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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La economía argentina muestra un crecimiento desigual: el PBI avanzó 2,3% en el primer trimestre de 2026, pero sectores como la industria sufren caídas significativas, como textiles (-26,2%) y maquinaria (-23,4%). Por otro lado, la minería y el agro registran incrementos del 12,3% y 18,1%, respectivamente. La consultora Epyca señala que la economía crece en forma de "K", con sectores extractivos en alza y la industria en retroceso. La crisis de empleo se refleja en el cierre de más de 26,000 empresas, principalmente pymes, debido a los altos costos en dólares y apertura comercial.

La economía argentina crece, pero no todos los sectores lo hacen al mismo ritmo. El PBI avanzó 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026, según el INDEC, pero detrás de ese número se esconde una realidad desigual: hay una Argentina que crece con fuerza y otra que se hunde a ritmo de crisis.

Los datos más recientes del Índice de Producción Industrial (IPI) manufacturero, difundidos esta semana, muestran ese contraste. En mayo, la industria cayó 5,7% interanual, arrastrada por derrumbes en textiles (-26,2%), maquinaria y equipo (-23,4%) y vehículos automotores (-21,5% en fabricación de unidades, con una caída acumulada de casi 20% entre enero y mayo). Solo dos ramas cerraron el mes en positivo: refinación de petróleo (+19,4%) y tabaco (+14,6%). La química y farmacéutica había mostrado en abril un alza interanual de 16,7%, impulsada por agroquímicos y plásticos.

La minería completa el cuadro de “ganadores”: el sector de explotación de minas y canteras —que incluye minería metalífera y Vaca Muerta— creció 12,3% interanual en el primer trimestre, y el índice específico de producción minera acumuló un alza de 7,8% en los primeros cinco meses del año. El agro se expandió 18,1% en el mismo período, y la pesca saltó 27,5%.

Crecimiento en forma de K

Para la consultora Epyca, el diagnóstico es claro: la economía argentina crece “en forma de K”, es decir, con sectores extractivos y financieros expandiéndose mientras la industria y la construcción retroceden. Según su último reporte, la industria manufacturera cayó 1,7% interanual en el primer trimestre y la administración pública retrocedió 1,4%.

El costado social es igual de heterogéneo. La desocupación se ubicó en 7,8%, similar al año anterior, pero la informalidad laboral trepó a 44,2% (2,2 puntos más que en 2025) y la subocupación llegó a 11,1%. Crece el empleo de baja calidad, mientras los sectores que más aportan al PBI son los que menos empleo generan.

Florencia Fiorentin, economista del equipo de Epyca Consultores, explicó a BioBioChile que la divergencia entre sectores que crecen a doble dígito —como química, petróleo o minería— y otros que se desploman —textiles, automotriz— responde directamente al diseño del programa económico oficial. “Es la política económica la que, por ser antiinflacionaria, apunta a la reducción de la inflación vía baja de ingresos y consumo. Eso afecta a los sectores que dependen más del mercado interno”, dijo.

Consultada sobre si esta reconversión hacia el agro, la minería y la energía es sostenible, Fiorentin relativizó el concepto mismo de “reconversión”. “Argentina siempre estuvo especializada en agro. Ahora, además, tiene más participación de minería y energía, pero eso de por sí no es un problema. El problema es que no hay una política de empleo que atienda a quienes trabajaban en los sectores ahora más afectados”, señaló.

Sobre el saldo de esta dinámica en materia de empleo, crecimiento y comercio exterior, la economista fue cautelosa a la hora de hablar de un cambio estructural. “No sé si hay una reconversión, pero actualmente hay una crisis de empleo en Argentina derivada de lo productivo. Es consecuencia de otros elementos: hace cerca de 15 años que Argentina no puede crear puestos de trabajo formales de manera sostenida”, indicó a BioBioChile. Con todo, matizó que el crecimiento de estos sectores no es en sí mismo un dato negativo: “Que sectores crezcan siempre es positivo para el PBI, en especial los que estamos hablando, que también son superavitarios”, agregó.

Fábricas que cierran

Según el Monitor mensual de empresas del think tank Fundar, que releva la cantidad de firmas activas a partir de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, desde el inicio de la gestión de Javier Milei hasta marzo de 2026 cerraron 26.448 empresas en el país, una caída del 5,2% del total y la peor performance para los primeros 28 meses de cualquier gobierno desde que existen registros comparables, por encima incluso de la crisis de 2001.

La industria y la construcción concentran buena parte de esa pérdida neta de empleadores, y casi todos los cierres —el 98%, según cámaras pyme— corresponden a empresas de menos de 25 empleados: son las pymes, sin espalda financiera para sostener meses de recesión, las que primero bajan la persiana. Guido Zack, director de Economía de Fundar, resumió el fenómeno como resultado directo de la política económica: la combinación de costos elevados en dólares, un tipo de cambio bajo y una apertura comercial acelerada deja a la producción local en desventaja frente a lo importado.

Detrás de estos números hay nombres propios. Solo en la última semana se conocieron al menos cuatro cierres o achiques industriales: Grupo Dass, la firma que fabrica calzado para Nike y Adidas, anunció el cierre definitivo de su última planta en el país, en Eldorado, Misiones, con 150 despidos y el fin de casi dos décadas de producción local —la compañía ya venía reduciendo personal desde 2025 y a partir de ahora importará el calzado que antes fabricaba—.

La distribuidora logística Express Beer cesó sus operaciones y dejó a 220 trabajadores sin empleo, varios de ellos sin cobrar el sueldo ni el medio aguinaldo de junio.

En el sector textil, la marca Manki cerró sus locales tras más de una década en el mercado, y la histórica cooperativa láctea SanCor profundizó su proceso de reestructuración y cierre de plantas.

A esa lista se suman, en lo que va del año, casos como FATE —la última fabricante nacional de neumáticos—, la textil centenaria Emilio Alal, Citroën y una proveedora de autopartes de General Motors que directamente pasó a importar desde Brasil lo que antes producía en la Argentina.

Cada planta que cierra es la contracara territorial de las cifras de Vaca Muerta o de la soja: mientras Neuquén es la única provincia que sostuvo su cantidad de empresas desde 2023 gracias al boom energético, el resto del entramado productivo —concentrado en la industria liviana orientada al mercado interno— sigue sin encontrar piso.