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Un preinforme de Contraloría reveló el ingreso irregular de cientos de niños haitianos a Chile entre 2023 y 2024, denunciado previamente por el exdiputado Juan Manuel Fuenzalida. Vuelos chárter llegaban al Aeropuerto Arturo Merino Benítez con menores y adultos, aparentando reunificación familiar, pero más de 200 niños están desaparecidos. Autoridades como Interior y Migraciones ignoraron alertas, y ahora investigan. Fuenzalida alertó al Gobierno, incluyendo a Boric, sobre tráfico de personas, sin respuestas. Funcionarios advirtieron sobre vuelos irregulares, pero nadie actuó.
Un preinforme de Contraloría revelado por La Radio detectó el ingreso irregular de cientos de niños haitianos a Chile entre los años 2023 y 2024, una situación que fue denunciada un año y medio antes por el entonces diputado Juan Manuel Fuenzalida, sin que las autoridades tomaran medidas efectivas. Los vuelos chárter llegaban al Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez en la madrugada, transportando decenas de menores acompañados por uno o dos adultos, bajo la figura de reunificación familiar. Hoy se sabe que más de 200 niños no tienen paradero conocido.
El caso ha generado una cadena de responsabilidades difusas: el Ministerio del Interior, el Servicio Nacional de Migraciones, la Policía de Investigaciones y el Ministerio Público recibieron alertas y oficios, pero ninguna institución activó mecanismos de control efectivos. Funcionarios de la Dirección General de Aeronáutica Civil advirtieron sobre la irregularidad de estos vuelos, que operaban con aerolíneas desconocidas, sin listados de pasajeros completos. Ahora, cuando el escándalo ya es público, las mismas instituciones que guardaron silencio inician investigaciones y conforman comisiones.
En entrevista exclusiva con Tomás Mosciatti en BioBioTV, Fuenzalida mantiene que el crimen organizado transnacional está detrás de esta operación. También detalla cómo fueron sus intentos de alertar a las autoridades, incluyendo conversaciones directas con el entonces subsecretario del Interior Manuel Monsalve y con el propio presidente Gabriel Boric, sin obtener resultados concretos.
La denuncia ignorada
—¿Cuándo y cómo detectó usted esta situación de ingreso irregular de niños haitianos?
Yo trabajaba mucho con la Asociación de Funcionarios de Seguridad, la APSEC de la DGAC, porque mi tesis era que el crimen organizado transnacional, en específico el Tren de Aragua junto con sus socios como el brasileño Primer Comando Capital, tenían tres focos de interés: puertos, aeropuertos y la banca. Hace poco vimos que la banca tuvo varias fisuras para el blanqueo de capitales. Fui varias veces al Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez y veíamos estos chárter que llegaban entre gallos y medianoche, como a las 2 de la mañana, con muchos niños. Ahí saltó la primera alarma: ¿quiénes viajaban con los niños? La primera tesis fue que estábamos importando niños para lograr regularizar migrantes ilegales a través de la figura de la reunificación familiar. En Haití el sistema no funciona, y aquí, como si nada, Policía Internacional timbrando los papeles. Creo que Extranjería y el Ministerio Interior quedaron al debe, así como también el Ministerio Público.
—Esto era una operación compleja: vuelos chárter, aerolíneas desconocidas, mucho dinero involucrado. ¿Quién está detrás de todo esto?
Es una de las preguntas que yo hago en el oficio. ¿Cómo se financia esta operación? Porque sería bueno saber quién paga los vuelos, quién arrienda estos chárter, quién tiene interés en esto. Esas fueron las consultas que hice a través del oficio . Hablé con Extranjería, con el Ministerio del Interior, pero siempre uno rebotaba como contra una pared. Estuve un mes y medio investigando el tema antes de hacer el oficio. Y ahora salta lo de estos niños, hay más de 200 que no se conoce su paradero, lo que apoya la hipótesis de que aquí había trata de personas para regularizar gente. Y no me extrañaría que muchos de estos que se regularizaron hayan tomado la Visa Waiver y hoy día estén en Estados Unidos, que era el gran miedo que tenía el FBI cuando yo me entrevisté con ellos a propósito del crimen organizado.
