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La actriz y cantante chilena Amaya Forch reveló que fue violada hace 30 años, cuestionando un proyecto de ley que modifica el procedimiento previo a un aborto por una de las tres causales permitidas en Chile. En una carta en El Mercurio, relató cómo la agresión la marcó y las dudas que tuvo sobre un posible embarazo. Criticó el proyecto "Escucha su corazón" que busca que las mujeres escuchen el latido del feto, considerándolo una presión cruel.
La actriz y cantante chilena Amaya Forch reveló que fue víctima de una violación hace unos 30 años y, a partir de esa experiencia, cuestionó duramente el proyecto de ley que busca modificar el procedimiento previo a una interrupción del embarazo bajo alguna de las tres causales permitidas en Chile.
La intérprete abordó el episodio en una carta titulada “Corazón de mujer”, publicada este fin de semana en la sección Cartas al Director de El Mercurio. En ella relató el impacto que la agresión dejó en su vida y las preguntas que enfrentó ante la posibilidad de haber quedado embarazada de su atacante.
“Hace 30 años viví un infierno en manos de un hombre cuyo rostro decidí olvidar. Con los años aprendí a convivir con el dolor, volví a confiar y he sido feliz. No obstante, hay preguntas que hoy vuelven a aparecer”, comenzó escribiendo.
Forch, reconocida por su trayectoria en teleseries, teatro y música, contó que después del ataque llegó a pensar qué habría ocurrido si hubiese gestado un hijo producto de la violación.
“¿Qué cruz habría cargado mi niño al saberse hijo de un violador? ¿Habría podido ocultarle la verdad? ¿Estaría condenada a mentirle a mi propio hijo para protegerlo de su origen? ¿Se parecería a su padre? ¿Vería la cara de ese monstruo en los ojos de mi niño? ¿Habría abortado?”, continuó.
El traumático episodio que Amaya Forch había contado
La actriz ya había hablado públicamente sobre la agresión que sufrió durante su juventud en Europa, aunque hasta ahora no había expuesto con tanta claridad algunos de sus alcances.
En 2023, durante una entrevista con el programa Chile lindo, de Canal 13, contó que a los 22 años se trasladó nuevamente a Europa. Allí, un productor musical le ofreció trabajar como corista de una conocida banda y la llevó hasta un supuesto estudio de grabación que, en realidad, era su propia casa.
“Me encerró ahí durante 16 horas”, relató en aquella oportunidad.
De acuerdo con su testimonio, llegó al lugar alrededor de las 18:00 horas. El hombre retiró la llave de la puerta y solo le permitió salir cerca de las 08:00 de la mañana siguiente.
“Todo lo que sucedió ahí es algo que yo sé que tengo que contar en algún minuto”, sostuvo entonces. También confesó que durante el episodio pensaba: “Esto que estoy viviendo no es real, no existe, no puede ser que exista”.
En la carta publicada ahora, Forch explicó que en aquella época vivía en Londres y que saber que en Inglaterra podía interrumpir legalmente un eventual embarazo producto de una violación le entregaba cierta tranquilidad.
“Ese respaldo humano y legal me daba algo de calma entre tanta angustia. No sé si lo habría hecho. Por suerte, nunca lo sabré. No tuve que tomar esa decisión tan difícil en medio del tormento”, señaló.
La intérprete afirmó que posteriormente regresó a Chile para buscar el apoyo de su familia, pero que no lo habría hecho si hubiese estado embarazada.
“No habría regresado. No a un país donde la moral castigadora era más fuerte que el dolor de tantas mujeres y niñas. No donde me tratarían de asesina cuando me estaba aferrando a la poca vida que sentía me quedaba”, escribió.La crítica al proyecto “Escucha su corazón”
El testimonio de Amaya Forch surge en medio de la controversia por el proyecto denominado “Escucha su corazón”, ingresado a la Cámara de Diputadas y Diputados el 25 de junio de 2026.
La moción busca modificar el artículo 119 del Código Sanitario y establecer que, antes de interrumpir un embarazo por riesgo vital de la mujer, inviabilidad fetal o violación, el médico deba informar si existe actividad cardíaca embrionaria o fetal detectable.
