VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

A sus 60 años, Francisca González ha participado en 80 carreras en 20 países, retomando su pasión por correr a los 45 años tras dejar su trabajo como directora de colegio. En el trail running encontró libertad y adrenalina, descubriendo un gusto olvidado por años. Impulsada por un deseo de dedicarse tiempo a sí misma, decidió reiniciar su vida y ahora asesora a mujeres para llevar un estilo de vida mejor.

A sus 60 años, Francisca González ha participado en 80 carreras en 20 países. Aunque su pasión partió desde el colegio, recién a los 45 años, empezó a correr de nuevo.

De igual forma, con una vida armada y cinco hijos, ya grandes, González decidió a una edad madura de que era un tiempo para ella misma. En ese momento de inflexión, dejó su trabajo de directora en un colegio, para practicar el trail running. En estas carreras donde se pone a prueba la resistencia, Francisca se sintió como pez en el agua en medio de los senderos montañosos. “Te puedes demorar más de 20 horas. Una vez me demoré 30 horas en una carrera, que era sin parar”, afirma González en conversación con BBCL. “Uno para un minutito a cargar agua o saca comida en puntos de control [en el circuito]”.

“Descubrí el trail running porque yo viví muchos años en San Carlos de Apoquindo, que queda al lado de los cerros. Entonces, para mí ir al cerro era salir al patio. Después empecé a hacer trekking, buscando silencio y paz. Yo siempre decía eso: ‘quiero 10 minutos en que alguien no diga el nombre mamá’”.

“A mí me gustaba correr, porque fui atleta en el colegio, pero lo dejé por muchos años”.

“Me pasó que en el cerro me encontré con ese gusto que tenía. Yo siempre digo esto, que es cierto, las mujeres nos olvidamos de nosotras, nos olvidamos de lo que a nosotros nos gusta, de lo que nosotros queríamos, nos postergamos mucho por la maternidad”, agrega González a BBCL. “Hasta uno en lo que come, uno tomaba la decisión a partir de lo que querían los niños, uno siempre piensa primero en los niños y también en el marido. Y uno al final, se posterga en lo que uno quiere. Entonces, el correr lo dejé olvidado en alguna parte de mi cabeza y cuando empecé a subir cerros y empecé a bajarlos corriendo, me encontraba que era más entretenido”, indica a la presente redacción.

“También que tiene que ver con mi personalidad arriesgada. Me gusta sentir el riesgo, el bajar corriendo los cerros, tiene como una cosa adrenalínica, porque correr por el cerro me produce una sensación de libertad”.

“Fui para poder estar conmigo y me encantó”, señala con entusiasmo.

“Los niños estaban grandes”

En estos días, Francisca se dedica a la asesoría online para aconsejar a las mujeres a llevar un estilo de vida mejor, una necesidad que conoce de cerca, cuando experimentó un reinicio en su propia vida. “Cumplir 50 años para una mujer es muy decidor”, afirma con franqueza la deportista. “En mi experiencia, creo que a los 50 años, se te mueve un poco el piso”, detalla.

La atleta que empezó a correr a los 45, vivió su entrada a las cinco décadas con mucha intensidad, asegura. De todos modos, la práctica del trail running, que consiste en correr por cerros y montañas, le permitió retomar una antigua pasión, postergada por sus múltiples roles como madre. “El trabajar de directora 24/7, es un trabajo que te exige mucho”, reconoce González.

En ese sentido, González expresa sin eufemismos, que vivió una etapa llena de cambios significativos. “Empecé a cuestionarme que si era lo que yo quería para mi vida”.

@frangibar_

♬ sonido original – frangibar_

A todo esto, Francisca concluyó que quería volver a practicar deporte. “No me sirve correr cuando jubile”, manifestó en aquel tiempo. “Yo no quería partir corriendo a los 60 años. Quiero correr ahora. O sea, lo descubrí tarde, partí corriendo a los 45 y me dije: ‘No quiero posponerlo hasta los 60’. Entonces, en el fondo eso fue como un poco mi decisión. Además que mis hijos estaban todos grandes”, añade.

Más aún, Francisca se explaya: “Se dieron las cosas en que ya los niños estaban grandes, y me había separado de mi segundo marido, entonces también me quedé sola. Como que se alinearon los planetas para decir: ‘Pucha, puedo ser más libre, que es lo que yo en el fondo quiero hacer, no tener que trabajar con un horario’. Quería hacer un giro de 180 grados, de estar dirigiendo un colegio 24 horas, a vivir de otra manera completamente distinta. Yo tengo una personalidad que es muy así, yo me lanzo y no me cuestiono tanto, no pienso tanto las cosas, no mido los pros y los contras, porque yo no pregunto nada a nadie y yo hago lo que siento, como siempre digo, la vida es mía y la voy a vivir yo”.

“Aunque me pagaran 20 millones de pesos, no volvería a un colegio, porque la plata no te devuelve la vida. La plata no te paga los años, uno tiene unos años específicos de vida, que ojalá sean 85, complementa.

“Infinitamente más feliz”

A través del tiempo que empezó a retomar esta antigua pasión, Francisca empezó a vivir situaciones que no habría vivido de su zona de confort, como llama a la sensación de permanecer quieto, cuando en el corazón se desea otra cosa. “Yo siempre digo, cuando uno sale de la zona de confort, las cosas pasan”, afirma. “Siento que la vida te abre puertas cuando tú te atreves a dar ese paso”, reflexiona González.

Por cierto, al retomar el deporte, Francisca rehizo su vida sentimental, al conocer a su actual marido, el corredor Ian Morgan. “Era un gallo que vivía en Nueva Zelanda, al otro lado del mundo, pero usaba las mismas zapatillas que yo, la misma marca”. González cuenta que empezaron a hablar, luego de intercambiar algunos datos de trail running por Instagram. “Ahí empezamos a conversar de la vida y de las carreras, él no conocía mucho, no había viajado mucho, vivía solo en Nueva Zelanda, en su isla, así que también quería correr otras competencias, quería viajar, así que luego empezamos a notar que teníamos hartas cosas en común”, recuerda.

En ese sentido, Francisca plantea que a sus 60 años, es “infinitamente más feliz” que cuando tenía 30. “Me da igual lo que diga la gente, o sea, me da lo mismo lo que piensen. Las mujeres de 60, no somos las mismas mujeres de los años 80. Lo que pasa es que hay que sacar ese prejuicio que tenemos sobre la edad, que se supone que ya vamos en caída libre. Yo hago mucho ejercicio, yo cuido muchísimo mi alimentación. Tampoco soy una persona que me estrese por las cosas. Yo siempre digo: ‘el 90% de las cosas que la gente cree que va a pasar no ocurren’”. A lo que complementa: “La madeja se va desenredando sola, esa es mi manera de pensar, porque hay que vivir, lo mejor que se pueda”.