—¿Quién responde por esto?
Yo creo que el Ministerio del Interior y su división Extranjería tienen mucho que decir. Y la PDI debería haber levantado alertas. Cuando salgo del país, yo soy papá separado, tengo que salir con una autorización notarial y me revisan la libreta familia y aquí entraban treinta, cuarenta niños con un adulto y nadie decía nada.
—La PDI hace el control migratorio. ¿Está metida en esto o simplemente no hizo nada?
Por lo menos debería haberle generado alguna duda. Si yo veo que llega un vuelo con una persona con 30 niños, a las 2 o 3 de la mañana, cuando el aeropuerto tenía poco movimiento, yo hago saltar las alarmas, a lo menos pongo en antecedentes de esto al Ministerio Público. Pero no se hacía nada. Y era lo que me decían los funcionarios de la DGAC: mire, diputado, llegan, pasan y aquí no pasa nada.
—Hubo vuelos donde ni siquiera había listado de pasajeros, como el de Caribbean Sun Airlines. ¿Cómo es posible que aterrice un vuelo sin listado de pasajeros?
Llegaban cuando el aeropuerto tenía muy bajo funcionamiento y todos se daban cuenta de esta situación. Cuando los funcionarios de APSEC me llaman para denunciarme esto, me decían: no entendemos cómo pasa. Aquí hay mucha gente metida. Trate alguien de llegar al aeropuerto sin listado de pasajeros. Es imposible.
—¿Cuánta gente tiene que estar involucrada para que esto funcione? Funcionarios públicos, aerolíneas, agentes migratorios…
Bueno, ahora no puedo hablar de manera muy categórica porque no tengo fuero y hay que tener cuidado porque esta gente se querella. Pero sí, es raro el tema. A mí no me cabe en la cabeza que llegaran vuelos chárter desde un país donde la documentación te puede generar bastantes dudas, y pasaban como si no hubiera pasado nada. Pasaban por Policía Internacional, llegaba esta masa de niños que no hablaban castellano y nadie dijo nada. Obviamente te genera una duda razonable, sobre todo porque la operación requiere una inversión gigantesca. Por eso digo, responsablemente, había tráfico de personas, pero ¿quién paga, quién financia?
Autoridades que miraban para otro lado
—Luis Thayer era director de Migraciones, Manuel Monsalve subsecretario del Interior y Carolina Tohá, ministra del Interior. ¿Habló con ellos? ¿Les hizo llegar esta información?
Nosotros lo planteamos en la Comisión de Gobierno Interior de la Cámara de Diputados. En mi caso, desde la comisión oficié al Ministerio del Interior. En esa época ya estaba Álvaro Elizalde, oficié sobre todo por el uso de niños para la reunificación familiar. No llegó la respuesta. Se demoraron de abril a septiembre, y en esa época ya estábamos todos en modo campaña. Yo hablé con Monsalve del tema del crimen organizado, ahí quedé. Después me junté como diputado de oposición queriendo colaborar, porque manejaba mucha información que no me interesaba usar políticamente.
A mí lo que me interesaba era colaborar para solucionar un problema que es el crimen organizado transnacional, que no me cabe la menor duda que está detrás de esto también, porque los recursos que se necesitan para este tipo de operaciones son demasiado grandes y todos sabemos que el pago es informal, para no decir en negro. Yo planteé los temas, pero era como hablar contra una pared. Incluso hablé con el presidente Boric para plantearle que teníamos una problema con el crimen organizado y la respuesta fue “te llamaremos“. Tal vez porque yo era de oposición, y sentían que yo los atacaba, cuando yo solo quería colaborar. La delincuencia nos afecta a todos, no tiene colores políticos.
—¿Era una conversación privada con Monsalve y con Boric?
