Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
En Algarrobo, Chile, descubrieron fósiles de tortugas marinas del Eoceno, datados entre 56 y 34 millones de años atrás. Los investigadores determinaron que hubo una presencia continua de tortugas en la zona durante distintas etapas del Eoceno.
Un nuevo análisis de fósiles encontrados en las costas de Algarrobo, identificó la presencia de tortugas marinas del Eoceno en el Pacífico chileno. El estudio se publicó recientemente en la revista Andean Geology.
Este hallazgo, de investigadores de la Red Paleontológica Universidad de Chile, en el marco del Núcleo Milenio Transiciones Evolutivas Tempranas de Mamíferos (EVOTEM), significa que estas especies habitaron el Pacífico suroriental hace aproximadamente 56 y 34 millones de años, durante una de las fases más cálidas de la historia de la Tierra.
De acuerdo con un comunicado de la U. de Chile, los restos analizados provienen de los Estratos de Algarrobo, la reconocida zona paleontológica de la Región de Valparaíso, y fueron recuperados durante campañas realizadas en julio de 2024.
Uno de los fragmentos corresponde al Eoceno temprano, mientras que el otro pertenece a niveles del Eoceno medio a superior. Por esta razón, los investigadores determinaron que la presencia de tortugas marinas en la zona no corresponde a un registro aislado, sino que estuvieron allí durante distintos momentos del Eoceno.
Rodrigo Otero, paleontólogo de vertebrados y primer autor del estudio, explica que “para este periodo no teníamos ningún registro de tortugas marinas en esta parte del Pacífico. La relevancia del material era evidente prácticamente desde el primer día en que fue ubicado en terreno”.
En invierno del 2024, una fuerte marejada removió gran parte de las algas que habitualmente cubren las rocas en la costa de Algarrobo. Los habitantes, que saben que la zona es rica en fósiles, dieron aviso a los investigadores, quienes acudieron al lugar.
Fue así que hallaron los restos de tortugas, específicamente de caparazones. Uno de los fósiles es un fragmento de plastrón, un hueso ubicado en la zona inferior y más plana del caparazón.
El otro, es una placa costal de la parte dorsal que contenía bastante información del espécimen. De hecho, los paleontólogos pudieron compararlos con ejemplares actuales. “Conserva marcas de los escudos, y eso nos permite saber aproximadamente en qué parte del caparazón se ubicaba”, puntualiza Otero.
Restos de caparazón | Red Paleontológica de la Universidad de Chile
El análisis les permitió descartar que estuviera emparentada con la tortuga laúd, que es la más grande del mundo. Sin embargo, la pieza muestra similitudes con las tortugas marinas de caparazón duro que existen hoy, como la tortuga verde o especies del género Lepidochelys.
“No significa que los restos que tenemos correspondan efectivamente a estas especies, pero sí podemos observar una repetición de la morfología dentro del mismo linaje”, precisa Otero.
Sergio Soto Acuña, paleontólogo de vertebrados y coautor del estudio, aclara que “no estamos describiendo una especie nueva, porque los restos no permiten determinar exactamente a cuál corresponden, pero sí estamos registrando por primera vez este grupo de tortugas. Su principal importancia es biogeográfica”.
Hasta ahora, los registros conocidos en esta parte del mundo eran del Cretácico Superior (69 millones de años), relacionados con el linaje de la tortuga laúd, así como de otros periodos más recientes. No había evidencia de las fases intermedias.
Pero el nuevo descubrimiento estaría demostrando que el otro gran linaje de tortugas marinas, vinculado con la mayoría de las especies modernas, ya habitaba en el Pacífico suroriental durante el Eoceno.
“Con estos hallazgos nos damos cuenta de que tortugas marinas similares a las modernas llevaban nadando en el Pacífico muchos millones de años antes de lo que indicaba el registro fósil local previo”, añade Otero.
Tras las marejadas del 2024 también identificaron dientes de tiburón en niveles donde históricamente habían sido difíciles de observar. “Estos hallazgos no existirían sin la temprana alerta de los vecinos. La articulación que tuvimos con la comunidad de Algarrobo fue lo que cambió todo”, concluye el experto.
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