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Investigadores de la Universidad de Chile descubrieron que las cotorras argentinas se expanden más en países prósperos. En Chile, presente desde los años 80, se ha expandido ya a 9 regiones. La invasión de estas aves, consideradas una plaga en el país, conlleva riesgos biológicos, como la transmisión de enfermedades.
Investigadores de la Universidad de Chile descubrieron que la cotorra argentina (em>Myiopsitta monachus), especie invasora que ya está presente en 31 países del mundo, se estaría propagando más en los territorios más prósperos.
Los expertos concluyeron que la riqueza de los países podría estar relacionada con la expansión global de esta ave.
La investigación fue liderada porel Dr. Cristóbal Briceño, académico de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias (Favet), y reconstruyó 125 años de registros de avistamientos de esta cotorra, creando el mapa de distribución más actualizado a la fecha.
“Fue interesante ver que, considerando el aumento de la distribución de la cotorra durante los últimos 125 años, donde más ha aumentado, en número de nuevas ciudades, ha sido precisamente en países más prósperos. Esto tiene sentido, ya que los países más ricos son los que tienen más recursos y condiciones para invertir en mascotas“, explica Briceño en un comunicado de la casa de estudios.
A Chile, esta especie nativa de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, llegó porque en los años 80 se popularizó como mascota y ahora está presente desde Antofagasta hasta Puerto Montt.
Para documentar la expansión de la cotorra argentina, Briceño y su equipo utilizaron una plataforma llamada eBird, donde se registran avistamientos de la especie validados junto a especialistas, por lo que así se puede garantizar que los datos recopilados por los usuarios son confiables.
La cotorra argentina ha invadido más de 30 países
Las referencias previas indicaban que estas aves habían invadido 21 países, pero ahora los investigadores documentaron que ya están presentes en 31 en calidad de especie invasora, estos se distribuyen especialmente en América y Europa occidental.
“No solamente actualizamos la distribución nativa e invasora en países, sino que contribuimos a informar las ciudades donde está aumentando su distribución. Salvo una excepción en España, la cotorra argentina es una especie sinantrópica, es decir, estrechamente asociada a ambientes humanos“, puntualiza el profesor Briceño.
A escala planetaria, la cantidad de ciudades donde está presente la cotorra argentina aumentó exponencialmente desde el período entre 1900-1984, pasando de 66 a 434 en el período de 2015-2024.
La Dra. Matilde Larraechea, de Favet, que también participó del estudio, añade que esta expansión no solo responde a factores ecológicos o climáticos: “nuestros resultados muestran una posible asociación entre el PIB per cápita de los países y el número de ciudades con registros, lo que sugiere que la distribución de esta especie está ligada a dinámicas humanas: el comercio de mascotas, el poder adquisitivo para importarlas, la urbanización y la disponibilidad de recursos en ciudades más prósperas”.
Y añade que por eso “las implicancias no son solo de manejo poblacional, sino que exigen pensar la invasión como un fenómeno socioecológico: entender por qué las personas la introdujeron, cómo conviven con ella hoy y qué legitimidad social tienen las medidas de control que se propongan, porque sin esa dimensión social las estrategias de manejo tienden a fracasar o generar resistencia ciudadana, como ha ocurrido en otros países”.
Pese a este notorio patrón, Briceño de todas maneras advierte tomar estos resultados con cautela “dado que la prosperidad podría influir en otras variables, como el acceso a internet. Así, dado que nosotros usamos la información disponible en eBird, que es un repositorio de ciencia ciudadana para conocer los avistamientos de aves, esta información también podría relacionarse con la prosperidad (el acceso a información y la cultura de ciencia ciudadana). En todo caso, los resultados sugieren que, a mayor riqueza, más cotorras”, aclara.
Ya se propagaron por Chile
En el caso de Chile, fueron documentadas por primera vez en la Región Metropolitana, por allá en 1972, pero hoy ya vive en 9 regiones y 16 ciudades del país. Valentina López, veterinaria de Favet que participó de la investigación, señala que la especie “es altamente adaptable y efectiva en colonizar nuevos territorios”.
“Así, en Chile, hace unas décadas se reportaban cotorras principalmente en Santiago y algunas otras zonas de la Región de Valparaíso, mientras que hoy en día ya se reportan en ciudades y localidades rurales desde Antofagasta hasta Puerto Montt dentro de la plataforma eBird, dando cuenta de que la especie se ha ido expandiendo más allá de las ciudades para colonizar zonas más rurales”, explica.
“Esto implica, por ejemplo, mayor competencia por recursos con nuestra fauna nativa y la posible transmisión de enfermedades infecciosas desde las cotorras a aves silvestres endémicas o en alguna categoría de amenaza, como es el caso de algunos loros nativos de Chile”, añade.
De hecho, en la actualidad, las cotorras argentinas están en el listado de especies exóticas invasoras y priorizadas del Ministerio del Medio Ambiente de Chile (MMA), son consideradas una plaga y catalogadas como una amenaza para la biodiversidad del país.
Los investigadores señalan que el aumento exponencial de la especie en Chile (16 ciudades en la última década) demuestra la velocidad con la que puede consolidarse la invasión de una especie si no existe una gestión temprana y coordinada.
“Para Chile en particular, esto puede significar que, aunque su ingreso esté prohibido por ley y existan barreras aduaneras tan estrictas, la cotorra puede estar siendo distribuida entre ciudades por personas que la mueven como mascota. Aquí hay una oportunidad para prevenir esto con otras estrategias que no se están empleando, como la fiscalización de especies invasoras en buses o carreteras o la difusión de información sobre sus impactos”, remarca Briceño.
También hay riesgos biológicos
La especie también tiene algunos riesgos biológicos. Larraechea señala que “a nivel sanitario se ha reportado que las cotorras argentinas pueden ser reservorios de agentes zoonóticos como Chlamydia psittaci (causante de psitacosis) y otras bacterias potencialmente patógenas para humanos”.
López, por su parte, añade que “estos riesgos probablemente están siendo subestimados, ya que, en muchos países, incluido Chile, no existen programas de vigilancia epidemiológica en esta especie”.
“La mayor parte de la información que se tiene hasta el momento está limitada a estudios esporádicos, por lo que aún no tenemos los datos necesarios para determinar los riesgos que conlleva la expansión de esta especie para la salud pública y la salud de la fauna silvestre”, indica la veterinaria.
Ante esta invasión de cotorras, los investigadores recomiendan implementar programas de vigilancia coordinados y financiados por organismos gubernamentales centrales, en lugar de depender exclusivamente de administraciones locales, como los municipios, por ejemplo.
En Chile, zonas como la Región Metropolitana ya enfrentan situaciones críticas. “Una de las principales prioridades para los entes competentes es evitar la propagación de la especie a través de personas que se mudan entre ciudades”, apunta Briceño, “estas mascotas deberían ser estériles para evitar que, si escapan, puedan formar nuevas poblaciones”.
“Creo que es importante también que, en la medida en que se detecten poblaciones en nuevas ciudades, se pueda actuar inmediatamente. La situación en Santiago está desbordada, probablemente con cotorras que han alcanzado su capacidad de carga en muchas comunas como La Reina”, concluye.
Referencia:
Valentina López-Jara, Matilde Larraechea y Cristóbal Briceño. Global Distribution of Monk Parakeets (Myiopsitta monachus): How the Monk Parakeet Invasive Map Is Drawn upon Nations’ Wealth. Revista Birds, 2026.
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