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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El senador Juan Luis Castro calificó como desafortunada la semana convulsa en la oposición y el PS, destacando las tensiones generadas por el acuerdo entre senadores del PPD y el gobierno en la megarreforma. Enfatizó la importancia de centrarse en los problemas del país y evitar disputas internas. Respecto a las tensiones en el PS, Castro llamó a evitar la 'chimuchina' y mantener el respeto.

Ha sido una semana convulsa, tanto en la oposición como al interior del Partido Socialista (PS). Una situación que, para el senador Juan Luis Castro, ha sido desafortunada para la imagen de la histórica colectividad.

Fue el acuerdo entre senadores del PPD y el gobierno, en el contexto del debate de la controvertida megarreforma, el que desató tensiones en el sector. Esto, a juicio del parlamentario, derivó en palabras altisonantes, especialmente en el Senado. “Me extraña porque es la Cámara Alta”, reflexiona.

El PS, en particular, tampoco ha estado exento de este tipo de tensiones entre liderazgos internos, con acusaciones que incluso han sido públicas. Ante esta situación, Castro pide “dejar la chimuchina” y asegura que es algo que pasa en todos los partidos.

“De tanto en tanto se ventilan cosas que ojalá se pudiera lavar la ropa sucia en casa”, plantea. Pese a esto, descarta que existan dos almas al interior del partido de Salvador Allende.

¿Cómo fue la reunión entre los partidos de oposición, después del polémico acuerdo senadores PPD-gobierno por la megarreforma?

Fue una reunión más positiva de lo que esperaba, porque hubo mucho sinceramiento del momento difícil y turbulento que han tenido diversos partidos políticos, que es la hora de que la oposición tome un camino serio y claro, que coloque en el eje los problemas de la megarreforma y que, más que intereses de grupo o de partidos, tiene que ver un interés común: articular una fuerza progresista que con representación parlamentaria y social haga fuerte su pensamiento dialogando, pero también siendo de mucha convicción en la tarea que está por delante, que es resguardar los derechos sociales.

¿Hubo algún mea culpa al respecto?

Todos los presidentes expresaron de algún modo una voluntad de mejora, en el sentido de corregir, de tener cautela, de usar adecuadamente el lenguaje, de no ser disruptivo, sino que ayudar a lo propositivo, que es lo que a la gente le interesa más que la disputa o más que la pirotecnia de dimes y diretes que ha primado desgraciadamente en estos últimos días.

Como sector sacaron la declaración conjunta en la que ratifican la decisión de ir al Tribunal Constitucional. En ese contexto, ¿en qué pie quedaron los senadores del PPD que llegaron a un acuerdo con el gobierno?

Ese acuerdo fue bastante súbito. El presidente del PPD (Raúl Soto) ha sido taxativo en que es un acuerdo parcial que no involucra a todos los senadores PPD, que no es suficiente para que ese partido no deje de concurrir con todos nosotros al Tribunal Constitucional por los temas tributarios y por los temas medioambientales. Por lo tanto, quedó como una situación aislada que no va a tener un mayor impacto ni en la votación ni tampoco en la decisión de los partidos políticos opositores de seguir adelante con el esfuerzo de corregir esta megarreforma que está hoy día en un punto delicado, al borde de votarse.

Quiero citar al senador Iván Flores (DC), que acusó que los senadores PPD “se vendieron”. ¿Usted cree que es así o piensa que ese lenguaje se excede?

Ha habido palabras altisonantes de distintas figuras y parlamentarios en estos días, en especial en el Senado, cosa que me extraña porque el Senado es la Cámara Alta. Se entiende que hay un mejor nivel de debate de los temas más de largo aliento y que interesan al país. Me preocupa que haya más adjetivos que sustantivos, que haya más epítetos que conceptos que demuestren cuáles son los contenidos que cada cual quiere decir. Entonces, creo que hay un clima de irritabilidad que existe en el país, por lo demás, pero que en la clase política, y ese fue el acuerdo que tomamos hoy, debe irse alejando cada vez más desde la arena chica, de los intereses individuales, al desafío que tiene el progresismo hoy día, que es enorme, sobre todo en un tiempo de gobierno conservador.

