La disputa por la Ley de Reconstrucción del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha fracturado al mundo municipal. La compensación por la exención de contribuciones para mayores de 65 años en su primera vivienda dividió a los alcaldes.

Sebastián Sichel, exministro y excandidato presidencial, y alcalde de Ñuñoa desde hace un año y medio, propone cambios profundos al sistema de contribuciones.

Desde su experiencia como abogado y expresidente del Banco Estado, sostiene que el actual modelo tributario territorial es injusto, y convierte a los alcaldes en defensores de sus propios presupuestos antes que en representantes de los ciudadanos.

En esta entrevista con Tomás Mosciatti, cuestiona los incentivos perversos de un sistema que, según afirma, termina expoliando el patrimonio de las familias.

—¿Está a favor de la exención del pago de contribuciones para mayores de 65 años?

Completamente a favor. Llevo un año y medio peleando por esto desde la Municipalidad y hartos años más desde lo académico. Los impuestos son medios y no fines. Las contribuciones son un impuesto territorial anormal. Primero, porque tiene un fin específico que es financiar a los alcaldes, que se convierten en los mejores lobbistas del mundo, transversalmente. Porque si subo las contribuciones, los alcaldes tienen más plata para hacer gestión. A eso se suma que el Estado descubrió una fórmula para sacarle más plata al contribuyente con los ahorros de su vida, que es el patrimonio, que es la casa, a través del reavalúo sistemático de la propiedad. Un dato de Ñuñoa, pero que vale para todo el país: han subido un 100% las contribuciones en cuatro años. El promedio era de 130 mil pesos y ahora es de 250 mil. Antes pagaba el 20% de los vecinos, hoy día paga el 76% según la proyección.

—¿Por qué considera que ese es un impuesto injusto?

El Estado hace un impuesto injusto de tres formas. Uno: Se pasan por cualquier parte los derechos sociales. Tú tienes derecho a jubilar a los 65 años, salvo para seguir pagando contribuciones. Si hay un derecho social a la jubilación, lo lógico es que no pagues por tu patrimonio después de eso. Segundo: Evalúa el monto a pagar unilateralmente y de manera opaca, como lo reconoce el mismo Servicio de Impuestos Internos. Y tercero: te pide por anticipado el pago. Es increíble, te dice: “Si vendes tu casa, va a valer 300 millones, pero págamelo hoy día como si la hubieras vendido”. A mí me preocupa que la gente quiera ahorrar y comprarse una casa. Fui presidente del Banco Estado, y hoy día veo avisos publicitarios que dicen “Pida su crédito de consumo para pagar su contribución”. ¡Esto no tiene sentido! El Estado se transformó en un acreedor leonino, un expoliador. Cuando estaba en el Banco Estado, la gente llegaba y me decía: “Me van a quitar la casa”. Y les decía: “No soy yo, porque usted tiene seguro de desgravamen, tiene seguro de cesantía, pero el Estado le va a cobrar aunque esté enfermo, aunque tenga una enfermedad terminal, aunque tenga incapacidad total, aunque sea adulto mayor”. Es el acreedor, ¡lejos!, más draconiano que hemos tenido en el sistema.

—¿Por qué los alcaldes no discuten que hay que bajar las contribuciones en lugar de pedir compensaciones?

Por dos cosas que son bien perversas. Se transformaron en lobbistas de sus propios recursos. Todos, transversalmente, andan pidiendo más plata y usan de rehenes a las personas. Dicen: “Yo estoy disponible a bajarle las contribuciones a los 65 años, si es que el Estado me asegura la plata de vuelta”. Tener de rehén a tu contribuyente es lo mejor. Pero, además, algo que nadie ha dicho: cobrar una contribución es costo cero para el alcalde. La cobra la Tesorería General de la República. El contribuyente se pelea con la Tesorería, no con el alcalde. Pero cuando cobro patente o derecho de aseo, el alcalde es el cobrador de ese, el señor que vota por mí. Es mucho más fácil que recaude el Estado central por mí, no me genera un problema político y, por lo tanto, tiro la pelota para allá. Y después hay algo peor: al transformarnos los alcaldes en lobbistas de nuestra propia plata, no nos obliga a ser más eficientes, porque cada día nos llega más plata. La reevaluación ha significado 30 mil millones de pesos más de ingresos para Ñuñoa en los últimos años.

La batalla política de las compensaciones

—El ministro Quiroz dijo: “Si los alcaldes prefieren que no los compensen, no se compensa nomás”. ¿Qué opina de esa postura?

