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El problema est√° en nosotros
Publicado por: √ďscar C√°ceres
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Cada vez me hace m√°s sentido aquello de ‚Äúlo que te molesta en los dem√°s no es m√°s que una proyecci√≥n inconsciente de lo que realmente te molesta de ti y que se aparece con claridad en el otro‚ÄĚ.

C. G. Jung el afamado psicoanalista del siglo pasado, nos dejó un interesante legado en este sentido. En efecto, él planteaba que solemos proyectar en las personas que nos rodean, aquello que está en nuestras sombras, aquello que no vemos, de lo cual no nos damos cuenta pero, que se nos aparece con claridad en las conductas de los demás.

En un ejercicio personal fascinante, me he puesto a observar e interpretar lo que nos pasa como sociedad frente a tanta corrupción, tanta indolencia y tanto desmoronamiento moral que nos abruma como país y no puedo dejar de compartir con ustedes estas reflexiones:

Lo que nos ocurre como pa√≠s no tiene que ver con los pol√≠ticos, ni con los corruptos que act√ļan transversalmente, ni con los oportunistas que exprimen el dinero de todos nosotros, ni con los empresarios desvergonzados; tiendo a pensar que el problema mis queridos amigos est√° en nosotros mismos y por favor, d√©jenme argumentar.

Hemos construido un pa√≠s en donde la viveza, llamada curiosamente por algunos “chispeza”, es un deporte nacional, la que muchas veces es m√°s valorada que la honestidad pues incluso nos genera una especie de orgullo nacional y la percepci√≥n de un intelecto superior.

Hemos construido un pa√≠s en donde hacerse rico de la noche a la ma√Īana pareciera ser una virtud, la cual siempre termina con casos como los que hemos observado en los √ļltimos tiempos y quiz√°s hasta de los cuales, hayamos sido sus v√≠ctimas. Vivimos en un pa√≠s en donde el evadir el pago del transporte p√ļblico no s√≥lo es un acto justificable, sino hasta es considerado un hecho heroico. Un pa√≠s donde, si por error nos entregan un vuelto mayor al que nos corresponde, nos quedamos callados y lo llamamos suerte.

Hemos construido un país en donde hemos sido testigos y quizás cómplices de un sistema de pensiones colapsado, del abuso indiscriminado desde diferentes flancos de la sociedad y hemos sido testigos silenciosos de este flagelo siendo solamente capaces de descargar nuestra furia a través de las redes sociales pues, a la hora de actuar somos incapaces de movilizarnos de verdad y nos invade la cobardía y el miedo.

Hemos construido un país en donde bajo el pretexto de la movilización social, somos cómplices silenciosos de la más cruel y cobarde delincuencia escondida bajo una capucha. Un país en donde esos mismos delincuentes tienen más derechos que sus víctimas bajo la mirada complaciente de jueces y autoridades y nosotros lo permitimos y sin embargo, a la hora de expresar nuestro voto para terminar con estos flagelos, preferimos no movernos pues pensamos de manera indolente que el resto se expresará por nosotros.

Hemos construido una sociedad en donde mentir es una conducta normal. Mentimos a nuestras parejas, a nuestros hijos, a nuestros jefes y a nuestros clientes y después nos asombramos de las mentiras de nuestros políticos. Un país en donde es impensado vender periódicos en máquinas expendedoras dejando el dinero por el ejemplar pues, sólo por deporte los tomaríamos gratuitamente.

Hemos construido un pa√≠s en donde llegamos temprano a nuestros trabajos pero cuando podemos, ocupamos nuestro tiempo en otras actividades o simplemente en divagaciones que nos conducen a nada. Pensamos que es normal en nuestras empresas o instituciones llevarnos a nuestras casas cuanto l√°piz o art√≠culo de escritorio pueda servir para las tareas de los ni√Īos.

Hemos construido un pa√≠s en donde las personas se roban la se√Īal de cable de sus vecinos, o sencillamente se cuelgan de las se√Īales de internet de los dem√°s pues nos parece normal, como asimismo nos parece normal bajar pel√≠culas de la red sin pagar por ellas.

Vivimos en un pa√≠s en donde nuestros ejecutivos en sus empresas acu√Īan el discurso de que las personas son importantes pero finalmente a la hora de ser coherentes, es s√≥lo eso, un discurso. Un pa√≠s en donde pagar a 30 √≥ 60 o incluso a 90 d√≠as a los proveedores es algo normal y asumido. Un pa√≠s en donde la indolencia es una pr√°ctica habitual, y por lo tanto, no nos importa el sufrimiento de los dem√°s ni la pobreza del resto pues total, mientras no nos toque, est√° todo bien.

