Volver al origen. Recuperar la “mística”. Salir otra vez a conquistar “corazones”. Esas fueron algunas de las ideas que cruzaron la conversación entre los exministros Joaquín Lavín y Andrés Chadwick en el podcast conducido por el también histórico dirigente gremialista Pablo Longueira.
Más que una reflexión sobre el presente, la charla sonó a ejercicio de memoria. Ambos evocaron los primeros años de la Unión Demócrata Independiente (UDI), reivindicaron el legado de su fundador, Jaime Guzmán, y plantearon que el partido perdió el vínculo con el mundo popular que, según ellos, alguna vez representó.
La conversación llega en un momento en que la derecha vive una reconfiguración interna y la UDI busca redefinir su espacio frente al predominio del Partido Republicano y el ascenso de nuevas fuerzas del sector.
Lavin y Chadwick: “Hay que recuperar la mística”
Para Joaquín Lavín, el problema no es solo electoral. A su juicio, la UDI dejó de tener un proyecto capaz de movilizar a sus militantes.
“Hay que recuperar la mística”, afirmó, asegurando que en los primeros años del partido existía un “sueño para Chile” tan grande que justificaba incluso los sacrificios personales.
Según dijo, esa visión de futuro debe volver. “Hay que hacer volver a soñar a Chile”, sostuvo, insistiendo en la idea de un país desarrollado, integrado y donde “las personas puedan progresar”.
Pero el exalcalde también hizo una autocrítica. Reconoció que la UDI no supo leer los cambios sociales ocurridos durante las últimas décadas y terminó alejándose de quienes antes constituían parte importante de su base.
“Hoy Chile es de los pequeños empresarios, de la señora que hace galletas y las vende por Instagram. Chile es la gente de esfuerzo”, señaló.
Fue ahí donde apareció un concepto que marcó buena parte de la conversación: la “UDI popular”. Lavín sostuvo que ese mundo ya no está concentrado en las poblaciones de hace treinta años, sino disperso entre emprendedores, trabajadores de la minería y nuevos sectores productivos.
“Dejamos de representar a esas personas y hay que ir a buscarlas nuevamente. Es la UDI popular del siglo XXI”, afirmó.
Jaime Guzmán como brújula
Si hubo un nombre repetido durante la conversación, fue el de Jaime Guzmán. Lejos de mencionarlo solo como fundador del partido, Lavín y Chadwick lo situaron como el principal referente político y formador de la primera generación gremialista.
“Jaime Guzmán dedicó muchas horas de su vida a formar personas y a nosotros nos dedicó muchas horas”, recordó Lavín.
Chadwick fue incluso más allá. Respaldó “un mil por ciento” las palabras de su compañero y aseguró que el trabajo territorial de la UDI en sus inicios nunca estuvo pensado únicamente para conseguir votos.
“No era ir a buscar un voto. Nosotros nos fuimos y estuvimos trabajando con una actitud, y esa actitud era estar y ganar los corazones. Ese era un tema que Jaime nos inculcó muchísimo”, sostuvo.
Según el exministro, detrás de ese despliegue existía una convicción más profunda.
“Había un trasfondo que no era solo un sueño país (…), sino que era dar testimonio de algo que estuvo en el corazón de la UDI”, afirmó, antes de cerrar con otro llamado a recuperar esa “mística”.
La reivindicación de la “UDI popular”
El concepto no es nuevo. La llamada “UDI popular” fue una de las principales banderas del gremialismo desde los años 80 y 90: una estrategia que buscó instalar al partido en poblaciones y sectores vulnerables, pese a representar a una élite política y económica de la derecha chilena.
El diagnóstico compartido fue claro: la UDI dejó de interpretar a ese electorado y ahora necesita volver a conquistarlo. No desde una nueva doctrina, sino recuperando el relato y la identidad que —según ambos— marcaron los primeros años del gremialismo bajo la conducción e influencia de Jaime Guzmán.