Terminamos en una pelea de cabros chicos. Mira al alcalde Vodanovic, a la alcaldesa Delfino, diciendo que esto es un problema de ricos y pobres. Y esconden la realidad. Maipú recibe 74 mil millones de pesos de compensación del Fondo Común Municipal y está peleando por más plata. 74 mil millones, casi el presupuesto de Ñuñoa, para que nos hagamos la idea, es lo que recibe Maipú de compensación de los municipios y Vodanovic habla de los municipios ricos. Es una pelea del capitalismo más salvaje. Cada uno se está rascando con sus propias uñas para pelear por más plata, sin ninguna medida de eficiencia. En eso estoy de acuerdo con Quiroz. Lo dije públicamente: no me importa que nos compensen, me importa que se rebajen las contribuciones. Yo no soy alcalde para tener más plata para la municipalidad, soy alcalde para que la gente viva mejor. Pero aun así él gobierno hace lo que tiene que hacer, ofrece una compensación, hay un acuerdo. Y aparecen otra vez con este populismo, con esta falta de información numérica, diciendo: “No, pues, que a Las Condes le dan más que a mí”. También podría aparecer el alcalde de Coyhaique diciendo: “Maipú se lleva 74 mil millones del Fondo Común Municipal y yo menos”.

—Algunos plantean que el 35% que se queda cada municipio debería ser mayor, que el 65% al Fondo Común Municipal es mucho…

Ñuñoa tiene más o menos 80 mil millones de presupuesto. Maipú, solo por compensación del Fondo Común, recibe casi el mismo presupuesto de toda Ñuñoa. Y ahora está reclamando por más. ¿Le agregamos la plata que le da el gobierno regional, que es más que la que nos da a todos nosotros, además de lo que le dio el gobierno de Boric? Aquí lo que están pidiendo son privilegios. Que otro municipio le financie su mala o buena operación. Habría que ver cuánto pierden o cuánto evaden de patente, de derechos de aseo esos municipios, para ver si no es mejor que hagan bien su pega en vez de andarle pidiendo plata a los otros que sí hacen bien su pega. Por lo tanto, no es una pelea de ricos y pobres. Es una pelea de eficiencia e ineficiencia. Y también de justicia e injusticia. ¿Es justo que se le cobre las contribuciones a los mayores de 65 años? No.

—¿Qué le pareció que el ministro Quiroz pidiera a cambio de la compensación la totalidad de la planilla de trabajadores municipales?

Es que hay mucho escondido. Lo vi cuando asumí, después de la gestión del Frente Amplio acá en Ñuñoa. Las corporaciones municipales tenían plantillas abultadas, llenas de prestaciones de servicios, llenas de proveedores. Te empiezas a dar cuenta que el Estado es un gran animal, y que se puede gastar bien o gastar mal. Si eres ineficiente, estás buscando plata en otros lados. Mi propuesta era que nos ayuden a cobrar las patentes y la evasión de patentes, es decir, que en el impuesto a la renta se declare la patente al día. Oblíguenos a cobrar los derechos de aseo. Es impopular, pero ahí sí efectivamente hay derechos que todos tenemos que pagar porque nos retiran la basura. Y los alcaldes de izquierda están diciendo: “No, quítele al otro. Parece que hay un problema bien de fondo en la administración de esos municipios y Quiroz pone el dedo en la llaga, les dice: “Muéstrenme cómo gastan la plata.

—El Fondo Común Municipal creció tres veces más rápido que la inflación entre 2016 y 2025. El ingreso municipal disponible creció 48,4% real. Las contribuciones han subido un 26,5% real. ¿Resiste análisis esto?

No. Alguien que pagaba 150 mil ahora paga 300 mil. En Villa Frei, la señora Marta, de 101 años, hace 8 años pagaba 400 mil pesos, hoy día paga 1 millón 200 mil. ¿Acaso esa señora tiene más plata que antes, tiene más poder adquisitivo, puede pagarle más al Estado? No. Y me parece que aquí está la deshumanización del debate. No están preocupados de la señora, están preocupados de la plata para contratar a la gente que tienen en la municipalidad. La izquierda chilena se ha transformado en una “izquierda whisky”, que está defendiendo su derecho a contratar y no el derecho del contribuyente, a que el Estado no le termine quitando la casa.

Alcaldes administradores o activistas políticos

—La presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, dijo hace unos días que la oposición va a hacer política desde los municipios. ¿Son administradores municipales, o son activistas políticos?

Esa entrevista desvela lo que estoy viendo en este debate: un debate de la oposición política articulada a través de los municipios contra el gobierno de turno. La gran diferencia que tenemos los alcaldes con los parlamentarios es que nos elige un alto porcentaje. Yo soy alcalde de todos, y por eso me preocupan las contribuciones de todos los vecinos. Pero cuando te transformas en un actor político, pasas a ser un parlamentario sentado en un municipio, y lo te preocupa es cuánta pega puedes dar, cuánta plata te llega de financiamiento a fin de mes y cómo lo reportas a tu sector político. He visto que el Frente Amplio y el mundo de oposición en los municipios se articulan desde esa lógica. Si es esa la discusión, entonces no son alcaldes.

