“La democracia tiene que nacer de nuevo cada generación”.

John Dewey, “Escuela y sociedad”

Aunque pasó un poco inadvertida en medio del ruido mediático de la megarreforma, la sentencia del Tribunal Constitucional del pasado 5 de agosto, que se pronunció sobre el requerimiento de parlamentarios socialistas respecto de las declaraciones que el entonces diputado Johannes Kaiser emitió en una entrevista televisiva, afirmando que apoyaría un golpe de Estado como el de 1973, incluso si tuviera las mismas consecuencias, será sin duda una pieza jurídica que se seguirá estudiando en el futuro.

Porque aunque la noticia en los medios fue que el TC decidió rechazar el requerimiento que buscaba la inhabilidad del presidente del Partido Nacional Libertario, atendido el hecho evidente de que a la fecha del fallo ya había dejado de ser parlamentario, de la lectura de dicho pronunciamiento, especialmente de los votos de los ministros que estuvieron por proseguir con la causa, se desprenden importantes reflexiones, que debiéramos tener presentes ante el avance electoral de las fuerzas negacionistas.

La ministra Alejandra Precht, por ejemplo, fue enfática en su voto de minoría señalando que “la normalización de la posibilidad de un golpe de Estado, por quien debe precisamente evitarlo, pues juró utilizar las herramientas que la Constitución le otorga, en caso de requerirse un cambio al orden jurídico institucional, conllevan al país a una predisposición favorable que justifica soluciones fuera del marco constitucional, con gravísimas consecuencias”.

Más adelante la ministra Nancy Yáñez y el ministro Mario Gómez fueron aún más severos en su juicio jurídico, al sostener que “el problema central radica en determinar hasta dónde una democracia debe tolerar a quienes buscan destruirla mediante el ejercicio de las propias libertades democráticas”.

Entonces de eso se trata. De cómo la actual sociedad chilena debe enfrentar este tipo de situaciones, cuando la libertad de expresión es abusada al punto de trasgredir el orden constitucional, poniendo en tela de juicio la convivencia democrática, especialmente cuando quienes realizan dichos actos, a conciencia, ejercen cargos de autoridad y de representación, justamente dentro del marco legal vigente.

Lo que este fallo del TC nos dice, en boca de los ministros disidentes del fallo de mayoría, es que esto no se puede dejar pasar, no solo porque se configurarían los supuestos legales que permiten sancionarlo, sino por los efectos y eventuales consecuencias que acciones y dichos como los analizados pueden generar.

Y en este caso el debate cobra relevancia tratándose de sectores refractarios a la convivencia democrática basada en el respeto a la diferencia y a la diversidad y que, tal como lo señaló el exdiputado Kaiser en la entrevista no tienen ninguna vergüenza, en reivindicar hechos históricos que la mayoría de la población considera como los más oscuros y tristes de nuestra historia reciente, donde el quiebre institucional por la vía del golpe de Estado, impuso una constitución y un sistema económico, sobre la base de la falta de democracia y libertades, del cierre del Congreso y la muerte, desaparición y exilio de miles de chilenas y chilenos.

Cuando estamos a pocos días de una nueva conmemoración del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet, no parece baladí reflexionar sobre la importancia de la democracia, como elemento base ineludible de nuestro futuro común, más allá de opciones políticas legítimas. Porque la democracia no tiene que ver solo con la realización periódica de elecciones, la renovación de autoridades y la alternancia en el poder. Tiene que ver con el piso civilizatorio mínimo, en que nadie tiene derecho a creerse con el derecho a violentar el país que, pese a todo, hemos venido construyendo colectivamente.

Tal vez este fallo del TC hoy no tuvo la atención suficiente, es una lástima. Pero es imprescindible tener a la vista pronunciamientos formales como este, porque de seguro habrá otros que creyéndose impunes insistirán con romper las reglas que nos hemos dado. Esto es especialmente importante pensando en aquellas generaciones que saben de la dictadura solo por testimonios, documentales o libros, pero que siempre han vivido en democracia. Como dice el filósofo norteamericano John Dewey, “la democracia tiene que nacer de nuevo cada generación”.

Bancada de Senadores PS

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