Las declaraciones del embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, volvieron a poner sobre la mesa un concepto que hasta hace poco era prácticamente desconocido fuera de los círculos de política internacional: la denominada “Doctrina Donroe”.
Durante su participación en el Foro Madrid, realizado esta semana en Santiago, el representante estadounidense aseguró que Chile ya estaría aplicando esta política y sostuvo que, con un gobierno como el del presidente José Antonio Kast, su implementación se vuelve “muy fácil”. Sus palabras generaron críticas desde la oposición y abrieron un tenso debate sobre el alcance de la relación entre Santiago y Washington.
¿Doctrina Monroe o “Donroe”?
La expresión “Doctrina Donroe” es un juego de palabras que combina “Donald” Trump con “Monroe”, en referencia a la histórica Doctrina Monroe, formulada por el presidente estadounidense James Monroe en 1823. El término comenzó a circular con fuerza durante el segundo mandato de Trump para describir su visión de la política estadounidense hacia América Latina y el resto del hemisferio occidental.
A diferencia de una doctrina formal promulgada en un único documento, “Donroe” funciona principalmente como una etiqueta para describir un conjunto de políticas y acciones de la administración Trump: mayor protagonismo de Estados Unidos en América Latina, presión sobre gobiernos de la región, combate al narcotráfico, restricciones a la presencia de potencias externas —especialmente China— y una disposición mayor a utilizar herramientas económicas, diplomáticas e incluso militares para defender los intereses estadounidenses.
Eso sí, para comprender bien el término, hay que retroceder más de 200 años.
En 1823, el presidente James Monroe planteó ante el Congreso estadounidense que las potencias europeas no debían intentar nuevas colonizaciones ni intervenir en los asuntos de los países del continente americano.
La idea quedó resumida en lo que posteriormente se conocería como Doctrina Monroe: Estados Unidos consideraría cualquier intento europeo de extender su influencia política sobre el hemisferio occidental como una amenaza a sus intereses. Originalmente, por tanto, el mensaje estaba dirigido principalmente desde Estados Unidos hacia Europa.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la interpretación de esta doctrina fue cambiando. Uno de los cambios más importantes llegó en 1904, cuando el presidente Theodore Roosevelt formuló el denominado Corolario Roosevelt.
Este planteamiento amplió el alcance de la Doctrina Monroe: Estados Unidos pasó a atribuirse un papel mucho más activo en el hemisferio, incluso como una suerte de “policía internacional” capaz de intervenir en países latinoamericanos cuando considerara que existían amenazas a sus intereses.
En la visión de la administración Trump, uno de los principales desafíos es la creciente presencia de China y otras potencias extrarregionales en América Latina. La Casa Blanca ha planteado que Estados Unidos debe conservar una posición predominante en el hemisferio y evitar que países considerados competidores estratégicos establezcan allí capacidades militares o control sobre activos considerados relevantes para la seguridad estadounidense.
En ese sentido, la Doctrina “Donroe” puede entenderse como la versión Trump de una vieja idea estadounidense: América Latina y el hemisferio occidental son considerados un espacio estratégico prioritario para Washington.
Cabe señalar que la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt y la denominada “Doctrina Donroe” corresponden a conceptos de política exterior estadounidense. No son tratados internacionales que generen obligaciones de ningún tipo para Chile. Por lo tanto, que Washington defina el hemisferio occidental como una zona de interés estratégico para Estados Unidos no significa que los países latinoamericanos queden jurídicamente subordinados a sus decisiones.