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En invierno 2024, la zona central de Chile se vio afectada por intensas lluvias, provocando inundaciones y colapsos en Talca y Valparaíso. Expertos como Patricio González advierten sobre la urgencia de adaptar la infraestructura nacional a eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes. El cambio climático y el fenómeno El Niño son responsables de las lluvias intensas y la necesidad de prepararse para futuros eventos. Se espera un crecimiento exponencial de la vegetación, lo que podría aumentar el riesgo de incendios forestales en verano. Es crucial cuidar el agua, invertir en embalses y tecnología de riego para enfrentar un clima más extremo y escaso en precipitaciones.
La zona central de Chile acaba de vivir uno de los eventos meteorológicos más intensos del invierno 2024. En solo tres días cayeron más de 145 milímetros en zonas costeras del Maule, mientras calles de Talca y Valparaíso se transformaban en ríos y los pasos bajo nivel colapsaban.
Los llamados “ríos atmosféricos”, el fenómeno Godzilla y las trombas marinas dominan la conversación pública, pero ¿qué está explicando realmente esta seguidilla de sistemas frontales? ¿Estamos ante un comportamiento climático habitual o frente a un cambio estructural en los patrones del tiempo?
Para responder estas preguntas, Rodolfo Hahn conversó con Patricio González, agroclimatólogo y académico del Centro de Investigación de Transferencia de Riesgo y Agroclimatología de la Universidad de Talca.
González advierte sobre la urgencia de adaptar la infraestructura nacional a una nueva realidad climática marcada por eventos extremos que serán cada vez más frecuentes.
—¿Estas lluvias responden a un comportamiento normal del clima o estamos observando un cambio en los patrones históricos?
Hace tiempo que no utilizo el término normal, porque ¿qué es lo normal en un cambio climático asociado a un evento El Niño? Tuvimos en Talca, en tres días, más de 100 milímetros de agua caída. En Constitución fueron 145 milímetros. Entonces son situaciones extremas que nos está dejando el cambio climático y también el evento El Niño, que se retrasó un poco en llegar porque en mayo y junio no llovía mucho, había frío, incluso se dudó de su llegada, pero finalmente llegó.
El evento El Niño condiciona escenarios para que las lluvias sean intensas en corto plazo. Que en tres días caigan 145 milímetros en el Maule, sobre todo en los sectores de la costa, obviamente no es una normalidad. Ahora, no solamente debemos hablar de los milímetros caídos, sino también de cómo Chile responde en su infraestructura a estos extremos climáticos. Pareciera que estamos al debe. En Valparaíso, el agua caía por las escaleras, en Talca, las calles prácticamente eran ríos. ¿Está preparada la infraestructura de la zona central de Chile para recibir estos extremos climáticos que se van a volver a repetir en el futuro? Seguramente en agosto van a volver estos sistemas frontales, estos ríos atmosféricos, y vamos a tener impactos negativos.
—¿Qué le está pasando al planeta? ¿Cómo se responde desde la ciencia a esa pregunta?
Se han hecho 30 conferencias de cambio climático a nivel mundial, y eso no es banal. Se está reconociendo a nivel político que desde 1995, cuando empezó la primera conferencia en Berlín, el planeta ha ido cambiando, ha ido elevando su temperatura producto de las emisiones de dióxido de carbono. Y ese calentamiento excesivo que tiene la atmósfera lo tiene que liberar de distintas formas, haciendo que el clima se vuelva más extremo, porque es una energía calórica que debe liberar. Si a eso le sumas el evento El Niño, que va a alcanzar la categoría de extraordinario hacia finales de este año, que es más calor aún, eso explica que los sistemas frontales se carguen de más humedad.
Los ríos atmosféricos que son más frecuentes durante El Niño, traen mayor potencial de humedad. Nuestra geografía es muy complicada en la zona central: tenemos una cordillera de la costa, un valle central y una cordillera de Los Andes muy junta con la de la costa que está a más de 3.000 metros, lo que hace que el río atmosférico suba violentamente, se enfríe y deje estas lluvias intensas. Estamos en un planeta en el que el clima se ha vuelto extremo a partir del año 2000 en adelante. Y eso lo refleja en que en tres días caigan 145 milímetros en una zona central costa y que deje los estragos que hemos visto. Y no solamente en la parte urbana. Me preocupa la parte rural, la parte agrícola. Copiapó, Valparaíso y Santiago se declararon en emergencia agrícola. Es válida la pregunta: ¿cómo respondemos políticamente a estos extremos climáticos que se van a seguir produciendo? Porque esto va a ir aumentando en el tiempo.
La diferencia entre variabilidad natural y cambio climático
—¿Cómo distinguir lo que corresponde a la variabilidad natural del clima de los efectos del cambio climático? ¿Qué es lo normal y cuándo estamos observando algo distinto?
Hay una variabilidad climática normal que tiene una recurrencia mucho mayor en el tiempo. De hecho, hemos pasado por glaciaciones, por grandes sequías, también por grandes lluvias, pero son variabilidades climáticas que toman 60.000, 30.000 años en producirse. Cuando hablamos de cambio climático, son aquellos cambios que se han producido en los últimos 50, 70 años, y eso ya deja de ser variabilidad climática. Obviamente, hay un factor humano, porque se está provocando por la emisión de dióxido de carbono, fundamentalmente. Al estar más cálida la atmósfera, se aceleran estos procesos que en el pasado geológico eran más lentos. Al ser más rápidos, más intensos en corto plazo, eso afecta a la humanidad y especialmente a Chile. Hay que recordar algo: el cambio climático, del cual se han hecho más de 30 conferencias a nivel mundial para ver cómo reducir la temperatura de la Tierra, está dejando una megasequía en la zona central de Chile, entre Coquimbo y Puerto Montt.