¿Ve como un riesgo que se equipare el nivel de la discusión? En el Senado, así como es en la Cámara de Diputadas y Diputados, como lo menciona.

Espero que no, porque el Parlamento, como lo dice el término, es para hablar, es para dialogar. Otra cosa es llegar a acuerdo y, si se llega a ello, hay que hacerlo con el mayor respaldo posible y eso es lo que queremos que ocurra, teniendo mejor trato y diálogo entre nosotros, dentro de los partidos y con los diferentes partidos políticos, pero a la vez avanzando. El espectáculo que se da a veces, de que haya una trifulca en el seno de partidos de izquierda, solo aleja a la gente de la posibilidad de creer en la política, ni siquiera de adherir a otro partido, sino que coloca la peor versión del estilo de hacer cosas que son inconducentes, que no le interesan a las personas y que solo termina haciendo una especie de hoguera de las vanidades. Eso es lo que queremos erradicar de algún modo, de la forma en que han sucedido determinados hechos políticos que en el oficialismo también sucede. Si uno mira para el otro lado, las trifulcas, las reyertas entre distintos partidos de derecha están a la orden del día. Este es un fenómeno más universal que debe llevar a que la clase política en general tome un camino distinto, de no distanciarse tan severamente de la gente.

Esta semana se han visto varios momentos tensos en la interna de su partido; de hecho, incluso circuló un video de un tenso cara a cara entre las senadoras Paulina Vodanovic y Daniella Cicardini. ¿Qué tanto afectan este tipo de hechos al Partido Socialista?

Han sido días desafortunados en cuanto a la imagen de una institución tan fuerte e histórica como el Partido Socialista, que se vea envuelta en una disputa en donde el origen son más bien los fantasmas que las realidades, donde se ha reafirmado que la institución, la mesa del partido, seguimos vigente y seguimos interlocutando con todos los actores, pero debiera ser muy por sobre la chimuchina, muy por sobre el dimes y diretes que se ha visto en estos días y que no es parte del socialismo en su esencia. Eso hay que sacarlo como estilo de una discusión de cara al país que requiere otra estatura, requiere un señorío distinto para estar a tono con el requerimiento ciudadano que nos situó en la oposición, que representamos un mundo que existe y que hoy día se pronuncia, que espera y que nosotros debemos conducir. Entonces, no debemos comportarnos como rebaños, debemos comportarnos como líderes que estamos a la ciudadanía tratando de dar señales de avance en nuestras propuestas, a veces con dificultad, pero no de una lucha intestina, como de pronto parece.

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Han sido días desafortunados
- Senador Juan Luis Castro por interna en el Partido Socialista (PS)

¿Hay chimuchina al interior del Partido Socialista?

En todos los partidos, de tanto en tanto se ventilan cosas que ojalá se pudiera lavar la ropa sucia en casa. Eso sería lo óptimo; no siempre ocurre, pero eso no nos mueve un milímetro del propósito de fondo y ese ha sido el rol que me ha tocado en el caso de los senadores, que incluso son senadores PS-PPD y Liberal, en la bancada más grande que hay en el Senado, donde yo estoy jugado al 100% por permanentemente situar a nuestro comité, que es el único comité del Socialismo Democrático estructurado formalmente, como una señal predictora de que en el futuro podemos tener un horizonte con liderazgos y con propuestas mucho más sólidas que representen.

Las diferencias son legítimas en política, ¿pero no cree que es una mala señal que sean tan públicas?

Por supuesto.

¿Hay dos almas?

