Artes y Cultura
Domingo 15 julio de 2018 | Publicado a las 11:29 · Actualizado a las 11:29
Hasta encontrarlos a todos
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‚ÄúLleg√≥ con tres heridas, la del amor, la de la vida, la de la muerte‚ÄĚ, Miguel Hern√°ndez.

Por Francisca Mayorga

Septiembre, 1973. Ya pasaron las fiestas patrias y en el cementerio n¬į3 de Valpara√≠so un joven ayuda a su t√≠a, una funcionaria del recinto, a humedecer con agua las tumbas a ras de tierra. Cae la tarde en Playa Ancha con la tranquilidad impropia del inicio de una dictadura, cuando dos camionetas de la Armada ingresan al despe√Īadero del camposanto para arrojar, a una fosa com√ļn, entre 15 y 18 cuerpos de detenidos desaparecidos.

Uno de los cad√°veres va envuelto en s√°banas blancas y por su estatura, ‚Äúde al menos dos metros‚ÄĚ, queda registrado en la memoria del adolescente.

Es el de Miguel Woodward, o eso esperan familiares y amigos del cura, luego de proporcionar el relato del joven testigo ‚Äďcon un desfase de 43 a√Īos- al juez encargado de causas de Derechos Humanos en Valpara√≠so, Jaime Arancibia.

Junio, 2018

El an√°lisis de un georradar marc√≥ que los restos de Woodward y de otros ajusticiados por la dictadura ‚Äďquiz√°s qui√©nes, quiz√°s cu√°ntos- podr√≠an encontrarse en el per√≠metro delimitado por la polic√≠a. En el cementerio de Playa Ancha ya se han realizado un par de exhumaciones. Hoy comienza la tercera.

Francisca Mayorga | biobiochile.cl
Francisca Mayorga | biobiochile.cl

Es lunes 18 de junio y los peritos del Servicio Médico Legal esperan el aviso del ministro para comenzar con las excavaciones.

La ma√Īana en el cementerio confunde y abruma. Arancibia camina err√°tico y conversa con los expertos, rasc√°ndose la nariz. Es el mismo juez que en agosto del a√Īo pasado mand√≥ a Punta Peuco al general en retiro H√©ctor Orozco ‚Äďen pijama-, condenado a 10 a√Īos y un d√≠a de presidio por mandar a matar a dos militantes de izquierda en diciembre de 1973.

Lo cierto es que Woodward tambi√©n ‚Äúpose√≠a una visi√≥n marxista‚ÄĚ, pero sobre el cristianismo. Manifestaba el √≠mpetu de los curas obreros de los a√Īos 60, vestidos de overol, sindicalizados. Cantaba las misas en espa√Īol, y no en lat√≠n, y dirig√≠a una peque√Īa comunidad religiosa en el cerro Los Placeres al margen de la institucionalidad eclesi√°stica de la √©poca.

All√≠ lo detuvieron los de Inteligencia Naval, cinco d√≠as despu√©s del golpe. Al ‚Äúgringo‚ÄĚ, como lo apodaban sus compa√Īeros del Movimiento de Acci√≥n Popular Unitaria (MAPU), lo llevaron hasta la Universidad Santa Mar√≠a para torturarlo y hundirlo repetidas veces en la m√≠tica piscina donde hoy los estudiantes celebran sus t√≠tulos universitarios.

¬ŅCu√°ntas puntas tiene una cruz?, le preguntaba a gritos un oficial de la Armada.
Cuatro, respondía, y cuatro culetazos recibía de vuelta.

Desde su muerte en el Buque Escuela Esmeralda, se presume producto de los tormentos, su cuerpo permanece desaparecido.

Dónde están

Agrupaciones de derechos humanos de la regi√≥n colocan desafiantes una pancarta que reza ‚Äú¬ŅD√≥nde est√°n los detenidos desaparecidos?‚ÄĚ, justo al costado de una carpa que instalaron para apaciguar los turnos. Conf√≠an en la justicia, ‚Äúal menos esta vez‚ÄĚ, lo que no quita que tomen resguardos.

La tercera es la vencida, dicen. Sin embargo, los trabajos de excavación concluyen a los pocos días con una gran roca en vez de osamentas. La noticia, aunque declina los ánimos, no detiene las diligencias del juez ni el impulso de los Amigos de Miguel Woodward por encontrarlo.

– Compa√Īeros detenidos desaparecidos, ahora, ¬°y siempre!, exclama el grupo.
Р…hasta encontrarlos a todos, remata una mujer.

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