Chile lleva décadas prometiendo descentralización, pero sigue tomando demasiadas decisiones bajo algo que es ficción, que todos los territorios parten desde la misma línea y, por lo tanto, deben desarrollarse bajo las mismas reglas. Esa mirada centralista desconoce nuestra geografía y termina reproduciendo las desigualdades que después el propio Estado intenta corregir.

Desde Coyhaique esa contradicción se hace más evidente porque producir cuesta más, transportar cuesta más, construir cuesta más y llegar a los grandes mercados cuesta más. La distancia de los centros económicos, los costos logísticos, la baja densidad poblacional y las dificultades para atraer inversión y talento son desventajas estructurales que condicionan las posibilidades de desarrollo de la Patagonia.

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Durante demasiado tiempo la respuesta ha sido compensar esas brechas mediante subsidios y transferencias. Son herramientas necesarias, pero insuficientes. La pregunta que Chile debe hacerse es otra: ¿queremos seguir administrando las consecuencias de la desigualdad territorial o estamos dispuestos a cambiar las condiciones que la producen?

Por eso, junto a la Universidad de Aysén, hemos propuesto estudiar una Zona Económica Especial para Coyhaique, que tuvo buena aceptación esta semana en el Congreso Nacional. Con ello, proponemos discutir incentivos condicionados a inversión real, creación de empleo local, contratación de proveedores regionales, innovación y permanencia efectiva en el territorio.

Y esta discusión va mucho más allá de Coyhaique, ya que un país que quiere poblar sus zonas extremas, atraer nuevas industrias, retener talento y generar empleo no puede esperar que el mercado corrija por sí solo las desventajas que produce la distancia. Tampoco puede seguir diseñando desde Santiago políticas uniformes para realidades profundamente distintas.

Ahí está, quizás, una de las grandes contradicciones de nuestra descentralización. Hemos hablado mucho de transferir recursos y competencias, pero bastante menos de entregar a las regiones herramientas económicas diferenciadas para construir su propio desarrollo.

La igualdad ante el Estado no significa uniformidad territorial. Aplicar exactamente las mismas reglas a territorios que enfrentan condiciones radicalmente distintas puede parecer justo sobre el papel, pero en la práctica termina consolidando las brechas.

La Patagonia no quiere depender eternamente de compensaciones por estar lejos. Quiere competir, atraer inversión, generar empleo y aportar mucho más al desarrollo de Chile. Pero si queremos resultados distintos, debemos atrevernos también a discutir políticas distintas.

Ese es el debate que queremos abrir desde Coyhaique. Porque descentralizar de verdad no es administrar la distancia desde Santiago. Es entregar poder y herramientas para que cada territorio pueda transformar sus propias ventajas en desarrollo.