La oceanógrafa británica, Susannah Buchan, conversó con BiobioChile en el Congreso Futuro sobre el canto de las ballenas, las amenazas que enfrentan los cetáceos en Chile y qué se puede hacer para protegerlas.
Hace ya casi 20 años, la oceanógrafa británica Susannah Buchan, vino a Chile para investigar a los animales que la habían fascinado desde que era niña: los cetáceos. Y le gustó tanto que decidió quedarse.
Fue así como descubrió que la ballena azul (Balaenoptera musculus) de la Patagonia tiene un dialecto único en el mundo. Lo llamó “el canto chileno” y se convirtió en su tesis doctoral de Oceanografía en la Universidad de Concepción, por allá en 2014.
Hoy es investigadora principal del Center for Oceanographic Research in the eastern South Pacific (COPAS Coastal) y también trabaja en el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA).
La semana pasada estuvo en el Congreso Futuro 2026, donde habló de sus investigaciones más recientes y también conversó con BiobioChile sobre el dialecto de la especie más grande del planeta.
“Lo que me hizo quedar en Chile fue el gran nivel de ciencia y particularmente de oceanografía que se realiza acá. Es un país de excelencia en esa área. Entonces para mí era muy atractivo quedarme y, por supuesto, tienen los ambientes marinos más interesantes, a mi gusto, del planeta”, expresó.
El “canto chileno” de la ballena azul
Tras asentarse en Chile, su investigación se centró en la oceanografía biológica, la ecología y la acústica de los grandes cetáceos, pero más que querer saber lo que dicen, utiliza su canto para comprender cómo se movilizan, dónde están, y así protegerlas.
Uno de sus más curiosos descubrimientos ocurrió cuando comparó el canto de las ballenas azules de la Patagonia con el de otras de la misma especie, pero que viven en California, la Antártica y el Océano Índico.
Así, notó que no se parecía. “Las ballenas azules tienen un dialecto único que las caracteriza y eso une en el fondo a toda la población del Pacífico Sur Oriental”, explicó al medio.
Es como si la ballena azul chilena dejara su propia marca. “Tiene que ver con la frecuencia, los tiempos, las unidades de sonido, pero es bien característica y nos ha permitido monitorear esa población de ballenas azules en todo el Pacífico Sur Oriental, así que es como la huella digital acústica de esa población“, puntualizó.
Los que cantan son los machos, explicó, las hembras solo hacen algunas vocalizaciones. La experta cree que los machos cantan para aparearse: “son vocalizaciones de larga proyección, digamos, probablemente para fines reproductivos, para llamar a las hembras”.

Escuchar a las ballenas azules le permite hacerles seguimiento, observar sus rutas y cómo se alimentan, cuáles son los lugares donde encuentran más krill. De esta forma, puede proponer medidas de protección, en vistas de que la ballena azul actualmente está en peligro de extinción.
En Chile, una de las mayores amenazas para las ballenas, comentó Buchan en su charla del Congreso Futuro, son las colisiones con grandes embarcaciones, las redes de pesca y la contaminación acústica que producen los barcos.
Si la ballena azul llegara a desaparecer, “perdemos un fertilizador, perdemos un cierto reservorio de carbono y perdemos la especie más emblemática del océano, realmente”, dijo después en la entrevista.
“Entonces perdemos un patrimonio natural más allá de los servicios ecosistémicos, que tiene que ver con fertilización y ciclo de carbón. Perdemos un animal emblemático”, apuntó.

Susannah Buchan en el Archipiélago de Humboldt
Buchan ha pasado los últimos años en el Archipiélago de Humboldt, haciendo un trabajo similar con la ballena fin (Balaenoptera physalus). La oceanógrafa se aventura en pequeñas embarcaciones y persigue a los cetáceos para marcarlos —sin dañarlos— y hacerles seguimiento.
En la costa central de Chile ha podido identificar las rutas favoritas de la ballena fin para alimentarse de toneladas y toneladas de krill. Esta especie también está en peligro.
“Como ciudadanos podemos exigir que haya más áreas protegidas, que haya menos proyectos industriales dentro de las áreas protegidas. Yo creo que eso es un muy buen mecanismo para protegerlas”, reflexionó.
Sin embargo, esta zona enfrenta últimamente una situación crítica debido al proyecto minero-portuario Dominga, que sigue en disputa judicial y que, de instalarse, tendría un gran impacto en el ecosistema de Humboldt. Así lo dice la evidencia científica.
Susannah advirtió que “las últimas dos décadas de investigación muestran que es un lugar único, con una oceanografía única, con muy altos niveles de biodiversidad y productividad. Ese lugar, si se pierde, no se encuentra en otro lado“.
La experta explicó que, la instalación de un megapuerto y la apertura de una ruta marítima allí, aumentarían la mortalidad de las ballenas y también de otros animales en el archipiélago.
“Hoy en día no hay mucho tráfico en el Archipiélago de Humboldt. Y nosotros, todas las evidencias científicas apuntan a que debería quedarse sin mayores niveles de tráfico si queremos preservarlo de manera adecuada”, concluyó.
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