Cuando esta pueda detectarse, el profesional deberá ofrecer a la paciente la posibilidad de escucharla y realizar una “descripción objetiva” de ella. El texto indica que la mujer puede rechazar el ofrecimiento, pero agrega que el médico deberá negarse a practicar la interrupción “si esa situación se verifica”, redacción que ha generado cuestionamientos por sus posibles efectos sobre el acceso al procedimiento.
La iniciativa fue firmada por los diputados Cristóbal Urruticoechea y Álvaro Jofré, del Partido Nacional Libertario; Chiara Barchiesi, Catalina del Real y Claudia Reyes, del Partido Republicano, y Ximena Ossandón, de Renovación Nacional. No obstante, esta última retiró su apoyo al proyecto tras confesar que no lo había leído.
Para Forch, la propuesta no constituye una simple entrega de información clínica, sino una forma de presión contra mujeres y niñas que ya atraviesan situaciones traumáticas.
“‘Escucha su corazón’ se presenta como un acto de amor a la vida, pero no es más que un acto cruel de desprecio hacia la mujer. De solo pensarlo se me parte el alma”, manifestó.
La actriz cuestionó que se pretenda juzgar la forma en que cada víctima enfrenta las consecuencias de una agresión sexual: “¿Qué moralina retrógrada es esa que pretende calificar nuestro sufrimiento y decirnos cómo debemos lidiar con el espanto vivido?”.
Finalmente, llamó a los parlamentarios a destinar sus esfuerzos a entregar mayor protección a las mujeres.
“Los señores diputados podrían usar el suyo para crear leyes que nos den más seguridad a las mujeres, leyes que nos hagan sentir protegidas, no atacadas. No más de lo que ya somos”, concluyó.Lee la carta completa a continuación:
Corazón de mujer
Señor Director:
Quisiera invitar a escuchar mi corazón y el de demasiadas mujeres.
Hace 30 años viví un infierno en manos de un hombre cuyo rostro decidí olvidar. Con los años aprendí a convivir con el dolor, volví a confiar y he sido feliz. No obstante, hay preguntas que hoy vuelven a aparecer. Esa noche pude haber quedado embarazada. ¿Habría sido capaz de soportarlo? ¿Habría reído o llorado en el parto? ¿Mis constantes lágrimas habrían marcado a mi hijo? ¿Me habría sentido culpable como madre? ¿Qué cruz habría cargado mi niño al saberse hijo de un violador? ¿Habría podido ocultarle la verdad? ¿Estaría condenada a mentirle a mi propio hijo para protegerlo de su origen? ¿Se parecería a su padre? ¿Vería la cara de ese monstruo en los ojos de mi niño? ¿Habría abortado?
Vivía en Londres y ya en esa época en Inglaterra se entendía que el trauma de una mujer o niña por un embarazo por violación era mayor que el de un aborto. Ese respaldo humano y legal me daba algo de calma entre tanta angustia. No sé si lo habría hecho. Por suerte, nunca lo sabré. No tuve que tomar esa decisión tan difícil en medio del tormento.
Regresé a Chile. Necesitaba la contención de mi familia para seguir viviendo. Pero, ¿y si hubiese estado embarazada? No habría regresado. No a un país donde la moral castigadora era más fuerte que el dolor de tantas mujeres y niñas. No donde me tratarían de asesina cuando me estaba aferrando a la poca vida que sentía me quedaba.
Hoy la violación es una de las tres causales que permiten que en nuestro país sí se pueda terminar un embarazo de manera legal. Paradójicamente, hoy existe un proyecto de ley que quiere obligar a la mujer a escuchar el latido del corazón del embrión para así hacerla sentir culpable y ojalá lograr que desista de abortar.
“Escucha su corazón” se presenta como un acto de amor a la vida, pero no es más que un acto cruel de desprecio hacia la mujer. De solo pensarlo se me parte el alma. ¿Qué moralina retrógrada es esa que pretende calificar nuestro sufrimiento y decirnos cómo debemos lidiar con el espanto vivido? Espanto de sociedad que pretenden construir.
El tiempo es un aliado en la sanación. Los señores diputados podrían usar el suyo para crear leyes que nos den más seguridad a las mujeres, leyes que nos hagan sentir protegidas, no atacadas. No más de lo que ya somos.
AMAYA FORCH
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