Hemos construido un pa√≠s en donde no nos importa la ecolog√≠a ni menos el planeta que muere lentamente. Un pa√≠s en el cual encendemos nuestras estufas a le√Īa sin consciencia alguna, pues pensamos que ‚Äúuna sola estufa encendida no hace da√Īo‚ÄĚ. Un pa√≠s en donde evitamos fumar porque est√° prohibido y no porque a alguien le puede molestar, un pa√≠s en donde tiramos nuestros restos de cigarrillo encendidos desde un auto en movimiento sin importarnos los que vienen detr√°s.

Hemos construido una sociedad en donde las personas tiran basura en las calles reclamando después a las municipalidades por los anegamientos cuando las lluvias vienen.

Hemos construido un pa√≠s sin inter√©s por el conocimiento, ni por la lectura ni las artes; un pa√≠s en donde s√≥lo importan los h√©roes de la selecci√≥n de f√ļtbol, pues en el fondo sabemos que en lo personal, estamos lejos de ser campeones en algo. Un pa√≠s en el cual somos constructores colectivos de una cada vez m√°s decadente televisi√≥n que nos genera un verdadero trance colectivo que nos saca de foco de las cosas trascendentes de la vida, y de lo cual no nos damos cuenta.

Hemos construido un pa√≠s en donde elegimos una y otra vez a senadores y diputados que se sirven de sus cargos p√ļblicos para enriquecerse a vista y paciencia de todos nosotros a costa de los impuestos de todos y pareciera que no nos importa siendo nuevamente c√≥mplices de esta barbarie.

Hemos construido un pa√≠s en donde los pasos de cebra sencillamente no se respetan, en donde lo importante no es acatar los l√≠mites de velocidad sino que generar todas las estrategias posibles para que no nos pillen. Una sociedad en la cual cuando un anciano o una mujer con beb√© en brazos sube a un bus, nos hacemos los dormidos para no actuar amablemente. Una sociedad en la cual hemos dejado de ser amables, en donde el subirnos a nuestros autos nos convierte en energ√ļmenos frente al volante, una sociedad en la cual la violencia ha pasado a ser nuestra forma natural de comunicarnos. Un pa√≠s donde nos asombran los actos violentos hacia los ni√Īos y sin embargo llegamos a casa y nuestros hijos son maltratados, sin escucha, sin afecto, sin presencia, sometidos a nuestra rigidez a nuestro poder.

Hemos construido una sociedad en donde hablar mal del resto es considerado algo normal, en donde el est√°ndar aceptado es lo mediocre, lo ‚Äúrasca‚ÄĚ, lo ‚Äúpenca‚ÄĚ. Una sociedad en donde la envidia es nuestra compa√Īera infaltable, pues cuando al otro le va bien, nos invade una sensaci√≥n de malestar escondido incontrolable.

Es por todo esto que, vayamos donde vayamos, veremos de manera n√≠tida en los dem√°s aquello que no somos capaces de ver en nosotros mismos porque, la corrupci√≥n y el descaro, no son m√°s que proyecciones de conductas que habitan en lo m√°s profundo de nosotros mismos, quiz√°s en dimensiones distintas, quiz√°s sin la notoriedad de un personaje p√ļblico, pero a la hora de autoevaluarnos, est√°n ah√≠.

El problema no es este país, ni los políticos, ni los corruptos. Tengo la sospecha que el problema somos nosotros.

Por lo tanto mi consejo si es que puedo darlo, es que si queremos encontrar al responsable de tanto desmoronamiento moral, vayamos a un espejo y miremos sin tapujos al ser humano que se nos aparece en esa imagen, descubriendo en esa persona aquello que no logramos ver en nosotros mismos, pero que se nos aparece con claridad en cuanto político o personaje publico nos rodea.

Por lo tanto mi invitación es que a partir de hoy, construyamos un país mejor no sólo despotricando contra el resto sino que, practicando en todo momento, en cada conducta, en cada acto, la honestidad, la amabilidad, la empatía por el otro y todas las virtudes que se alojan como esperanza perdida en lo más profundo de nuestra psique.

Buena vida para todos.

Oscar C√°ceres
Coach y speaker interncional
@ocaceresp
www.oscarcaceres.com

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