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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

A pesar de tener las mayores reservas de petróleo del mundo, el crudo de Venezuela es difícil de refinar y transportar debido a su alta densidad, contenido de azufre y la necesidad de procesamiento adicional. Representando el 17,5% de las reservas mundiales, Venezuela tiene diversos tipos de crudo, lo que le otorga potencial para el mercado internacional. La infraestructura petrolera venezolana requiere una inversión significativa, con un estimado de US$250.000 millones para adecuarla y aumentar la producción. Las sanciones, la falta de buques adecuados y la obsolescencia de las instalaciones dificultan el almacenamiento y transporte del crudo. Si se reanuda la producción, el precio del petróleo podría disminuir, acentuando la oferta mundial.

Pese a contar con las mayores reservas de petróleo del mundo, el petróleo -crudo- de Venezuela presenta una serie de características que lo hacen difícil de refinar y transportar: es muy pesado, con alta densidad y contenido de azufre, y requiere un procesamiento adicional para diluirlo o refinarlo en instalaciones especializadas.

Venezuela dispone de diversos tipos de crudo: extrapesado, pesado, mediano y liviano, lo que confiere al país un gran potencial para satisfacer las demandas del mercado internacional.

Aunque es un petróleo de ‘mala calidad’, representa el 17,5% de las reservas mundiales: unos 303.000 millones de barriles, según datos del Boletín Estadístico Anual de la OPEP de 2024.

Venezuela: la mayor reserva de petróleo del mundo

Las mayores reservas se concentran en la Faja del Orinoco, donde existen grandes depósitos de crudo pesado y extrapesado que está enterrado a mayor profundidad.

Sin embargo, es difícil de transportar porque en su mayor parte es un crudo muy pesado que tiene un alto contenido de azufre, lo que corroe tuberías metálicas y dificulta su manejo.

Todo ello, unido a las sanciones a Venezuela y a la falta de buques adecuados, ha generado problemas de almacenamiento y transporte.

Una infraestructura que requiere una inversión ingente

Este petróleo necesita un procesamiento para tener una calidad transportable y refinable, un proceso que eleva los costes y requiere de una infraestructura en condiciones.

Sin embargo, según indica el profesor de EAE Business School Javier Rivas, la infraestructura del país está muy deteriorada y ya en 2023 se calculaba que era necesaria una inversión de US$250.000 millones para adecuarla y que la producción vuelva a los 3 millones de barriles diarios que llegó a alcanzar el país, frente a los aproximadamente 700.000 barriles actuales.

Aunque hasta los años 90 del pasado siglo estas infraestructuras eran muy avanzadas, con el chavismo y la nacionalización de la industria quedaron obsoletas y sin capacidad de refinado o de realizar labores de procesamiento que permitan su traslado.

Rivas cree que ahora se abren dos escenarios: o se repara la infraestructura petrolera del país a medio y largo plazo, o se lleva este petróleo en buques especializados a Florida (EEUU), que tiene capacidad de refino, una opción que no sería deseable para Venezuela.

Con las mayores reservas del mundo, la producción del país está estancada. Venezuela lleva años sometida a sanciones económicas y depende en gran medida de la llamada ‘flota fantasma’ para exportar su petróleo, que se dirige en buena parte a China.

Si se reanuda la producción, el precio bajará

Según apunta Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum (filial de Natixis IM), si Estados Unidos toma el control de Venezuela y las sanciones sobre las exportaciones de petróleo se levantan, la producción se reanudará, acentuando la oferta de crudo en el mercado mundial, con lo que el precio del petróleo bajará.

Por su parte, el economista y fundador de Fortuna SFP, José Manuel Marín Cebrián, agrega que, tras años de sanciones, deterioro institucional e infraestructuras obsoletas, el riesgo inmediato no está en una nueva caída de la producción, ya deprimida, sino en el colapso logístico.

El mercado no teme tanto la escasez física de petróleo como la imposibilidad de moverlo. Seguros marítimos, incertidumbre regulatoria, potenciales bloqueos en terminales y dudas sobre la vigencia contractual introducen una prima de riesgo geopolítico que se traslada al precio del barril.

“La reconstrucción de la capacidad productiva venezolana llevará años pero la tensión en precios es inmediata”, agrega.

Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano, ha explicado, en una entrevista en RTVE, que las sanciones impuestas a Venezuela dificultaron la importación de los diluyentes necesarios, a lo que se unió la salida de la inversión extranjera, aunque sigue vigente una licencia de la petrolera estadounidense Chevron.

Escribano espera que a partir de ahora las petroleras internacionales vuelvan a Venezuela y se hagan cargo de esta nueva política.