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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Astrónomos detectan una señal de radio que viajó más de 10 mil millones de años antes de llegar a la Tierra, proveniente de una galaxia cuando el Universo tenía solo 3 mil millones de años. Liderado por investigadoras de la Universidad de Sídney, el hallazgo publicado en Science revela la ráfaga rápida de radio más distante registrada hasta ahora. Identificada como FRB 20240304B, fue captada por MeerTRAP en Sudáfrica y rastreada hasta una galaxia pequeña en plena formación estelar.

Cuando esa señal de radio salió de su galaxia, el Universo tenía apenas 3.000 millones de años, y la Tierra ni siquiera existía. Ahora, un equipo internacional de astrónomos logró detectar y rastrear la ráfaga rápida de radio más distante registrada hasta hoy, un relámpago de ondas que viajó más de 10.000 millones de años antes de llegar a nuestro planeta, según informa ABC.

El hallazgo, publicado en la revista Science, está liderado por los investigadores Manisha Caleb y Themiya Nanayakkara, de la Universidad de Sídney, en Australia.

La señal de radio: un destello de milisegundos que libera la energía de años del Sol

Las ráfagas rápidas de radio (FRB, por sus siglas en inglés) son fenómenos que duran apenas unos milisegundos y aparecen sin aviso en cualquier parte del cielo. Aun así, en una fracción de segundo liberan tanta energía como el Sol en años enteros.

Los radiotelescopios detectan decenas de ellas, pero su origen sigue en debate. Algunas se repiten y otras parecen emitir una sola vez y desaparecer, y esa diferencia complica el misterio.

Entre las hipótesis principales están los magnetares: estrellas de neutrones jóvenes (restos ultradensos de estrellas que explotaron) con campos magnéticos descomunales. También se han propuesto fusiones de estrellas de neutrones y otros escenarios más exóticos. En 2020, una ráfaga procedente de un magnetar de nuestra galaxia mostró que al menos algunos de estos objetos pueden producir una FRB.

La nueva señal, catalogada como FRB 20240304B, fue captada el 4 de marzo de 2024 por el instrumento MeerTRAP del radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica. Para ubicar su origen, el equipo apuntó el telescopio espacial James Webb, de la NASA, que con su visión infrarroja identificó la galaxia donde se produjo el estallido. El registro duplica con holgura el récord de distancia anterior.

Una galaxia pequeña y una linterna cósmica

La sorpresa llegó al analizar los datos: la galaxia de origen no es una gran espiral como la Vía Láctea. "La galaxia que alberga este estallido es sorprendentemente pequeña, pobre en metales y está experimentando un episodio muy activo de formación estelar", explica Laura Driessen, coautora del estudio.

Para los investigadores, ese perfil encaja con la teoría de los magnetares jóvenes, que nacen cuando una estrella masiva explota como supernova y deja un núcleo encogido con un campo magnético billones de veces más intenso que el terrestre. Una "fábrica" de estrellas jóvenes apoya esa idea y descarta explicaciones que requerirían miles de millones de años de evolución.

Además, la ráfaga sirvió como una "linterna cósmica". El espacio entre galaxias no está vacío: lo cruzan filamentos tenues de gas y plasma que frenan las ondas de radio, y más a las frecuencias bajas que a las altas, como un corredor que avanza con más dificultad en el agua que en una pista de atletismo.

Al medir ese retraso, los astrónomos calculan cuánta materia invisible atravesó el pulso y pueden cartografiar estructuras que los telescopios convencionales no ven. "Hemos captado una ráfaga rápida de radio de una época en la que el Universo tenía solo unos 3.000 millones de años, y hemos utilizado ese breve destello de luz de radio para aprender sobre la materia que ha atravesado durante su viaje de miles de millones de años", destaca Caleb.

Kavya Shaji, también firmante del artículo, señala que "en principio, los estallidos suficientemente potentes podrían ser detectables desde el Universo muy primitivo". Y Ben Stappers, investigador principal de MeerTRAP, fija la meta: "El siguiente paso es empujar esta frontera aún más lejos y ver qué tan cerca podemos llegar a las primeras generaciones de estrellas".

Quizá entonces estos fogonazos dejen de ser uno de los grandes misterios del cielo. O quizá, como suele ocurrir en astronomía, cada respuesta abra una pregunta todavía mayor.

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