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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un estudio advierte que el glaciar Thwaites, en la Antártica Occidental, podría elevar el nivel del mar hasta 3 centímetros hacia 2100, el doble de lo estimado. El modelo, calibrado con observaciones satelitales, calcula entre 45% y 60% de probabilidad de que se desprenda antes de ese año; en algunos escenarios, el proceso comenzaría en 2038.

El glaciar Thwaites, en la Antártica Occidental, también llamado “glaciar del Juicio Final”, podría elevar el nivel del mar hasta 30 milímetros (3 centímetros) hacia 2100, el doble de lo proyectado hasta ahora, incluso si el clima no se calienta más.

Así lo concluye un estudio publicado recientemente en la revista Nature Communications, liderado por Mattia Poinelli, investigador de la Universidad de California en Los Ángeles y del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

Cabe recordar que esta masa de hielo fue apodada así por los medios debido a las consecuencias catastróficas a nivel global que provocaría su colapso total, entre ellas, inundaciones costeras permanentes, erosión del suelo, contaminación de agua dulce y el desplazamiento de millones de personas que ya no podrán vivir en la costa.

Según calcula la British Antartic Survey, “su desaparición elevará el nivel del mar en 65 cm”. De hecho, es el más ancho de la Tierra, con 120 kilómetros y hasta 2.000 metros de espesor en algunas zonas, pero se ha estado derritiendo desde la década de 1980.

¿Qué pasa con el glaciar del Juicio Final?

Estos resultados se dieron luego de que los investigadores incluyeran la “grounding line” o línea de apoyo en las proyecciones; se trata del punto donde el hielo deja de descansar sobre el fondo marino y empieza a flotar. Muchos modelos la tratan como una raya nítida. Sin embargo, imágenes de satélite muestran que el agua tibia de mar se cuela varios kilómetros bajo el hielo apoyado, levantándolo con las mareas y derritiéndolo desde abajo.

En palabras simples, algo así como una mesa con patas de hielo, cuyas bases se van adelgazando por debajo sin que se note desde arriba.

Los investigadores incorporaron esa franja en un modelo computacional del glaciar. Lo calibraron con casi tres décadas de observaciones satelitales, entre 1996 y 2023, sobre el retroceso del hielo, su adelgazamiento y su aceleración. Probaron 105 simulaciones que combinaban distintas velocidades de derretimiento y largos de esa zona, de cero a 6 kilómetros.

El modelo solo reproducía bien lo observado cuando la zona tenía entre 2 y 5 kilómetros de ancho, con derretimientos de entre 90 y 120 metros al año. Sin esa zona, era cuatro veces menos probable acertar con la historia real del glaciar.

Con zonas de 2 a 3 kilómetros, las simulaciones dan cerca de 45% de probabilidad de que el glaciar se desprenda antes de 2100. Con zonas de 4 a 6 kilómetros, similares a las vistas por satélite en la década de 2020, la probabilidad sube a alrededor de 60%. Pero en los casos de 5 a 6 kilómetros, el desprendimiento ocurriría desde 2038.

Incertidumbre sobre el futuro de la Antártica

Cabe señalar que se trata de simulaciones y no de predicciones exactas. Los autores reconocen que usaron un largo fijo para la zona de apoyo, cuando en la realidad varía. Tampoco incluyeron el desprendimiento de bloques en el frente del glaciar ni la lubricación que produce el agua de mar, y usaron una fórmula simplificada para el derretimiento oceánico.

Además, el escenario base mantiene constante el clima, por lo que lo califican como de mínimos. Un posible ascenso de la capa de agua cálida en el océano, que no se consideró, podría aumentar el derretimiento.

El equipo concluye que estas zonas deberían incorporarse a los modelos de las capas de hielo y pide más mediciones directas bajo y cerca del hielo para reducir la incertidumbre sobre el futuro de la Antártica.

Referencia:

Mattia Poinelli y otros autores. Sea-level contribution from Thwaites Glacier doubles in an observation-constrained ice-sheet model. Revista Nature Communications, 2026.

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