—¿Cómo están las relaciones con José Antonio Kast? ¿Está vigente lo de “derecha cobarde”?

Voy a decirlo: tenemos diferencias profundas. Nos hemos dicho cosas. Pero ahora soy alcalde y él es presidente de la República. Soy republicano en el sentido estricto de la palabra y respeto la autoridad del presidente. Pero, además, estamos de acuerdo en las tres cosas que a mí me importan para Ñuñoa. Uno, que los colegios no se vayan al SLEP, porque los van a matar. Nosotros tenemos los mejores colegios de Chile. Dos, en el tema contribuciones, yo le entregué una minuta antes de ser presidente con tres cosas. Una, la eliminación a los 65 años, que está cambiando. Me faltan las otras dos, el seguro de cesantía y desgravamen para el pago de contribuciones. El tercer punto de acuerdo es la seguridad. Tuvimos un mal comienzo, pero hoy día con el ministro Arrau estamos trabajando en conjunto. Por lo tanto, en mi rol institucional tengo muy buenas relaciones con el presidente de la República.

—¿Kast es hoy el primer presidente pinochetista?

Probablemente sí. Creo que es un demócrata pinochetista, pero en eso está lejos de mí.

—Pero Kast es el creador del Partido Republicano y ellos dicen “derecha cobarde” refiriéndose a su sector…

Estoy leyendo el libro de Tony Judt que se llama Posguerra. Ese tipo de lenguaje de la posguerra es absurdo en la modernidad. Primero, porque creo que esos ejes izquierda-derecha son vintage en el sentido político. Espero que el mundo republicano abandone ese lenguaje, no por el lenguaje, sino porque es absurdo. ¿Me hace más valiente o más cobarde estar de acuerdo con este proyecto de ley? Estoy completamente en desacuerdo con el proyecto de aborto que han presentado. ¿Soy cobarde por eso? No. Defiendo lo que yo creo, que en este caso, para mí, es un atentado contra ciertos derechos de la mujer. Si entras en ese debate, va a quedar un gobierno reducido a un tercio de la población. Y eso nos lleva, vuelvo a Tony Judt, a gobiernos de tercios que no pueden administrar los países, que es el problema que tenemos en Chile.

—¿No habrá algo más de fondo, que a cierta derecha le falta autocrítica? Critican la reforma tributaria de Bachelet, pero votaron por esa reforma…

No tiene que ver con cobardía o valentía. Yo creo que se siguió estirando el chicle de los acuerdos más allá del momento en que esos acuerdos se tenían que construir. En Bachelet II me salí de ese gobierno antes de entrar, me declaré opositor cuando se metió el Partido Comunista. Porque, dije, todo tiene un límite. Por supuesto que hubo errores. Lo he dicho en términos políticos. Creo que hubo un error, en el estallido social, de no entender que ahí había violencia pura y que había que atacarla. Y hubo demasiada culpabilidad en ejercer la autoridad. Así como ha habido un error en no entender que una política social bien hecha, exigente, no plata para el Estado, es necesaria en una sociedad que todavía no aumentaba los ingresos promedio de una familia. La política, en general, debería aprender lecciones. ¿Qué defiendes? No porque otro te trate de cobarde, de valiente, de fascista, sino porque defiendes lo que crees y no lo que está de moda.

—¿Este es un gobierno poco sofisticado?

Deja decirlo al revés. Yo creo que la derecha tiene ese problema hace mucho tiempo en Chile. Sigue con el modelo de los años 1980, que apunta a las “condiciones higiénicas” básicas: que el país tiene que crecer y que tiene haber seguridad. Está bien. Pero el problema hoy día es mucho más sofisticado. Para mejorar la economía no solo hay que bajar impuestos, hay que hacer hartas cosas más. ¿Va a haber instrumentos de financiamiento más diversos? ¿Va a apostarse a alguna industria? ¿Va a apostarse a relaciones geopolíticas con China? Hay una decisión más sofisticada respecto a cómo tienes que crecer que simplemente decir “baja los impuestos”. En seguridad, es bueno hacer operativos de sopetón, pero después de eso, dígame, ¿qué pasa con los delincuentes? ¿Qué pasa con la responsabilidad penal adolescente? Yo espero que el gobierno salga de esta etapa de crisis, que es recuperar las condiciones higiénicas. El primer año puede ser, pero el segundo año, no.