Me gusta pensar el Estado como un sistema complejo: instituciones, intereses y urgencias que interactúan y producen consecuencias que nadie controla por completo. El orden no aparece de una vez ni queda asegurado para siempre; hay que construirlo y sostenerlo.
El Estado permanece mientras los gobiernos cambian. Cada administración recibe instituciones, conflictos y problemas que no controla por completo. Gobernar consiste en intervenir en ese sistema, sabiendo que cada decisión puede resolver una dificultad y abrir otra.
Los flancos abiertos durante los ocho meses del gobierno de José Antonio Kast invitan a concluir que no se piensa en el Estado como un caos, sino como un equilibrio constante que, de manera intermitente, presenta débiles destellos caóticos. Un error infantil.
El Estado no es un autómata ni una máquina racional; es una construcción humana. Proviene de la sociedad y existe por y para ella. Como el Estado nace de una sociedad diversa, con intereses y demandas en tensión, tampoco puede funcionar como una máquina perfectamente predecible. Su tarea no es eliminar esas tensiones, sino procesarlas sin perder capacidad de respuesta ni legitimidad.
Algunos dicen que en este gobierno faltan políticos en los equipos ministeriales; otros señalan que faltan expertos en comunicaciones; yo digo que falta eso y más: una férrea convicción del caos del Estado.
Gobernar exige anticipar escenarios, ponderar costos y decidir con información incompleta. La capacidad de un gobierno no se mide por evitar todo error, sino por detectar los problemas a tiempo, explicar sus decisiones y corregir el rumbo cuando sea necesario.
Gobernar, entonces, es difícil y paradójico: los gobiernos deben administrar un caos que no controlan por completo y contenerlo, al menos por un tiempo. Pero también forman parte de ese mismo Estado y, con sus propias decisiones, pueden amplificar las tensiones que luego intentan ordenar. Son guardianes de turno de un orden que nunca terminan de dominar.
Kast, en su campaña, aseguraba con cierto dejo de altanería: “Tranquilos, todo estará bien”. Hoy, él y su equipo deberán convencerse de la afirmación: “¡Inquiétense, que todo está caótico!”. Boric lo aprendió y lo manifestó con su frase “otra cosa es con guitarra”. En cambio, Kast no lo verbaliza, pero él y su equipo sí lo demuestran con cuestionables acciones y decisiones. ¿Qué es peor?
Enviando corrección, espere un momento...
