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Un estudio revela que Chile podría perder hasta 60 millones de dólares anuales por erosión costera y cierre de playas debido a eventos extremos. La investigación destaca que la pérdida de bienestar asociada a estos fenómenos medioambientales afecta la economía local, ya que el turismo playero es crucial para el país.
Una investigación del Instituto Milenio SECOS estimó por primera vez las pérdidas de bienestar asociadas a la erosión costera y al cierre temporal de playas por marejadas y eventos extremos en el país.
El estudio concluyó que Chile podría llegar a perder hasta 60 millones de dólares al año hacia fines de siglo si aumenta la frecuencia de estos eventos medioambientales.
Recordemos que la erosión costera es el proceso por el cual el aumento del nivel del mar, el fuerte oleaje y las inundaciones desgastan o arrastran rocas, suelos y/o arenas a lo largo de la costa, deteriorando los ecosistemas e incluso dañando infraestructura.
En el caso de Chile, la situación es preocupante porque las playas han sido uno de los principales motores del turismo y pone en riesgo mucho más que el borde costero: la economía local.
De acuerdo con un comunicado del Instituto Milenio SECOS, con más de 6.400 kilómetros de litoral, el país depende de sus playas para sostener una actividad que aporta cerca del 3,5% del PIB y genera alrededor de 620.000 empleos formales.
Pero la pérdida de arena y los cierres temporales provocados por eventos climáticos extremos están amenazando el bienestar de millones de visitantes y la economía de numerosas comunidades que viven del turismo.
Ante este escenario, un equipo de investigadores del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), la Universidad del Desarrollo y las universidades Católica de Chile y de Temuco, planteó la siguiente pregunta: ¿cuánto valoran económicamente los chilenos sus playas?
Para ello, analizaron las decisiones de viaje de turistas de la Región Metropolitana que visitaron los principales balnearios de la zona central del país. Los resultados se publicaron en la revista Annals of Tourism Research y estimaron el valor económico que las personas asignan a características como el ancho de la playa, la presencia de dunas y el acceso a los espacios costeros.
El precio de la erosión costera
El estudio en concreto analizó las 10 playas más visitadas del litoral central, que se encuentran en Coquimbo, Valparaíso y O’Higgins. Los resultados evidenciaron que el espacio disponible en la orilla incide directamente en la experiencia recreativa, porque los turistas estaban dispuestos a pagar $868 por cada metro adicional de ancho de playa.
Asimismo, se mostraron dispuestos a pagar por la conservación de las dunas, alcanzando los USD 29,40 por viaje.
Este es un punto importante, ya que las dunas actúan como barreras naturales frente a las marejadas, retienen sedimentos y sostienen la biodiversidad de las playas. De hecho, ya varios eventos de erosión de dunas han causado daños a la infraestructura costera en Chile central.
Felipe Vásquez, investigador SECOS, académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad del Desarrollo y uno de los autores del estudio, explica que “las personas no valoran la playa como un bien abstracto. Valoran los atributos específicos que les permiten disfrutarla, como el espacio para caminar, descansar, sentirse cómodas”.
En la misma línea, Roberto Ponce, también investigador SECOS, FEN UDD y coautor del paper, añade que “en Chile, muchas veces las dunas han sido vistas como terrenos disponibles para urbanización o infraestructura. El estudio muestra lo contrario: conservarlas genera bienestar para las personas y puede fortalecer el atractivo turístico de los destinos“.
Con estos datos, el estudio también cuantificó el impacto de los cierres temporales de las playas. Un solo día de clausura de un balneario genera pérdidas de bienestar de CLP 374,39 millones en Coquimbo, CLP 352,24 millones en Valparaíso y CLP 289,07 millones en O’Higgins.
Para ponerlo en perspectiva, recogen que, actualmente, la zona central registra alrededor de 70 cierres de playas al año por condiciones climáticas adversas.
Además, advierten que si la frecuencia de estos eventos extremos se duplica hacia el 2100, como proyectan algunos modelos climáticos, las pérdidas anuales de bienestar turístico podrían escalar a los USD 60,32 millones.
“Desde la economía ambiental, el principal problema es que los impactos del cambio climático tienden a crecer en el tiempo y se vuelven más caros de enfrentar cuando se postergan las decisiones”, advierte Ponce. “La inacción no es gratis. Si no se invierte hoy en protección, restauración y planificación costera, el país podría terminar pagando mucho más en el futuro, tanto por daños evitables como por pérdida de oportunidades económicas”, añade.
Un problema ambiental y de desarrollo
Los expertos apuntan a que la pérdida de arena o la suspensión de actividades en el litoral se han abordado tradicionalmente bajo una mirada ecológica, pero este estudio le pone número y transforma el debate a una cuestión de bienestar humano y desarrollo.
“Cuando una playa se erosiona o se cierra, no solo perdemos paisaje o biodiversidad, sino también bienestar humano. Muchas veces estos daños quedan invisibilizados porque no tienen un mercado bien definido, pero eso no significa que no tengan valor económico”, plantea Vásquez.
“Poner cifras permite mostrar que conservar las playas no es solo una preocupación ecológica, sino también una decisión de desarrollo. Esto nos permite comparar los beneficios de actuar con los costos de implementar medidas de adaptación”, añade Ponce.
De hecho, uno de los hallazgos más llamativos de estudio también es que los turistas reaccionan negativamente ante la infraestructura costera visible, como los sistemas de drenaje o intervenciones de ingeniería dura (muros de concreto o enrocados).
Esto plantea un dilema, señalan los expertos: las ciudades costeras necesitan adaptarse, pero corren el riesgo de destruir lo que las hace atractivas.
“No cualquier adaptación es valorada por las personas. Si las obras son muy visibles o mal integradas, pueden reducir el atractivo de la playa. La planificación debe integrar criterios técnicos, económicos y paisajísticos. Las intervenciones deben diseñarse de manera cuidadosa, con bajo impacto visual y participación de las comunidades”, asegura.
El estudio finalmente propone que las playas deberían tratarse como infraestructura natural estratégica. Y que, más allá del valor ecológico, también deben pensarse como forma de proteger empleos, sostener destinos turísticos y preparar mejor al país para la crisis climática.
“La adaptación debe anticiparse. No se puede esperar a que las playas pierdan ancho o se cierren con mayor frecuencia para recién actuar. Se requieren planes de adaptación costera con información científica, indicadores de riesgo y criterios claros para decidir cuándo restaurar, limitar usos o relocalizar infraestructura”, concluye Ponce.
Referencia:
Julián Andrés Diaz Tautiva, Felipe Vásquez-Lavín, Roberto Daniel Ponce Oliva, Carolina Martinez Reyes y Stefan Gelcich. Valuing climate impacts on coastal tourism: Evidence from Chile. Annals of Tourism Research, 2026.
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