Lo que pasa es que si hubiera dos almas, habría dos cuerpos, habría dos tesis, habría dos planteamientos. Pero cuando a veces se carece más bien de un contenido que exhibir como antagónico a otro, sino que más bien son luchas de protagonismo, son luchas de figuración, son luchas de encuestas, son luchas de presencia mediática o no, de reels, de redes sociales o de frases más disruptivas y rimbombantes una de otra, la verdad es que esa superficialidad no le hace bien a la política. Y eso es lo que a mí me parece que hay que combatir: volver a situar la política en el tono no solo de respeto, en este caso, respeto a la misma institución del Partido Socialista que yo respeto y que apoyo, sino también del respeto a la gente que merece políticos que estén a una envergadura muy distinta a una pelea de barrio.

¿Cómo se percibe el liderazgo de Paulina Vodanovic al interior del PS? Este episodio con la senadora Daniella Cicardini no es la primera vez; en su momento, el exdiputado Jaime Naranjo acusó “matonaje político” y “hostigamiento”.

Ella es la presidenta del PS, está en su segundo período, ha sido elegida senadora por ocho años, tiene todo un futuro por delante y ha entregado todo lo mejor de sí en una época difícil donde fuimos parte del gobierno del presidente Gabriel Boric, pero también con muchas diferencias por el lugar que ocupaba el Socialismo Democrático, y ahora como líder de un partido como el socialista, que articula también en un rol importante a todos los sectores de la oposición. Yo creo que ella ha sido injustamente atacada; no merece ni descalificaciones ni menos que se le coloquen adjetivos o fantasmas sobre ella que induzcan a la sospecha o a su credibilidad como figura pública que siempre la ha mantenido. Me constan todos los esfuerzos de Vodanovic por aunar al Partido Socialista y creo que eso tiene que tener un correlato y me parece un tanto frívolo que sea objeto ella de descalificaciones que son totalmente infundadas, pero aun así han sido días erosivos, muy friccionados, y yo en eso no me pierdo un minuto en acompañar a la primera figura del PS, también a la mesa directiva, al comité de senadores, porque la institución tiene que prevalecer por sobre los avatares y por sobre las luchas a veces turbulentas que se dan en el seno de todas las colectividades, porque aquí no se salva nadie, todos los partidos tienen problemas de convivencia que tienen que ir superando.

En el marco del debate por la megarreforma, ¿cuánto espacio hay para negociar? O van a rechazar la iniciativa sí o sí.

Estamos llegando ya a la recta final; se vota el día miércoles 15, todo en el Senado. Yo creo que estamos en las horas en que se están entregando las últimas indicaciones. A contar del lunes, martes o miércoles entran las votaciones de comisión. Yo creo que el gobierno está agotando sus últimos cartuchos de tratar de buscar acuerdos muy parciales sobre ciertos temas puntuales, sabiendo que el corazón de la reforma se ha mantenido relativamente intocable y sabiendo que nosotros vamos a recurrir —claramente toda la oposición— al Tribunal Constitucional en dos sendos escritos, uno de los parlamentarios diputados y otro de los senadores. Eso es lo que va a ocurrir en los próximos días y, por lo tanto, ahí se va a dirimir una parte del núcleo tributario tan sensible como esa llamada invariabilidad, que ha ocurrido muy pocas veces en la historia del país. En tiempo de Pinochet fue una, después fue por el terremoto y después ocurrió en otros momentos como el actual, que poco tiene que ver con circunstancias excepcionales, pese a que le llaman ley de la reconstrucción.

La presidenta del Senado, Paulina Núñez, dijo entender que, si se llegaba a un acuerdo respecto a la invariabilidad, la opción de ir al Tribunal Constitucional se caería. ¿Es así o lo descarta?

Nosotros no tenemos ningún acuerdo de invariabilidad con el gobierno y, por lo tanto, hemos resuelto ir al Tribunal Constitucional. O sea, nuestra decisión es invariable más allá de los acuerdos parciales a los que hayan llegado senadores de otra colectividad, como fue el caso PPD, que tampoco cuenta con el respaldo de su partido. Por lo tanto, el escenario no ha variado.