Sí, pero no producía efecto la conversación. Al final me terminó pescando más el FBI que el gobierno. Me contacté con el FBI frente a esta situación de desesperación. Me acuerdo que todos me decían: vas a ir a hablar, vas a caer en desgracia, sonaste. Respondía, “me da lo mismo, tengo que hacer algo porque fui a hablar con Monsalve y no me pescó“. La frustración era muy grande. Trataban de tapar el sol con un dedo. Primero se lo informé a Rodrigo Delgado en el gobierno de Piñera, pero estaba terminando el gobierno. Pedí una audiencia en la embajada de Estados Unidos y fui a hablar con el FBI para saber qué información tenían ellos. La gran preocupación de ellos era que se utilizara Chile para, vía Visa Waiver, llegar a Estados Unidos. Gracias a la información que entregamos, Estados Unidos declaró al Tren de Aragua como un peligro para la seguridad nacional.
—El entonces jefe de Migraciones, Luis Thayer, dice ahora que mandó oficios. ¿Es cierto eso o es una forma de salvar responsabilidad?
Yo tengo una sospecha: que el funcionario público salva su responsabilidad mandando un oficio. El señor de Migraciones oficia, da lo mismo si le responden, no va a preguntar, no insiste. Oficia y con eso se salvó, levanta las manos, tengo las manos limpias. La Defensoría de la Niñez también ofició harto, pero no pasó nada. Se dijo que se iba a formar una mesa técnica interinstitucional para menores en contexto de movilidad humana. No funcionó, ahí quedó. Entonces hay que preguntarse: ¿cuánta gente tiene interés o está metida en este asunto y solamente oficia para salvar las apariencias?
Los antecedentes del gobierno de Bachelet
—Este caso tiene un antecedente: durante el gobierno de Michelle Bachelet entraron entre 200.000 y 300.000 haitianos por el aeropuerto de Pudahuel. ¿Alguien le ha preguntado a Bachelet por qué hizo esto, por qué autorizó esto?
Yo en esa época no era parlamentario, pero sí hubo varios cuestionamientos respecto a este tema. Yo me acuerdo que el presidente Piñera, cuando asumió, de inmediato cambió un decreto, a los tres días. Pero, lamentablemente, cuando se quiso modificar la Ley de Extranjería en el Congreso en ese período, primó el garantismo. Hoy día eso nos está haciendo pagar las consecuencias de una migración irregular que, lamentablemente, nos ha sobrepasado y que tiene muchos aspectos de una especie de permisología legal que hace imposible que tú puedas expulsar a alguien.
—Entonces ¿lo de los niños es el capítulo dos de una historia que empezó con Bachelet?
Sí, es la consecuencia. En forma irregular entraron estos doscientos mil y tantos haitianos, con visa de turista, pero se venían a quedar acá. Y en forma irregular también estos niños, para generar una regularización de los que estaban acá. Esto es un delito, es trata de personas. Aquí hay una enorme cantidad de funcionarios que violaron una obligación que es la de denunciar. No lo hicieron. Hay una complicidad generalizada. Cuando ideológicamente tú estimas que la migración es un derecho y que no tienes que cumplir obligaciones, se generan estas situaciones. La política nacional de migraciones que se dictó en el período de Monsalve, te permitía regularizar con antecedentes que ni siquiera eran legales. Y tenías un candidato que invitaba a los migrantes, no nos olvidemos que Boric, cuando era candidato, invitó a los migrantes, porque para él no existían las fronteras. Bueno, hoy día estamos pagando las consecuencias. Lo peor de todo es que se nos metió el crimen organizado transnacional en esto.
—¿El Ministerio Público también hizo la vista gorda? Se dice que hubo denuncias antes.
El Ministerio Público, cuando hay prensa, se activa automáticamente, y cuando no hay, bueno, tenemos este caso. Estalla este caso y muchos personeros saltan. En el Congreso se están armando no sé cuántas comisiones investigadoras, sesiones especiales. Espero que después de un año y medio se hagan los sumarios que corresponden, se investiguen estas cosas. Pero insisto, esto era un hecho notorio. Hoy día, para mí, el sistema está podrido, porque frente a esta situación de los chárter haitianos tuvo que sacar un preinforme la Contraloría para que se activara este efecto dominó. Y hoy día todos se tiran la pelota: que yo oficié, que yo hice esto. Al final, hoy día tenemos más de 200 niños perdidos porque los usaron, hubo tráfico de personas. Y era notorio. Una persona con dos dedos de frente sabe que ahí había algo raro. Y nadie hizo nada.
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