La tendencia es que en esa área va a llover cada vez menos. Esa va a ser nuestra realidad, interrumpida cada tres o cuatro años por un evento El Niño, como este año, en que llueve torrencialmente, con mucha nieve, pero esto va a terminar en otoño del próximo año y seguramente los dos próximos años que vengan van a ser con déficit pluviométrico. Entonces, lo que nos está salvando es el evento El Niño, que nos trae esta precipitación, porque recuerda que en mayo y junio de este año llevábamos más de un 90% de déficit de lluvias, de nieve, y los embalses estaban bastante bajos. Y este evento El Niño, entre julio y agosto, nos dejó un superávit en toda la zona central de Chile, excepto Santiago y Puerto Montt, pero las demás ciudades ya al día de hoy tienen superávit. Hay que recordar que esto va a pasar, el evento Niño se va a terminar, nos va a dejar un acopio importante de nieve y agua en los embalses, pero los próximos años va a seguir la tendencia a una caída pluviométrica, una megasequía que empezó entre 2007 y 2010 aproximadamente. Si no hubiese habido evento El Niño, habríamos tenido una sequía más histórica.
—¿Qué rol tienen entonces los fenómenos como El Niño y La Niña en comparación con el calentamiento global?
El evento El Niño y La Niña siempre ha estado presente en nuestra realidad, es parte de nuestro clima, está antes del cambio climático. Incluso los incas ya conocían los efectos. Tuvimos eventos El Niño en el 65, el 82, el 97, el 2002. Cada cierto tiempo venía un evento El Niño y después un evento La Niña que nos dejaba una sequía, pero esa sequía terminaba y volvía una situación normal, otro evento El Niño, y así era la sucesión. Ahora, con el cambio climático, el evento de La Niña dura de dos a tres años y nos deja sequía, mientras que el evento El Niño no dura más de un año. Esa ha sido una de las características. Tuvimos 2020, 2021 y 2022 con un evento La Niña que nos dejó baja pluviometría. En 2023 tuvimos un evento El Niño fuerte. Después del evento que tenemos en este momento, seguramente va a venir un evento de La Niña, que se caracteriza por dejarnos déficit de precipitaciones, y que a lo mejor se instalará el 2027 o 2028, porque se van en un proceso cíclico. Lo que llama la atención, quizás sea por el cambio climático, es que el evento La Niña normalmente dura más de dos años, incluso tres años. En cambio, el evento El Niño no dura más de un año. Son eventos que algunos modelos estiman que se están potenciando con el cambio climático.
El riesgo que se viene: incendios forestales y daño agrícola
—Es probable que tengamos precipitaciones en agosto, septiembre, octubre. Por lo tanto, es posible un crecimiento exponencial de la vegetación, lo que nos podría traer serios problemas para el verano, porque ese pasto que creció se va a transformar en combustible. ¿Estamos ante un inminente posible peligro para el verano?
Tu pregunta la enfoco en dos sentidos. Uno, es el riesgo de los incendios forestales, que siempre va a haber en Chile, porque son provocados por el hombre. Con esta lluvia y probablemente con las lluvias de primavera va a crecer más la vegetación. Después van a venir temperaturas muy altas, olas de calor que normalmente están asociadas al evento El Niño, de 38, 39 grados. Incluso hasta podríamos llegar a los 40 grados en la zona central, en Los Ángeles, en Chillán, en el Maule interior. Eso, obviamente, va a dejar el ambiente propicio, si hay una negligencia humana, que se creen incendios forestales bastante intensos. Esa es una probabilidad alta. Lo otro es que las lluvias puedan extenderse, porque el evento del Niño sigue creciendo. Como ocurrió en 1997, puede que llueva en septiembre, octubre, noviembre. Lluvias de un día o dos días, pero que afectan a la agricultura, que está ya en proceso de floración. Una lluvia puede caer sobre los frutos, las cerezas, por ejemplo, y partirlos. Puede haber un sistema frontal frío que te deje granizadas en las zonas agrícolas. O una helada que dañe la viticultura. Es una probabilidad bastante alta, lamentablemente.
—Si tuviera que explicar brevemente qué está ocurriendo con el clima en Chile y el planeta, ¿cuáles serían las tres ideas claves que todos deberíamos entender?
Lo primero es que el clima nuestro mediterráneo ha ido evolucionando a situaciones extremas, temperaturas extremas, lluvias extremas, y que la normalidad se ha ido perdiendo. Segundo, que las estaciones intermedias, primavera y otoño, se han ido acortando y se ha ido alargando el verano, que ya empieza por ahí por octubre y termina incluso a fines de marzo con temperaturas bastante altas. Y tercero, es que las precipitaciones cada vez van a ser menos, interrumpidas por estos eventos Niño de un año. Por todo lo anterior, hay que cuidar el agua, hay que cuidar el agua para el riego, hay que hacer más embalses, más infraestructura de riego para retener las lluvias de inviernos que cada vez van a ser más cortos, pero más intensos en precipitaciones. La única manera es generar infraestructura para ir guardando esta agua para los largos veranos que se van a venir con olas de calor muy intensas. Políticas de inversión en embalses, en tecnología de riego tecnificado, pueden mantener nuestra agricultura de exportación, que genera mucho alimento, mucho empleo y, obviamente, muchos recursos para el país, desde Copiapó hasta Puerto Montt. Esas son las ideas centrales que hay que tener presentes.
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