Artes y Cultura
Lunes 14 mayo de 2018 | Publicado a las 09:33 · Actualizado a las 14:28
Crítica de Cine desde Cannes: "Cold War", las pasiones en la Polonia comunista
Publicado por: René Naranjo
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En el helado campo en Polonia, en 1949, un campesino canta una canci√≥n tradicional ante el magnet√≥fono de un m√ļsico, Wiktor (Thomas Kot) que registra su voz. El trabajo del m√ļsico es recopilar canciones folcl√≥ricas para crear un espect√°culo que pondr√° en valor las tradiciones culturales de Polonia, devastada tras la Segunda Guerra Mundial. En el grupo de j√≥venes artistas que quieren ser parte del espect√°culo est√° una bella joven rubia con gran talento y voz de soprano, Zula (Joanna Kulig), que se convertir√° en la principal cantante del grupo folcl√≥rico y en el pasional amor de la vida de Wiktor.

Rodado en blanco y negro, Cold War (t√≠tulo original Zimna Wojna, Guerra Fr√≠a) examina a lo lago de 15 a√Īos, hasta mediados de los ‚Äė60, la evoluci√≥n de los ‚Äėsocialismos reales‚Äô, la representaci√≥n cultural del comunismo, la creciente red de represi√≥n que surge en Polonia y otros pa√≠ses bajo la influencia sovi√©tica, la vibrante escena parisina de los a√Īos 50 y el amor atormentado y por a√Īos imposible entre el apasionado Wiktor y la arrebatadora Zula. Y la pel√≠cula logra transmitir todo esto de forma brillante, por momentos con total maestr√≠a, para conformar un viaje hist√≥rico, musical y emocional que captura y emociona.

Nacido en Varsovia en 1957 y premiado con el √ďscar al Mejor Filme Extranjero en 2013 con su anterior largometraje Ida, PaweŇā Pawlikowski es un verdadero cineasta. Prolijo, de ojo afilado y gran sentido est√©tico, sabe manejar la puesta en escena, el montaje, las elipsis y hasta el formato de la pantalla, que esta vez es de 4:3, a la usanza del que se usaba en los cines en los a√Īos 40 y 50.

Ante nuestros ojos contempor√°neos, acostumbrados a la pantalla de gran extensi√≥n horizontal, este formato casi cuadrado parece restringir a√ļn m√°s el campo de acci√≥n y el destino de los personajes, y eso lo aprovecha Pawlikowski (junto a un notable uso del fuera de campo) para volver m√°s intensa esta historia de amorque va y viene a ambos lados de la Cortina de Hierro.

En medio de sus im√°genes impresionantes y el montaje que marca como un rayo cada quiebre de lugar y tiempo, resulta muy atractivo el manejo de la m√ļsica que hace el cineasta polaco. Lo que parte en el primer minuto como el canto a capella de un hombre en medio de las fr√≠as estepas eslavas, se convierte luego en ballet folcl√≥rico, m√°s tarde en himno, en jazz, en balada a la francesa y en rock and roll. La m√ļsica tambi√©n puede ser un elemento narrativo que aporta lucidez hist√≥rica y emoci√≥n. Sobre todo cuando, como aqu√≠, se trata de mostrar los sentimientos humanos y las construcciones -tambi√©n humanas- contra los que √©stos, muchas veces, se van a estrellar.

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