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Nada ha cambiado sustantivamente para la convicción que tenemos ya férreamente y unitariamente definida de ir al Tribunal Constitucional
- Senador Juan Luis Castro (PS)

En cuanto al rol de la oposición. ¿Podría asegurar que se ha logrado una articulación? Se lo pregunto porque desde la DC, el senador Francisco Huenchumilla instó al PS a liderar al sector, pero reconociendo una suerte de desorden.

Huenchumilla tiene una mirada de largo aliento, premonitoria y generosa porque la Democracia Cristiana lideró a las fuerzas progresistas en el retorno a la democracia. Recordemos los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei, donde ellos, y así lo aceptamos todos, lideraban a nuestras fuerzas políticas. Luego vinieron otros momentos donde Ricardo Lagos y Michelle Bachelet tuvieron los liderazgos principales. Hoy que estamos en un gobierno más bien de derecha, ultraconservador, necesitamos unidad de propósito, liderazgo y proyecto. Esas tres cosas: unidad, liderazgo y proyecto. Y en ese plano, las palabras de Huenchumilla sitúan con más responsabilidad todavía al socialismo, porque él renuncia, como buen democratacristiano, a ser esa colectividad a la que lidere, sino que dice: Mire, para los tiempos de hoy, quienes debieran encabezarnos, articularnos y unirnos son los socialistas. Yo eso lo tomo, y se lo fui a decir a él personalmente, como una enorme responsabilidad y una tremenda generosidad de un líder de tantas décadas que sabe por su sabiduría qué hacer frente a momentos de crisis, momentos difíciles mirando al futuro.

¿Y el PS podría cumplir ese rol considerando sus mismos desencuentros internos?

El Partido Socialista tiene una buena valoración en la opinión pública, en distintas mediciones. Es un partido que ha mostrado responsabilidad, meritocracia en su desempeño, múltiples liderazgos, no uno solo. Entonces, el Partido Socialista debe dejar atrás estos momentos —en cierto grado— de trincheras y polémicas artificiales que se gestaron en su interior, que fueron injustas e impropias, y debe restablecer un clima de diálogo interno, que es lo que ya estamos haciendo en el comité de senadores, con el propósito común que es perfilar una alternativa progresista de centroizquierda con todos los partidos, desde la DC hasta el Frente Amplio, comunistas, todos de por medio, pero que coloque en el centro el proyecto político y ya las figuras se irán decantando en el tiempo, que es lo más importante.

Hablemos de recortes en salud. Es una discusión que se arrastra hace bastante tiempo, ¿qué le parece que no se avance en esa discusión? Que finalmente no se ha logrado respuesta y funcionarios siguen manifestándose.

Las listas de espera son un problema de los más graves que hay en materia social hoy día en Chile. Creció la lista de espera quirúrgica, a sobre 300 mil personas y, en total, con las consultas nuevas de especialidades, son más de 2 millones y medio de personas. Yo creo que, valorando que se haya puesto un foco en lo oncológico, en el cáncer, desde el inicio del actual gobierno, echo de menos que haya una definición de un plan concreto que permita absorber las listas de espera, no para que terminen de un día para otro, que es imposible, pero sí con señales más trazables y percibibles de cómo resolvemos este problema social que dirime entre la vida y la muerte a las personas. Hoy día, el 80% de la gente está en Fonasa y ese 80% está sometido o a esperar o bien a pagar, que es la minoría. Cuando hay que pagar, es terrible porque solo unos pocos pueden, pero el grueso del país no puede estar sentenciado a una espera que no sabe cuándo termina, no sabe si llegará a tiempo para curar su enfermedad o ya es demasiado tarde y está condenado a muerte. Esas son, de alguna manera, las expectativas insatisfechas que tiene la ciudadanía y que el actual gobierno, que prometió solución también a este grave problema, debiera abordar con celeridad.