√≥ a su gobierno.

“No ser√© candidata a presidente de la Rep√ļblica, si es la pregunta. Ahora, actividad pol√≠tica nunca voy a dejar de hacer (…) No descarto la posibilidad de una candidatura para cargos como senadora o diputada”, dijo en una entrevista exclusiva con la AFP en la tarde del viernes en Brasilia.

A sus 69 a√Īos, esta exguerrillera marxista solo disput√≥ dos cargos electivos en su vida: la presidencia que gan√≥ en 2011 y la reelecci√≥n de 2014, ambas por el Partido de los Trabajadores (PT).

Consultada sobre c√≥mo fue posible que desconociera la monumental red de sobornos que dren√≥ m√°s de 2.000 millones de d√≥lares de la petrolera estatal para financiar campa√Īas pol√≠ticas, Rousseff abandona el semblante afable que adopt√≥ tras su destituci√≥n

“Esos procesos son extremadamente complicados (…) Nadie en Brasil sabe sobre todos los casos de corrupci√≥n que hay a√ļn hoy”, afirm√≥.

Primera mujer en llegar a la jefatura de Estado del gigante latinoamericano, Rousseff conserva en su cuenta de Twitter la frase “presidenta electa de Brasil”.

Como el pa√≠s no otorga ning√ļn tipo de pensi√≥n a sus expresidentes, Rousseff se mantiene financieramente con los 5.300 reales mensuales (unos 1.700 d√≥lares) que recibe por sus aportes como funcionaria del Estado de Rio Grande do Sul y completa sus ingresos con el alquiler de cuatro departamentos familiares.

Impeachment

Ahijada política del exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva (2002-2010), emblema de una izquierda latinoamericana que perdió gran parte de su crédito por escándalos de corrupción, Dilma, como se la llama en Brasil, dice no haber tenido problemas al recorrer las calles del barrio Tristeza donde vive en Porto Alegre, ni cuando viaja a Rio de Janeiro para ver a su madre.

Pero con las cicatrices del impeachment a√ļn frescas en el pa√≠s, dice no tener garant√≠as, pese a contar con una guardia personal.

“Nada impide que alguien me agreda”, afirma.

Entre mayo y agosto del 2016, Brasil vivió un traumático juicio político cuyo acto final tuvo lugar en el Senado, donde Rousseff se defendió durante más de 10 horas.

Su caída estuvo precedida de una ráfaga de acusaciones de corrupción contra su partido, que alimentaron masivas protestas callejeras.

Rousseff dice repasar “sistem√°ticamente” los documentos del proceso que la sac√≥ del poder y seg√≥ un ciclo de m√°s de 13 a√Īos del PT en el gobierno, para reemplazarla por su vice, el conservador Michel Temer, a quien acus√≥ de encabezar un “golpe parlamentario”.

“Las piedras de Brasilia y los √Īand√ļes de Alvorada sab√≠an que estaban inventando un motivo para sacarme del poder”, sostiene, en una referencia al tiempo en que viv√≠a en el espectacular Palacio de Alvorada, rodeado de jardines interminables poblados de p√°jaros.

“Fue la llamada justicia del enemigo: no se juzga, se destruye”, agrega.

Lula

Un reciente sondeo colocó a Lula al frente de todos los escenarios electorales para 2018. Procesado en varias causas ligadas al fraude a Petrobras, su futuro es una incógnita.

“A pesar de todos los intentos de destruir su persona, su historia, Lula sigue en primer lugar, sigue siendo espont√°neamente el m√°s votado”, dice Rousseff, para quien hay un “segundo golpe” en ciernes: criminalizar a Lula para impedir que sea candidato.

Rousseff dice no guardar rencores personales contra quienes motorizaron su destitución, una actitud que conserva de sus tiempos de militancia marxista, cuando fue capturada y torturada durante la dictadura militar (1964-1985).

Y eso incluye al exjefe de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, cerebro detrás del impeachment, actualmente en prisión por una causa de corrupción.

“No tengo contra Eduardo Cunha ning√ļn sentimiento de venganza o cosa semejante. No lo tuve con mis torturadores. No les doy el lujo de odiarlos (…), porque implica un sentimiento tan fuerte como para tener una relaci√≥n personal que no quiero tener ni con los torturadores ni con Eduardo Cunha”, concluye.

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