Por Paula de Solminihac
En esta discusión, las humanidades suelen asociarse a la filosofía, la historia o la literatura. Sin embargo, hay otro campo que también produce conocimiento y que suele quedar fuera de esta conversación: el arte.
El arte no es solo producción cultural. Es una forma de conocimiento. Entrena la observación, la imaginación, la capacidad de formular preguntas, trabajar con la incertidumbre y establecer relaciones donde aparentemente no existen. Capacidades fundamentales para la creatividad, el pensamiento crítico y la innovación.
IA y diálogo
Esta discusión adquiere especial relevancia cuando la inteligencia artificial avanza a una velocidad que desafía nuestras certezas. Algunos de sus principales desarrolladores anticipan que en pocos años estas tecnologías podrían superar capacidades humanas que hasta hace poco considerábamos exclusivamente nuestras. Más allá de que estas predicciones se cumplan, el desafío ya está aquí: necesitamos fortalecer nuestra capacidad para pensar crítica y sensiblemente qué futuro queremos construir y qué estamos dispuestos a preservar.
En este escenario, el arte adquiere una relevancia particular. No porque deba competir con la ciencia o la tecnología, sino porque puede dialogar con ellas desde otras formas de conocer. La innovación que Chile necesita surge precisamente del encuentro entre distintos saberes: de la capacidad de conectar perspectivas, formular preguntas inesperadas e imaginar alternativas que una disciplina por sí sola difícilmente podría concebir.
Conocimiento estratégico
Por eso, fortalecer el conocimiento estratégico no debiera significar estrechar nuestra idea de conocimiento, sino todo lo contrario. Necesitamos formar personas capaces de imaginar, cuestionar y crear. Y eso supone reconocer el valor de la educación artística desde la escuela, no como un complemento, sino como un espacio donde se desarrolla autonomía de pensamiento y capacidad para actuar sobre el mundo.
En un contexto de creciente concentración del poder tecnológico, el futuro no puede quedar reducido a las proyecciones de quienes hoy desarrollan las tecnologías más poderosas. El futuro es una construcción colectiva y, por lo mismo, necesitamos ampliar quiénes participan en su imaginación.
Si queremos preparar a Chile para un mundo incierto, necesitamos no solo más conocimiento, sino más diversidad de formas de conocer, más diálogo entre disciplinas y, sobre todo, más capacidad colectiva para imaginar el futuro que queremos habitar.
Paula de Solminihac
Artista y directora ejecutiva de Nube Lab